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Tres cuestiones clave para definir una estrategia de innovación

La innovación, un concepto del que se habla constantemente en el mundo de la empresa, es un asunto pendiente para muchas compañías que, a pesar de invertir enormes cantidades de tiempo y dinero, terminan muy a menudo fracasando y frustrándose. Y es que innovar no es una tarea sencilla y menos aún si la innovación no está integrada en  la estrategia general de la empresa.

Gary P. Pisano, profesor de la Harvard Business School, analiza en su artículo para la revista HBR, You Need an Innovation Strategy, cuáles son las claves para innovar con éxito (o al menos con la mayor probabilidad de éxito) en el mundo empresarial. El artículo se puede consultar gratuitamente en OpenMind, la comunidad de conocimiento de BBVA.

Para Pisano el gran error que cometen muchas empresas es adoptar las prácticas que están de moda en ese momento o imitar las estrategias de otras compañías que han tenido éxito, sin ser conscientes de que cada empresa es distinta y que no hay un modelo único que sea válido para todos. La clave está en alinear los esfuerzos de innovación con las estrategias del negocio.

El primer paso para desarrollar una buena estrategia de innovación es analizar y tener muy claro cuáles son los objetivos específicos que se quieren lograr, evitando al máximo objetivos excesivamente generales como “innovar para crecer”, “innovar para crear valor”,… Cuanto más concretos sean nuestros objetivos, más fácil será encontrar la manera de conseguirlos.

Pisano considera que hay tres preguntas clave que se deben hacer los directivos de una empresa para lograr definir una estrategia de innovación robusta:

¿Cómo creará valor la innovación para los clientes potenciales?

Una innovación no creará valor salvo que logre que los clientes potenciales estén dispuestos a pagar más por el producto o servicio, que les ahorre dinero o que les ofrezca algún beneficio social. Elegir qué tipo de valor queremos crear con nuestra innovación y ceñirnos a él es fundamental, ya que los recursos necesarios para crear cada tipo de valor son diferentes y costosos de modificar.

¿Cómo logrará la empresa capturar el valor generado por sus innovaciones?

Cuando una innovación que crea valor sale al mercado, los imitadores no tardan en aparecer, y en muchos casos fuerzan una bajada de precios que afecta drásticamente al valor creado por la empresa innovadora. Por ello, una vez lanzado un nuevo producto o servicio hay que buscar productos o servicios complementarios para lograr defenderse de los rivales. Apple es un claro ejemplo de empresa innovadora que se “protege” diseñando servicios complementarios a sus dispositivos que hacen que sus clientes se mantengan fieles a sus productos.

¿Qué tipo de innovaciones permitirán a la empresa crear y capturar valor, y qué recursos deberían dedicarse a cada una?

Pisano clasifica la innovación en cuatro tipos en base a dos dimensiones: el grado en el que la innovación implica un cambio tecnológico y el grado en que implica un cambio en el modelo de negocio.

Innovación de rutina: se basa en tecnologías ya existentes en la empresa y encaja con su negocio actual.
Innovación disruptiva: implica un cambio de modelo de negocio pero no necesariamente un cambio tecnológico.
Innovación radical: aquí el reto es puramente tecnológico.
Innovación de la arquitectura: combina una disrupción tecnológica y del modelo de negocio

Muchos consideran que las innovaciones disruptiva, radical y de la arquitectura son las que generan mayor crecimiento pero no tiene por qué ser así. De hecho, la mayor parte de los beneficios provienen de la innovación de rutina.

Si quieres saber más sobre la innovación en la empresa y otros temas relacionados, no te pierdas la colección de artículos de la Harvard Business Review disponibles de manera gratuita y por tiempo limitado en OpenMind, la comunidad del conocimiento de BBVA.

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