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¿Cómo cultivar tomates y otras hortalizas en casa?

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La variedad adecuada al clima, el sustrato más nutritivo, el emplazamiento perfecto, la dosis justa de luz y calor, conocer los sistemas de semillero o siembra directa... Un huerto casero necesita atención y conocimiento, pero a cambio ofrece la satisfacción del autoconsumo y una dieta de confianza que contribuye con la sostenibilidad.

Es posible que muchos aficionados a la horticultura casera decidan cultivar por culpa de los tomates. Aclaración: es una de las hortalizas más populares del mundo, con una producción anual que ronda los 181 millones de toneladas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Por lo tanto, tiene que influir en la decisión de montar un huerto doméstico.

Esa popularidad también responde a la enorme variedad de tomates por todo el mundo. El primer paso, pues, sería elegir el tipo más adecuado a los gustos culinarios y al tipo de clima si se cultiva al aire libre. “Se pueden comprar las pequeñas matas en un vivero, o, con más experiencia, desarrollarlas en un semillero”, aconseja María Abalo, experta de la empresa especializada en huertos urbanos La Huertoteca.

Sustrato, calor, riego y sol

Como el tomate pide una elevada cantidad de nutrientes, “el mejor sustrato es el de humus de lombriz, la tierra debe estar suelta y el pH ligeramente ácido”, matiza la experta. Si no se dispone de un huerto como tal, las tomateras pueden plantarse en macetas, jardineras o mesas de cultivo, siempre que tengan un mínimo de 30 centímetros de anchura y profundidad.

Los tomates no son amigos del frío y menos de las heladas o la escarcha. “Son un cultivo de verano, les gusta el calor. La temperatura ideal para su desarrollo y floración varía entre 20 y 35 grados centígrados, en ese sentido es una planta exigente”, asegura Abalo.

Además de nutrientes, también reclaman un riego regular para mantener la humedad constante. Hay que evitar que la planta se seque. “Si se utiliza goteo, mejor por la mañana y por la tarde. Y si se riega a mano, hay que vigilar que la tierra esté húmeda. Necesitan entre uno y cuatro litros diarios por planta”, apunta la experta. ¿Y la dosis de luz solar? “De seis a ocho horas diarias”.

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En cuanto al mantenimiento, uno de los cuidados básicos consiste en eliminar “las pequeñas ramas que crecen en el vértice de otras ramas para que la energía se concentre en la rama desarrollada”, señala.

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Cientos de variedades

Existen cientos de tipos de tomate, es difícil generalizar, pero suelen estar listos para la recolección de cinco a seis meses después de la siembra.

No obstante, se pueden establecer dos grandes grupos: de mata baja o mata alta. “El crecimiento de estos últimos es vertical, necesitan tutores o una estructura para guiarlos y evitar que la planta se venga abajo con el peso del fruto. Aunque no es obligatorio utilizar tutores para las matas bajas de crecimiento horizontal, colocar tres o cuatro cañas alrededor de la planta permite una iluminación más homogénea”, apunta Abalo.

Algunos consejos para el cultivo doméstico de otras hortalizas comunes, según los expertos de Agromática y Planeta Huerto:

Pimientos. Necesitan sol (por tanto, días largos) y calor abundante, por lo que su cultivo más allá de las épocas cálidas aconseja recurrir a un invernadero. Las semillas tardan unas dos semanas en germinar, se trasplantan a una maceta cuando alcanzan unos 12 centímetros de altura y a la jardinera o huerta definitiva a los dos meses, con una separación de más o menos un metro entre ellas.

Zanahorias. Un cultivo todoterreno capaz de adaptarse a climas diversos, pero se desarrolla mejor con temperaturas templadas. “Conforme va creciendo la planta, precisa un riego constante, hay que evitar que la tierra se seque”, explican en Agromática. Requiere un terreno profundo, rico en materia orgánica, mullido, con un pH entre poco ácido y ácido. La recolección suele realizarse unos cuatro meses después de la siembra.

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Pepinos. Temperaturas altas, mucha luz, riego frecuente (mejor por goteo para mantener constante la humedad) y un sustrato muy nutritivo, por eso agradecen un buen compost. Las plantas adquieren un tamaño generoso, por lo que suelen instalarse guías o tutores. Si se dejan rastreras, ocuparán bastante espacio y hay que preverlo en la plantación. Para cosechar, los pepinos deben estar totalmente formados y maduros, unos dos meses después de trasplantar las plántulas a su terreno definitivo.

Lechugas. Pueden cultivarse en macetas o jardineras siempre con unos 30 centímetros de profundidad mínima, y también admiten la siembra directa, además del desarrollo previo de las plántulas en semillero. Si se opta por el primer sistema, hay que dejar una distancia de unos 20 o 30 centímetros entre lechuga y lechuga. Necesitan un riego de mediano a abundante y en las épocas de más calor tienden a espigar, hay que recolectarlas antes.

Fernando Cuenca, de la empresa El huerto urbano, aconseja atención a la profundidad del sustrato. “Si cultivamos rabanitos, podemos utilizar jardineras con un mínimo de 15 centímetros. En cambio, las acelgas requieren al menos 20 o 25 centímetros para desarrollar su sistema radicular. Tomateras o berenjenas necesitan 30 por lo menos y si en vez de jardineras usamos macetas o contenedores, mejor, ya que no solo aportaremos profundidad sino volumen total de tierra”.

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