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Fintech 02 nov 2016

Reino Unido busca opciones para frenar el impacto del Brexit en la City

Las fintech pueden ser una salvación para el sector financiero británico, pero las mayores dificultades para captar talento global pueden ser un problema grave. Todo depende de las negociaciones políticas.

Reino Unido y la UE continúan preparándose para el Brexit y desde este mes lo hacen con las ideas más claras. La primera ministra británica, Theresa May, reveló su apuesta por un Brexit duro con un contundente discurso en la conferencia política del Partido Conservador. “La negociación no va a estar basada en lo que hemos tenido estos 40 años, y tampoco vamos a aspirar al modelo de Noruega o al de Suiza”, advirtió, en referencia directa a los dos países que han tenido que acatar la libertad de movimientos de la UE para tener acceso al mercado único.

Un tono que no gustó nada ni a los mercados (al día siguiente la libra cayó un 1,2% respecto al dólar y un 0,9% respecto al euro) ni al propio sector financiero británico, que aun antes de que May empezase a concretar los planes de su Gobierno sobre la salida de la UE ya había advertido de la necesidad de mantener una relación fluida con los exsocios comunitarios.

“El peligro es que toda esta retórica dura no hace más que aumentar la incertidumbre, reducir la confianza y espolear a las empresas para que pongan en marcha sus planes de contingencia para dejar Reino Unido“, decía poco después al ‘Financial Times John McFarlane, presidente de Barclays y del ‘lobby’ TheCityUK, que defiende los intereses de la industria financiera británica y de todos los servicios profesionales (consultoría, asesoría, abogacía…) que lleva asociados. “Tiene que haber un equilibrio entre los números y la política, y hasta ahora sólo se ha actuado siguiendo la política”.

En esta negociación entre Londres y Bruselas hay mucho en juego. En un reciente artículo, Pep Ruiz, economista principal de BBVA Research, estimaba que el Brexit restará 0,4 puntos porcentuales a la economía española en el binomio 2016-2017, con zonas más perjudicadas, como Murcia, donde la caída será de seis décimas. El Observatorio Eurozona de esta misma institución advertía en agosto de que la decisión de los británicos lastrará el consumo y la inversión, si bien hablaba de un impacto general “limitado” en la economía.

Uno de los sectores donde hay más en juego es en el financiero. La industria financiera británica y sus servicios profesionales asociados suponen un 12% del PIB británico, y emplean a 2,2 millones de personas, según datos de marzo de la ONS, la Oficina para las Estadísticas Nacionales del Reino Unido.

Tiene que haber un equilibrio entre los números y la política, y hasta ahora sólo se ha actuado siguiendo la política

Traducido a impuestos, el Tesoro británico recibe al año 66.000 millones de libras esterlinas por toda esta actividad económica. El sector financiero británico es, probablemente, el más relacionado con la UE de toda la economía del país, y el exprimer ministro David Cameron recalcó en la campaña del referendo que si el Brexit se consumaba podía suponer la pérdida de 100.000 puestos de trabajo ligados, en mayor o menor medida, a las finanzas.

Más recientemente, la consultora Oliver Wyman ha dado unas cifras más modestas: en el escenario más duro, es decir, si el Reino Unido pasa a ser un tercer país más en relación con la UE, sin ningún acuerdo ni tratado especial, la industria financiera perdería hasta 35.000 empleos y dejaría de aportar entre 3.000 y 5.000 millones de libras en impuestos.

El sector se ha venido preparando por lo que pueda suceder. El propio McFarlane afirma que, “a diferencia de lo que sucedió con la crisis financiera de 2008”, la industria financiera “se ha asegurado de que todo funcione una vez tomada la decisión de dejar la UE”. El presidente de TheCityUK defiende que el atractivo de Reino Unido para la industria financiera se basa en “pilares de largo alcance” que no dependen de que el país pertenezca o no a la UE, como “el huso horario, la seguridad jurídica, un espíritu favorable a la inversión y una sociedad donde la gente con talento y trabajadora puede tener éxito”.

Sin embargo, hay nubes desde hace tiempo en ese horizonte, y algunas se reflejaban en el informe UK financial and related professional services: meeting the challengers and delivering opportunities. Los puestos de trabajo, particularmente fuera de Londres, están amenazados por la automatización. La rentabilidad ha bajado, y muchos negocios viven un largo declive desde 2008. Zonas de Asia son ya una amenaza y Estados Unidos está aprovechando su potencia en nuevas áreas de negocio, como la ciberseguridad. La decisión de salir de la UE, y más si es dura, amplía estos problemas.

Potenciar el sector fintech

¿Qué se plantea hacer entonces la industria financiera británica? Una de las recomendaciones que hacen los expertos es potenciar las fintech, donde Reino Unido ya cuenta con una buena posición de partida: las fintech británicas tienen más empleados que las de Singapur, Hong Kong y Australia juntas (ver gráfico) y seis de las 31 fintech mundiales que superan los 1.000 millones de dólares de valoración son británicas. Los nichos en los que pueden crecer, según el informe citado, son las Regtech (regulación tecnológica), InsurTech (por insurance, seguros tecnológicos) y LegalTech, es decir, la adaptación al mundo tecnológico de los servicios profesionales que siempre han estado ligados al sector financiero.

La investigación e inversión en áreas potencialmente disruptivas, como blockchain, el Internet de las cosas, la analítica cognitiva o el big data, es otra posible vía de crecimiento de la industria financiera británica, que al mismo tiempo tiene que seguir manteniendo una buena posición en la encarnizada lucha por el mejor talento global. Hasta ahora siempre le ha ido bien en ese terreno, pero su buena posición está en peligro.

Más allá de las obvias limitaciones a la captación de talento de la UE que va a implicar el Brexit, que en principio se hará efectivo en 2019, las declaraciones de los políticos y algunas primeras medidas indican que el Reino Unido camina hacia un importante giro en su mercado laboral.

La ministra de Interior, Amber Rudd, ha afirmado en el Parlamento que el Reino Unido tiene demasiados estudiantes extranjeros, al tiempo que anunciaba nuevos criterios de selección para escuelas y universidades de élite.

Y hay decisiones que ya están teniendo impacto en el día a día de las empresas. En abril de 2016 Londres decidió que sólo iba a conceder visados indefinidos a los inmigrantes de fuera de la UE con un salario anual de, al menos, 35.000 libras anuales, unos 38.000 euros al cambio. Hay excepciones, pero el perjuicio para las empresas es claro. Las más perjudicadas son las startups, y especialmente las que no están en Londres, donde los salarios son notablemente más altos que en el resto de Reino Unido.

TheCityUK cree que limitar la inmigración cualificada dañará a su negocio, al mismo tiempo que resalta la contribución económica que han tenido los inmigrantes europeos a las arcas públicas británicas: entre 1995 y 2011 su contribución neta a las finanzas públicas británicas fue de más de 4.000 millones de libras. Un posible remedio a este menor acceso al talento global sería potenciar el sistema educativo británico poniendo más énfasis en las habilidades digitales y matemáticas, como dice este organismo que defiende los intereses del sector financiero.

Esa sería la apuesta a medio plazo, porque a corto todo depende de la política. Las conversaciones van a ser duras, como quedó demostrado en el tenso viaje de May a Bruselas a mediados de octubre. Pero todas las opciones están abiertas. Muchos de los que se preocuparon por la dureza del discurso de May el 2 de octubre vieron un rayo de esperanza cuando, un par de semanas después, el presidente de Nissan, que había insinuado la posibilidad de replantearse la situación de su fábrica en Sunderland (al norte de Inglaterra), salió satisfecho de una entrevista con la primera ministra. Puede que Downing Street sea particularmente cuidadoso con determinados sectores en su negociación con la UE, y por importancia económica ninguno lo merece más que el financiero.

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