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Arquitectura 12 feb 2018

Cómo pueden afectar los hallazgos arqueológicos en la construcción

Constructores y promotores tienen un papel fundamental en el dibujo del perfil de las ciudades y de la historia del lugar donde vivimos. Los trabajos previos a la edificación pueden revelar la existencia de restos arqueológicos que a menudo son fundamentales para añadir nuevas piezas al puzzle de nuestro pasado.

España es un país rico en restos arqueológicos, “en especial en la Baja Andalucía y en el Levante, tanto catalán como valenciano”, explica Pablo Garrido, director de proyectos en Atlas Arqueología y vicedecano y vicepresidente de la sección de Arqueología del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados de Sevilla y Huelva.  Aunque en estas áreas la posibilidad de encontrar vestigios es más alta, eso no implica que en cualquier otra zona de España puedan aparecer restos destacables, “pero sí que no concurren las circunstancias de densidad de yacimientos o de población histórica y actual que explican el mayor riesgo de afección”, añade.

Es el caso de la promoción de Anida en la calle Marqués de Valladares, en Vigo, en la que la compañía ha realizado trabajos de recuperación de restos arqueológicos a raíz de la aparición, en un solar contiguo, de una fábrica de salazones datada en el siglo I d.C.

El proceso que se establece cuando se cree que puede haber yacimientos está bien regulado. “Las distintas leyes de patrimonio histórico en términos generales, tanto la estatal como las autonómicas y locales, prevén suficientemente los riesgos arqueológicos derivados, tanto de la iniciativa pública como privada”, asegura Garrido. Y en todo caso, si existe alguna duda respecto al desarrollo del proyecto, la solución es “solicitar con suficiente antelación que un arqueólogo asesore sobre cautelas arqueológicas, implicaciones legislativas y las actuaciones y documentación previa para minimizar posibles afecciones futuras”, matiza.

En España se han localizado importantes yacimientos como el de Tomares (Sevilla), en el que se halló el gran tesoro romano del Zaudín. En el proyecto del parque del Olivar, al abrir una zanja, se encontraron 19 ánforas llenas de monedas romanas, muchas de ellas tan nuevas que ni siquiera habían entrado en circulación. Se trata del mayor hallazgo tardorromano de España y uno de los más importantes y, sobre todo, de los más valiosos de Europa.

Otro hallazgo excepcional es el del mosaico de Cantillana, también en Sevilla, en una zona en la que se preveían este tipo de situaciones, ya que bajo el casco urbano se encuentra la ciudad romana de Naeva. Precisamente las ciudades ya localizadas son fuente constante de descubrimientos, y no solo en Andalucía. Otro caso emblemático es el de Badalona. Bajo sus calles está la ciudad romana de Baetulo, que alojó algunos de los mayores domus de personajes destacados de la vida romana de las comarcas layetanas. Uno de los últimos descubrimientos en suelo badalonés es un magnífico mosaico, el noveno hallado en la ciudad, obra de un importante artesano itálico.

¿Cómo se actúa en caso de hallazgo arqueológico?

En el caso de los hallazgos arqueológicos pueden darse dos situaciones. Si no está previsto, es decir, que en esa zona no haya sospechas de presencia de restos, “la autoridad competente, y sólo si los hallazgos son de relevancia, paraliza la obra e impone la actuación de profesionales, durante un plazo que varía según la comunidad autónoma, tras el cual se incurriría en indemnizaciones”, afirma Garrido. En situaciones en que las zonas en las que pueda sospecharse la presencia de vestigios, existe un seguimiento arqueológico previamente concertado “y, contrariamente a lo que se suele creer, se actúa de inmediato, día a día, documentando restos sobre la marcha y tratando de no afectar al proceso de la obra, ya que la mayoría de hallazgos se documentan y se desmontan”, explica Garrido.

Para promotores y constructores, la responsabilidad principal es, en opinión de Garrido, “informarse bien de las cautelas arqueológicas previstas en cada caso, y es recomendable solicitar a la autoridad competente un informe técnico en el que se indique al promotor qué pasos debe dar o qué riesgos existen”. Una vez detectado un foco arqueológico interesante, hay dos formas de proceder: “Se hace la documentación ‘in situ’, con estratigrafía y extracción, estudio y conservación de materiales y destrucción de las estructuras ya documentadas, o se procede al levantamiento y conservación de los restos, en el caso de que no puedan ser documentados sin más debido a su importancia, aunque esto sucede sólo en el 10-15% de los casos. Es muy raro que se tenga que parar una construcción por un hallazgo arqueológico y sólo se produce cuando se trata de algo de extrema importancia. E incluso en esos casos, se opta a menudo por modificar el proyecto antes que dejar de construir”.

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