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Cómo hacer un invernadero casero y cultivar tus propios alimentos

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Un invernadero permite disfrutar la afición por la horticultura casera todo el año y, si se gestiona correctamente, asegura cultivos más sanos y abundantes. Pero antes hay que saber dónde y cómo instalarlo, sea uno prefabricado o construido a partir de los materiales básicos.

Objetivo de un invernadero: imitar a la naturaleza y al mismo tiempo someterla. Es decir, crear un microclima propicio para proteger los cultivos del clima exterior incontrolado y contrario a los intereses del hortelano. “Es una herramienta al servicio de las plantas”, resume el experto en horticultura Fernando Cuenca. “Si se gestiona bien, no estarán sometidas al estrés térmico ni hídrico, por lo que crecerán más rápido y las cosechas serán más abundantes”, añade el experto en horticultura.

Un cultivo cubierto está más protegido de plagas y enfermedades que pueden proceder de terrenos colindantes, ni la lluvia ni el viento restan efectividad a los tratamientos fitosanitarios, permite adelantar o retrasar los cultivos por el control de una temperatura interior constante y asegura un entorno protegido para los semilleros de plantas o el enraizado de esquejes. Y una ventaja en ascenso: contribuyen a una dieta más saludable y sostenible porque las verduras solo viajan del invernadero a la cocina.

Habilidad y tiempo

Los primeros factores a tener en cuenta son la habilidad para el bricolaje y el tiempo disponible. Con una cantidad razonable de ambos, se puede afrontar la autoconstrucción a partir de los materiales básicos. De lo contrario, abundan los modelos comerciales para ajustarlos al espacio disponible (desde una terraza o una azotea a una huerta de jardín o casa campestre) y necesidades concretas como el simple ‘hobby’, el cultivo de hortalizas para el consumo familiar, cuidar las plantas ornamentales en épocas frías o incluso un objetivo comercial.

En el caso de elegir el ‘hágalo usted mismo’, caben dos opciones. La más socorrida es adquirir un invernadero prefabricado para montarlo, sin apenas herramientas en los modelos más sencillos.

Segunda opción, puede que más barata, más entretenida y para un mayor nivel de destreza manual: montar un invernadero a medida a partir de materiales básicos como varillas metálicas y tubos o listones, mallazos de obra, cubiertas de PVC o polietileno (también se puede usar cristal, pero es una instalación más complicada) y pintura para proteger algunas partes de la estructura.

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Instalación: paso a paso

La secuencia de pasos a seguir, según el experto, sería esta:

  • Elegir el emplazamiento adecuado: con espacio libre alrededor que permita la ventilación y soleado para disponer de la dosis adecuada de luz y calor.
  • Definir las dimensiones para calcular los materiales, necesita altura suficiente que permita trabajar de pie y anchura para instalar estanterías o mesas de cultivo. Limpiar y nivelar el área que ocupará el invernadero y delimitar la superficie marcando los ángulos de las esquinas.
  • Instalar el sistema de anclaje (puede ser de varillas corrugadas) y acoplar sobre él los mallazos (previamente pintados para evitar la oxidación y proteger el plástico de cobertura) que forman la bóveda del invernadero.
  • Montar los listones o los tubos de la estructura para dar estabilidad y firmeza al conjunto.
  • Una vez fijada la estructura, cubrirla con el plástico especial de invernadero, muy resistente y de unas 800 galgas de grosor. El sobrante puede enterrarse en una zanja con la profundidad suficiente para mantenerlo tenso.
  • Se adaptan las ventanas y puertas correderas, de cremallera o enrollables, que serán fundamentales para regular la ventilación.

Control de la temperatura

Ya está listo para plantar sobre el terreno o en macetas, materas, jardineras o mesas de cultivo, y para asegurar el control climático. “En épocas frías, evita heladas, y cuando las noches comienzan a ser más frescas y las temperaturas diurnas no suben de los 20 grados centígrados, permite una diferencia con el exterior de 5 a 10 grados centígrados para que la planta siga vegetando o paralice su desarrollo, según convenga”, explica Cuenca.

Por el contrario, en épocas veraniegas o calurosas, las elevadas temperaturas del interior pueden agostar las plantas. Para evitarlo conviene ventilar en las horas más frescas, pulverizar agua cuando no haya sol directo para impedir el efecto lupa de las gotas (los baldes con agua que se va evaporando también aumentan la humedad) o cubrir con paños de sombra o esterillas para tamizar el sol.

Riego y ventilación

Según el vivero Verdecora, el riego es “uno de los puntos clave” porque exige un equilibrio delicado sin exceso ni defecto. “Hay que ajustar los sistemas de riego para que el sustrato esté permanentemente húmedo y mantener la humedad ambiental entre el 50% y el 60%”. Para Fernando Cuenca, “los riegos programados pueden establecer mejor los tiempos y las cantidades de agua, ahorrar y mantener la planta mejor atendida en sus necesidades hídricas”.

Otro factor determinante: la ventilación. “Si no se realiza adecuadamente y hay un exceso de humedad, los problemas de hongos aparecerán con más facilidad”, detalla el experto.

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