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Ahorro 03 nov 2016

"La gente necesita saber cuánto cotiza y qué pensión recibe a cambio"

David Carrasco (Bilbao, 1970) considera imprescindible aumentar la información y la transparencia del sistema de pensiones en España. “Si no se tiene información es imposible tomar decisiones racionales sobre nuestra jubilación”, sostiene. Por ese motivo nació en 2013 la iniciativa Mi Jubilación que, a través del Instituto BBVA de Pensiones que él preside, tiene como objetivo facilitar a la ciudadanía el acceso a información sobre la jubilación de una manera sencilla y comprensible, y contribuir a la mejora del conocimiento del sistema de pensiones por parte de la sociedad.

Actuario de formación, David Carrasco es también el director de Pensiones BBVA. A través de un discurso didáctico, apoyado en todo momento en cifras y datos, Carrasco expone en esta entrevista los retos a los que se enfrenta el sistema de pensiones español, en un contexto de jubilación próxima de las personas nacidas desde 1960 a 1975 (los años del ‘baby boom’), con un incremento sostenido de la longevidad y una de las tasas de natalidad más bajas del mundo.

Pregunta: El debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones se encuentra ya a pie de calle. ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta el sistema de pensiones español?

Respuesta: Los retos son básicamente dos. El primero, la sostenibilidad del sistema de pensiones en el futuro; es decir, que perviva en las próximas décadas y haga frente a los compromisos con las futuras generaciones de jubilados. El segundo es que el sistema sea capaz de pagar pensiones suficientes y evitar situaciones de pobreza a los futuros jubilados, que llegarán a esa situación a partir de 2025, 2030 y en adelante. Esos dos retos son como dos caras de una misma moneda, o como una manta corta, con la que o bien te cubres la cabeza o bien te cubres los pies. Se trata siempre de un equilibrio inestable, porque si hacemos todo lo posible y ponemos todas las medidas necesarias para que el sistema sea sostenible, y con ello no tener riesgos de encontrarnos en una mala situación financiera en el futuro, podemos encontrarnos ante unas pensiones que sean insuficientes para los futuros jubilados. O al revés, si pagamos pensiones muy generosas, el sistema puede no soportarlo financieramente.

P.: ¿Qué papel está jugando la demografía en estos retos?

R.: Estos retos se están produciendo en un entorno que yo calificaría de explosión demográfica, caracterizada por un crecimiento de la esperanza de vida en los últimos 100 años sin parangón en la historia de la humanidad. A principios del siglo XX, más de la mitad de la población española no llegaba viva a los 40 años, mientras que la esperanza de vida de las personas nacidas hoy ya supera los 80 años. Y no sólo eso, sino que aquellas personas que hoy tienen 65 años vivirán de media 19 años más, en el caso de los hombres, y 23 años en el de las mujeres.

“Se ha producido un crecimiento de la esperanza de vida en los últimos 100 años sin parangón en la historia de la humanidad

Este fenómeno previsiblemente continuará creciendo, ya que dentro de 30 años las personas que alcancen en ese momento los 65 años se estima que vivirán, de media, 25 años en el caso de los hombres y casi 29 años en las mujeres.

Para hacernos una idea de lo que ello implica, en un cálculo muy sencillo y tomando la pensión media de jubilación de la Seguridad Social hoy (que en la actualidad se sitúa en 1.043 euros al mes, con 14 pagas –con datos de julio 2016-), cada año adicional de pensión tiene un coste de casi 15.000 euros por persona, por lo que sin tener en cuenta otros efectos –inflación, revalorización anual de pensiones, etc…- un aumento de seis años en la esperanza de vida incrementaría el coste de la pensión en casi 90.000 euros por jubilado.

Pero es que, además, vamos a pagar más pensiones: de acuerdo con el informe Ageing Report -publicado en 2015 por la Comisión Europea, con datos para España facilitados por el Gobierno español-, el número total de pensionistas de la Seguridad Social (incluyendo jubilación, viudedad, orfandad y en favor de familiares) se incrementará desde los 9,4 millones actuales, a 15,1 millones en 2050.

“Vamos a pagar más pensiones, durante más tiempo, y además las pensiones que paguemos en el futuro serán más altas

En definitiva, vamos a pagar más pensiones, durante más tiempo, y además las pensiones que paguemos en el futuro serán más altas, porque esa generación de ‘babyboomers’ ha tenido carreras de cotización más largas y salarios más elevados que sus predecesores. Y esto último ya lo estamos viendo, porque aunque a pensión media en España se sitúa en 1.043 euros, la de los nuevos jubilados en el sistema supera los 1.400 euros en el caso de los hombres y 1.115 en el de las mujeres.

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Fotografía de David Carrasco, director de Pensiones BBVA

David Carrasco, director de Pensiones BBVA

“Los niños nacidos hoy son muy pocos y no van a permitir reponer la población, salvo que en el futuro tengamos flujos inmigratorios de carácter masivo

P.: ¿Por qué es un reto financiar la jubilación de los ‘babyboomers’?

R.: Estas cohortes poblacionales que se jubilarán en las próximas décadas tienen que ser financiadas por la población en edad de trabajar, y ahí hay una cuestión adicional que es la natalidad: en España la tasa de fertilidad es una de las más bajas del mundo, con 1,27 hijos por mujer. Eso quiere decir que los niños nacidos hoy son muy pocos y no van a permitir reponer la población, salvo que en el futuro tengamos flujos inmigratorios de carácter masivo. A esos ‘babyboomers’, que es una población muy numerosa, le vendrá a sustituir una población en edad de trabajar menor, a medida que se incorporen al mercado de trabajo cohortes poblacionales inferiores en número, por la caída de la natalidad acaecida en las últimas décadas. En definitiva, es un reto monumental. Y de alguna forma tendremos que continuar en la línea de las medidas que se han tomado en los últimos años para conseguir hacer que el sistema siga siendo sostenible y siga pagando pensiones adecuadas.

P.: ¿Qué medidas se han tomado hasta la fecha?

R.: Muchas. Baste recordar que en los últimos cinco años se han introducido dos leyes de reforma del sistema de pensiones, en 2011 y en 2013. En el año 2011 se aprueba, entre otras medidas, un retraso progresivo de la edad de jubilación, que pasa de estar situada en los 65 años a los 67 años, con carácter general. En segundo lugar, para poder percibir una pensión del 100%, ya no se requieren los 35 años cotizados, sino que progresivamente se irá requiriendo más, hasta los 37 años en los próximos ejercicios. Adicionalmente, la pensión pasa de estar calculada sobre los 15 últimos años de salario, que normalmente son los más elevados, a estar calculada sobre un periodo de 25 años, en un proceso transitorio que va 2013 a 2022.

P.: ¿Qué cambia con la ley de 2013?

R.: En 2013 se introduce el Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP), que por primera vez desvincula el crecimiento de las pensiones del Índice de Precios  al Consumo (IPC), de tal forma que a partir de ahora, desde el año 2014, las pensiones pueden incrementarse un mínimo de un 0,25% anual y un máximo equivalente al IPC +0,5%. Ese crecimiento dependerá de la salud financiera del sistema; es decir, de los ingresos y gastos que tenga en cada momento. Si dicha salud financiera es buena, el incremento de las pensiones se aproximará al IPC o incluso podrá superarlo, pero si es menos buena y los gastos superan a los ingresos, el incremento de las pensiones anuales se reducirá al 0,25%, que es lo que ha venido sucediendo en los últimos años.

Fotografía de David Carrasco, director de Pensiones BBVA

P.: La normativa de 2013 introduce también el factor de sostenibilidad. ¿En qué consiste?

R.: El factor de sostenibilidad, que entrará en vigor en 2019, pretende que dos personas con la misma carrera de cotización pero que se jubilen en momentos distintos tengan derecho a la misma pensión. Pero la misma pensión, no entendida como pensión mensual, sino como la cuantía total que reciba cada jubilado a lo largo de toda su vida. Dos personas que tengan la misma carrera de cotización no necesariamente tienen la misma esperanza de vida. Es decir, una persona que se jubile en 2040 va a tener una esperanza de vida mayor que un jubilado en 2020, por ejemplo. Si el jubilado de 2040 vive de media 25 años desde el momento de la jubilación y el jubilado de 2020 vive 20 años, eso quiere decir que al jubilado de 2040 habrá que pagarle una pensión mensual un 25% inferior, con el fin de que a lo largo de toda su vida ambos, que han tenido la misma carrera de cotización, perciban lo mismo.

“Dos personas que tengan la misma carrera de cotización no necesariamente tienen la misma esperanza de vida

P.: ¿Implican todas estas medidas un descenso progresivo de la pensión pública?

R.: No tiene por qué suceder. La posibilidad de que en el futuro las pensiones crezcan o no va a depender de si somos capaces de que el crecimiento del PIB real, con carácter anual, supere al crecimiento del gasto en pensiones. El incremento del gasto en pensiones se debe fundamentalmente a dos variables: uno, el aumento del número de pensiones pagadas. En el futuro vamos a tener un mayor número de pensionistas por la jubilación de las cohortes del ‘baby boom’. Y dos, el efecto sustitución. Ese efecto sustitución se debe al hecho de que los futuros jubilados han tenido carreras de cotización más largas y salarios más elevados, y por tanto tienen derecho a una pensión mayor. El efecto conjunto de estos dos factores viene a suponer que el gasto en pensiones crecerá anualmente entre un 2,3% y un 2,8% durante las próximas décadas. Lo que tendremos que conseguir es que el PIB real (una vez descontada la inflación) crezca al menos esa cifra para evitar que las pensiones caigan en términos reales.

“Tendremos que conseguir que el PIB real (una vez descontada la inflación) crezca al menos un 2,3% anual para evitar que las pensiones caigan en términos reales

Es decir, si conseguimos que el PIB real crezca a un ritmo similar al aumento en el gasto en pensiones, será posible mantener pensiones similares a las actuales, aunque se produzca una reducción de la tasa de reemplazo. Me explico: para que el PIB real crezca entre un 2,3% y un 2,8% anual, es necesario que la productividad del trabajo se incremente de manera significativa. En la medida en que se incremente la productividad crecerán con ella los salarios reales, y con ello se incrementarán las cotizaciones a la Seguridad Social, luego aumentarán los ingresos del sistema y seremos capaces de pagar ese mayor número de pensionistas y esas pensiones más altas. Pero al crecer los salarios reales más que el aumento de la pensión, la tasa de reemplazo, que es el porcentaje que supone la pensión respecto al último salario, se reduce progresivamente. De hecho, la Comisión Europea estima en su informe The Ageing Report que esa tasa de reemplazo se reducirá desde el 79% actual a niveles en torno al 50% en 2050.

P.: ¿Puede poner un ejemplo?

R.: Si en la actualidad el salario medio en el momento inmediatamente anterior a la jubilación fuese de, digamos, 100 euros, la pensión a percibir rondaría los 79 euros. Sin embargo, en la medida que la productividad crezca, podría ocurrir que en el año 2050 el salario real se incrementase hasta 200 euros, y con una tasa de reemplazo del 50% la pensión pasaría a ser de 100 euros, en términos reales. Con ello, la tasa de reemplazo se habría reducido, pero aun así la pensión real habría aumentado respecto a los niveles actuales.

En definitiva, esa reducción de la tasa de reemplazo puede ser compatible con una pensión que sea similar o superior a las pensiones que estamos pagando a día de hoy. Dependerá de que el crecimiento del PIB real supere al crecimiento del gasto en pensiones.

Fotiografía de David Carrasco, director de Pensiones BBVA

P.: ¿Es el reto de las pensiones un fenómeno exclusivamente español?

R.: No. Es un fenómeno global, aunque se da en distintas etapas. La situación demográfica no es la misma en los países desarrollados que en países emergentes. Países como México probablemente en 2030 tengan una situación parecida a la que tiene España hoy, y China será uno de los países más envejecidos del mundo en ese momento, debido a la política de hijo único. A día de hoy, el país con una población más envejecida es Japón. Pero en las próximas décadas la mayoría del mundo se va a incorporar a este fenómeno, que se convertirá en global porque, además, en los países emergentes y en vías de desarrollo está creciendo el acceso a la sanidad, a la educación y está mejorando la nutrición de la población. Esos elementos dan lugar a una disminución de la tasa de mortalidad, infantil especialmente, y a un crecimiento de la esperanza de vida.

En definitiva esto que estamos viendo se está trasladando a los países en vías de desarrollo y emergentes, pero además los patrones de comportamiento en lo que se refiere a la natalidad se empiezan a replicar de unos países a otros. Países que tradicionalmente tenían unas tasas de natalidad muy elevadas están reduciendo esas tasas y su comportamiento se empieza a parecer al de países más desarrollados. En los próximo 30 o 40 años nos encontraremos con que el fenómeno de la longevidad por un lado y del envejecimiento poblacional por otro no será exclusivo de los países desarrollados sino que se habrá trasladado a la mayor parte del mundo, con notables excepciones como África y el subcontinente indio.

P.: Entonces, con las pensiones estamos ante un reto estructural de largo plazo. ¿La gente de la calle es consciente de esta situación?

R.: Ese es un campo en el que tenemos que progresar mucho. Me atrevería a decir que la  sociedad  no es consciente de los retos a los que se enfrenta el sistema de pensiones. En general cuando haces encuestas y preguntas qué espera sobre su futura jubilación, la gente te dice que está preocupada; nueve de cada diez españoles así lo indican, pero también manifiestan un desconocimiento importante. La gente tiene el ‘run run’ de que nos estamos enfrentando a una cuestión estructural muy seria, pero tampoco tiene más información.

“Si no se tiene información es imposible tomar decisiones para la jubilación. Las personas que no saben a qué se enfrentan no pueden decidir qué hacer al respecto

P.: ¿Qué habría que hacer para solucionarlo?

R.: Yo creo que es fundamental incrementar la información sobre los sistemas de pensiones y la transparencia de los mismos con el fin de que, a partir de esa información,  las personas puedan en el futuro mejorar su conocimiento y, sobre ello, tomar decisiones racionales. Hay que tener en cuenta que la vida nos está dando un regalo a las personas que tenemos la suerte de vivir hoy de un aumento de la esperanza de vida que jamás habríamos podido soñar. En 8.000 generaciones que ha habido desde el Mesolítico, no hemos visto un crecimiento de la longevidad como se ha producido en los últimos 100 años, y por tanto es un fenómeno tremendamente reciente. Pero para poder disfrutar de ese regalo, de esos años adicionales, de esas décadas adicionales que la vida nos está dando, es preciso planificar todo el ciclo vital. Y para eso es imprescindible tener información. Si no se tiene información es imposible tomar decisiones para la jubilación. Las personas que no saben a qué se enfrentan no pueden decidir qué hacer al respecto.

P.: ¿Qué medidas deberían tomarse en materia de información o concienciación?

R.: En primer lugar es necesario mejorar la información y el conocimiento de los ciudadanos. Hay que tener en cuenta, primero que la información es escasa, y segundo que el sistema español es terriblemente complejo. Tiene múltiples regímenes, reglas muy distintas, frecuentes situaciones de inequidad, tanto para personas de la misma generación como entre generaciones diferentes… y  eso hace que, por un lado, sea muy difícil que la gente sepa a qué se está enfrentando y qué es lo que tiene que hacer y, por otro, puede llegar a generar desconfianza sobre la justicia del propio sistema en sí.

En el ámbito de aumentar la información, uno de los elementos clave es enviar cada año una carta a todos los trabajadores indicándoles cuál es la pensión que cobrarán el día que se jubilen si mantienen sus condiciones laborales de ese momento. Esto ya lo han hecho 11 países europeos.  En España está previsto en la legislación y el Gobierno actual manifestó su intención de ponerlo en marcha, pero no se ha llevado a efecto.

Como añadido a lo anterior, creo que es imprescindible aumentar la transparencia de los sistemas de pensiones. Son sistemas que tienen reglas múltiples, situaciones que hacen que el cálculo de la pensión sea muy complejo, y tratamientos no equitativos entre los diferentes regímenes, e incluso dentro del mismo régimen, en función del momento en que se realicen las cotizaciones. Por todo lo anterior, sería necesario aumentar la transparencia.

Pongo un ejemplo: los trabajadores que se jubilan no son conscientes de que  con la cotización de un año se pagan tres meses y medio de pensión. Eso quiere decir que si vivimos 20 años como jubilados, para poder financiar esos 20 años de jubilación tendríamos que cotizar casi 70 años. Y eso la gente no lo percibe. No es consciente. Por tanto es imprescindible aumentar la información también en este ámbito, con el fin de que seamos conscientes del esfuerzo que hace el sistema en pagar las pensiones presentes, pero también de mejorar la información de cara a los futuros jubilados y facilitar su planificación. La gente necesita saber cuánto cotiza y qué pensión recibe a cambio.

Fotografía de David Carrasco, director de Pensiones BBVA

P.: ¿Qué medidas se están tomando en otros países para afrontar el reto estructural de las pensiones?

R.: En la mayoría de los países de nuestro entorno se han tomado medidas orientadas a mantener y mejorar la sostenibilidad financiera de los sistemas, y al mismo tiempo medidas para mantener las promesas de pensión actuales.

En primer lugar hay una tendencia importante principalmente en Europa hacia lo que se conoce como sistemas nocionales de contribución definida. Son sistemas de reparto como el que tenemos en España, pero en los que a cada trabajador se le reconoce una cuenta virtual, en la que se le van acumulando la suma de las cotizaciones que va efectuando a lo largo de toda su vida laboral. Es decir, si por ejemplo entre mi empresa y yo cotizamos 10.000 euros al sistema de  pensiones, en esa cuenta virtual yo tendría reconocidos esos 10.000 euros, más una rentabilidad  hasta el momento de la jubilación. De esa forma, al segundo año en el informe anual que me enviara el Estado, yo vería que el año pasado tuve una aportación de 10.000 euros, el segundo año, otra aportación de 10.000 euros, más la rentabilidad obtenida por dicho dinero. Y así sucesivamente hasta el momento de la jubilación. De esta forma cada trabajador ve claramente cuál es el esfuerzo de cotización y cuál es el saldo acumulado en el momento de la jubilación.

P.: ¿Es lo que han implantado en países considerados modélicos, como Suecia?

R.: Sí. En países como Suecia, en el momento de la jubilación –que por cierto es flexible; el trabajador puede elegir el momento en que se jubila desde los 61 años en adelante- , el saldo acumulado se divide entre el número de años que, en el momento de la jubilación, se estima vivirá el trabajador. Por ejemplo, imaginemos un trabajador que se jubile a los 66 años con 300.000 euros acumulados y una esperanza de vida de 20 años. Esos 300.000 euros se dividirán entre 20, lo que arrojará una pensión anual de 15.000 euros anuales. Si se jubila antes, a los 61 años, esos 300.000 euros no se dividirán entre 20, sino por ejemplo por 25 y, por tanto, el importe anual será menor. Pero si retrasa el momento de su jubilación a los 71 años, tendrá que dividirlo por 15 y su pensión anual será mayor. En definitiva es un sistema muy transparente que permite conocer en todo momento lo que está acumulando el trabajador y la pensión a la que tiene derecho, porque cada año el Gobierno envía a los trabajadores diciéndoles lo que tienen acumulado, la pensión a la que tendrán derecho en el momento en que se jubilen, y permite a los trabajadores decidir en qué momento quieren jubilarse. Esta medida la adoptó Suecia en 1995 y más recientemente Italia.

P.: ¿Qué otras medidas han incorporado nuestros vecinos europeos?

R.: Estamos viendo en muchos países de nuestro entorno la inclusión de sistemas de pensiones de capitalización de carácter obligatorio o cuasiobligatorio. Retomando el caso sueco, las cotizaciones suponen el 18,5% del salario de los trabajadores, del cual el 16% va al esquema de cuentas nocionales y el 2,5% va a un sistema de capitalización de carácter obligatorio. En el caso del Reino Unido no es obligatorio, sino un sistema de autoenrollment, por el cual todo trabajador que entra al mercado de trabajo, salvo que diga lo contrario, por defecto se le incluye en un sistema de capitalización obligatorio. Es un sistema cuasiobligatorio, en el que contribuye el propio trabajador con un 4% de su salario, la empresa, con un 3% de su salario, y el Estado, que le otorga un incentivo fiscal y, en lugar de devolverlo al trabajador, lo introduce en el plan de pensiones. Es decir, estamos hablando de una aportación mínima del 8% del salario. En Holanda, por ejemplo, el pilar de capitalización se basa en la negociación colectiva en los planes de pensiones de empresa y tiene carácter cuasiobligatorio. En definitiva, en la mayoría de países de nuestro entorno se están introduciendo esquemas de capitalización, o bien obligatorios o cuasiobligatorios, de gestión pública o privada. En el caso sueco, por ejemplo, la gestión es pública. Existe un sistema centralizado en el que se recogen las cotizaciones tanto de las cuentas nocionales como del sistema de capitalización y la información es sobre el total de la pensión de ambos sistemas.

“El sistema de capitalización permite repartir más la carga. Supone un incremento de las aportaciones para financiar al sistema y hacer frente a la longevidad y al crecimiento del gasto en pensiones

P.: ¿Qué ventaja tiene incorporar el sistema de capitalización obligatorio o cuasiobligatorio sobre un sistema puramente nocional?

R.: Básicamente el sistema de capitalización permite repartir más la carga. De alguna forma supone un incremento de las aportaciones para financiar al sistema y hacer frente a la longevidad y al crecimiento del gasto en pensiones. Y en segundo lugar, diversifica los riesgos de pensión. Los sistemas de reparto tienen un problema muy serio cuando la pirámide de población se invierte, porque son menos sostenibles. Un sistema de capitalización por definición no tiene un problema con la pirámide poblacional porque en realidad la pensión que se constituye es la de uno mismo. No estoy pagando la pensión de los jubilados actuales. Es verdad que los sistemas de capitalización también tienen un problema con la longevidad, porque si tienen un saldo acumulado y lo dividen entre más años que vas a vivir el importe que te queda anualmente es menor. Pero de alguna forma se diversifican los riesgos, no se ponen todos los huevos en la misma cesta, que es lo que pasa en España actualmente: el total de la pensión procede del sistema de reparto (la Seguridad Social) y no tiene estos esquemas que permiten compensar en el futuro cuando se produzca esa previsible caída de la tasa de reemplazo tal y como está indicando la Unión Europea, que dice que si hoy ganas 100 y la pensión que te queda es de 79, dentro de 30 años no te va a quedar 79 sino 50. En la medida en que existan sistemas que complementen esa pensión pública, estarás diversificando los riesgos y podrás añadirlos a esa pensión de Seguridad Social menos generosa para acabar percibiendo más o menos lo mismo y por tanto evitar situaciones de necesidad en los futuros jubilados.

Fotografía de David Carrasco, director de Pensiones BBVA

P.: Estas dos medidas, ¿son extrapolables a España?

R.: Sin duda alguna. No diría solo extrapolables sino necesarias en la medida que incrementan  la transparencia y el conocimiento de los ciudadanos. Ya se ha hecho en otros países. Se puede hacer una transición rápida. Esto no quiere decir afectar a los derechos de las pensiones de las personas jubiladas, ni a los que van a jubilarse mañana. Se puede transicionar a un sistema de cuentas nocionales con carácter inmediato, creando una cuenta virtual en la cual las personas que se van a jubilar mañana no tengan merma alguna del derecho de pensión reconocido en el sistema actual, pero con un sistema más transparente, es decir, reconociendo unas determinadas cuantías y reconociendo una pensión a partir de esa cuantía.

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