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Certificado Passivhaus: la arquitectura que ahorra energía

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Una ‘casa pasiva’ optimiza la eficiencia energética y logra un ambiente más saludable, con mejor calidad de aire interior. Tiene en cuenta la orientación, la distribución de calor, la ventilación y el aislamiento. Y si consigue todos estos objetivos, puede obtener el Certificado Passivhaus.

«Passivhaus es un estándar para construir casas sostenibles y libres de ruidos de aires acondicionados, de corrientes de aire y donde no tienes los pies fríos en invierno».

Esta desenfadada descripción de Micheel Wassouf, fundador de la asociación oficial española Passivhaus y del Instituto Latinoamericano Passivhaus, y director de la empresa Energiehaus, evoca la imagen de una vivienda que necesita poca energía y ofrece a sus moradores sostenibilidad y ahorro, confort, un ambiente saludable y calidad de aire.

Una “casa pasiva” tiene en cuenta la orientación, la distribución del calor y los sistemas de ventilación, los aislamientos o la contribución a la eficiencia energética de ventanas, techos y paredes, de manera que minimiza su demanda de energía sobre todo en calefacción o refrigeración. «Certificados de sostenibilidad como LEED se centran más en la ingeniería, están enfocados a la instalación de máquinas más eficientes, sin embargo el certificado Passivhaus se enfoca más en la arquitectura, está en la propia concepción y diseño de una vivienda», añade Wassouf.

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De Darmstadt al mundo

En 1991, el físico y astrónomo Wolfgang Feist construyó la primera casa pasiva del planeta: la suya. Fue en la ciudad alemana de Darmstadt y entre los sentimientos encontrados de su propia familia. «Nuestros dos hijos, aún pequeños, estaban entusiasmados. Mi esposa, Witta, se volcó desde el principio. Y los abuelos, escépticos, apoyaron aquel ‘sinsentido’ como pudieron», contaba Feist con humor 25 años después, en la web de PassivHaus Institut (PHI).

El PHI es un centro independiente de investigación fundado por Feist en 1996, clave a la hora de desarrollar aquel proyecto piloto y transformarlo en un esquema aplicable a otras edificaciones. En una suerte de bola de nieve, PHI creó, a su vez, la Asociación Internacional de Casas Pasivas (IPHA) con el fin de expandir el estándar Passivhaus por todo el mundo, independientemente de la región o del clima. Según datos de IPHA, en enero de 2021 se contaban más de 29.000 inmuebles certificados, con una superficie total cercana a los 2,7 millones de metros cuadrados.

Certificado para reformas

«En Estados Unidos y Canadá hay mucho Passivhaus aplicado a las reformas». Wassouf se refiere a la modernización de edificios ya existentes bajo criterios de casa pasiva. A veces no es posible alcanzar el estándar máximo en remodelaciones, por lo que PHI ha desarrollado el certificado específico EnerPHit – Modernización Energética de Calidad con Componentes de Casas Pasivas. «Se pueden lograr ahorros de energía significativos de entre el 75% y el 90% incluso en edificios existentes», remacha el artículo que lo describe.

Wassouf observa, en general, una demanda creciente de este tipo de construcción, empujada en muchos casos por normativas sobre la calidad del aire cada vez más estrictas. «Vemos un gran interés alrededor del mundo por este estándar, con proyectos impresionantes en muchos países desde China a México», contaba Feist.

No obstante y salvo excepciones, «en Latinoamérica la eficiencia energética no es un asunto tan dominante», reconoce Wassouf. En esa región planetaria puede funcionar mejor una certificación como EDGE, menos costosa de obtener puesto que no establece pre-requisitos ni criterios obligatorios a cumplir, sino un paquete de medidas y mejoras prácticas de diseño y equipamiento para guiar el cumplimiento de los objetivos.

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Algunos ejemplos de Passivhaus

De todo un poco: escuelas, oficinas y viviendas, residencias de personas mayores como Rosales del Canal, en Zaragoza (España), recién certificada por Energiehaus. También el primer hospital pasivo del mundo, el del distrito de Höchst en Frankfurt (Alemania), cuya inauguración está prevista en 2021. El edificio Bolueta de Bilbao (España), que fue el rascacielos Passivhaus más alto del mundo hasta que lo superó el de 1075 Nelson Street, en Vancouver (Canadá), con sus 178 metros de altura y 480 apartamentos de alta eficiencia energética. Y así hasta casi 6.000 edificios recogidos en una base de datos de casas pasivas.

Este último ejemplo, el de la torre de Vancouver, posee un exterior hermético gracias al triple acristalamiento que cubre el 40% de su superficie y a un 60% de paredes con aislamiento reforzado. Además de los criterios de eficiencia energética (la demanda de calefacción no puede exceder 15 kilovatios/hora anuales, ni la de energía primaria los 120 kilovatios/hora anuales), un edificio pasivo asume estrictas exigencias de hermeticidad.

Ventilación y Coronavirus

«Una casa pasiva es más que un edificio de bajo consumo», tercia otro artículo de Passipedia. «Su punto fuerte es el ahorro energético, pero desde la pandemia aumenta el interés también por su capacidad de ventilación, porque son edificios que se separan del clima exterior e intentan crear un ambiente sano dentro de sus espacios. Es un concepto que quizás antes de la Covid-19 no se entendía tanto, sobre todo en países donde la gente vive en la calle, con puertas y ventanas abiertas», reflexiona Wassouf.

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