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Energía> Energía Solar 26 mar 2021

Conoce cómo es posible crear un huerto con energía solar

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Suelo llano, radiación solar alta y la mayor parte del año, asociación de varios pequeños inversores, paneles cada vez más baratos e innovación tecnológica para solucionar retos como la convivencia con los cultivos. Son algunos de los factores de una inversión que vuelve a ser tendencia: los huertos solares, el hermano pequeño de las plantas fotovoltaicas.

La inmensa mayoría de huertos solares se encuentran en terrenos agrícolas pero sin cultivar por su escaso potencial, entre otras razones. Son ‘huertos’, sí, pero estrictamente orientados a una sola cosecha: la de energía eléctrica por medio de paneles fotovoltaicos.

A diferencia de las plantas solares explotadas por grandes empresas, los huertos pueden pertenecer a diferentes socios en una especie de cooperativa. Es decir, estos propietarios instalan sus propias placas para la generación compartida de energía eléctrica. Se conocen como ‘huertos urbanos caseros’ cuando los terrenos se encuentran en zonas urbanas aunque generalmente alejadas del casco interior. En cualquier caso, su objetivo es el mismo: utilizar la electricidad generada para uso personal o venderla a la red.

Lógicamente, el emplazamiento del huerto solar debe contar con las mismas características favorables que una planta fotovoltaica: suelos de mínimo desnivel para orientar los paneles con el máximo aprovechamiento solar y emplazamientos bañados por una elevada irradiación solar para optimizar su rendimiento.

Un ejemplo considerado emblemático: la base militar de Nellis, en el desértico estado de Nevada (Estados Unidos). Hoy, su huerto de 14 MW (megavatios) cubre el 25% de las necesidades de energía de la base y beneficia a más de 12.000 personas.

Tecnología barata, clave de inversión

Algunos países como España incentivaron años atrás la generación de energía renovable. Cada kilovatio/hora producido recibía una prima, lo que movió a muchos inversores a emprender negocios como los huertos solares. La subvención implicaba rentabilidad. Pero esas retribuciones bajaron primero y luego desaparecieron.

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Hoy su principal estímulo a la inversión es más sólido: la drástica reducción en el coste de la tecnología de los paneles respecto a 10 años atrás. Las placas han aterrizado incluso en las tiendas de gran consumo. Según el último Informe sobre los Costes de Generación de Energía Renovable 2019, de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), «la energía solar fotovoltaica a escala de servicio público ha registrado el mayor descenso de costes desde 2010, con un 82%, seguida de la energía solar de concentración, con un 47%, la eólica terrestre, con un 39%, y la eólica marina, con un 29%».

Asociación, asesoría y ley

Otros requisitos para facilitar la viabilidad del huerto: una extensión suficiente, ya que su capacidad de generación respecto a las plantas profesionales es mucho menor. Si el proyecto es comunitario, la unión de varios socios permite disminuir los costes para comprar o alquilar el suelo, adquirir e instalar los equipos y cubrir los servicios de mantenimiento y de conexión a la red eléctrica.

En cualquier caso, y con las excepciones propias de la legislación en cada país, la iniciativa de explotar un huerto solar suele necesitar el aval de una empresa instaladora certificada que asesore a los inversores sobre todos los detalles legales y técnicos del proyecto.

Las instalaciones fotovoltaicas espontáneas no suelen estar permitidas y los huertos solares deben contar con el visto bueno de las autoridades competentes, con un certificado específico y un contrato firmado con la compañía eléctrica para su enganche a la red.

El negocio agrovoltaico

Un concepto reciente merece la etiqueta de huerto solar en sentido estricto: la energía agrovoltaica logra la simbiosis entre agricultura y generación de electricidad renovable por vía solar, ya que los paneles fotovoltaicos se instalan en el mismo terreno de un cultivo.

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Se trata de un modelo de explotación doble que desarrollan algunos países punteros como Francia, Estados Unidos, Japón o Alemania. La coexistencia de paneles solares con cultivos operativos cuenta con un potencial interesante al expandir la disponibilidad de suelo y combinar la rentabilidad de ambos sectores, agroalimentario y energético. Sin embargo, está dando sus primeros pasos y es pronto para confirmar esa expectativa.

Algunos productos hortícolas como los tomates y los pimientos necesitan una elevada exposición al sol, pero otras especies como la lechuga, la espinaca, la acelga, los guisantes, las patatas, el perejil, las fresas o los arándanos no tienen tanta dependencia del astro y pueden crecer bajo la sombra de los paneles. Se prestan mejor al modelo agrovoltaico.

Paneles elevados, traslúcidos, bifaciales…

Otro reto que enfrenta este modelo emergente es la distribución irregular de las lluvias. Las partes de los cultivos situadas bajo placas fotovoltaicas que actúan como un paraguas, pueden recibir un volumen menor de riego. Además, los trabajos de mecanización agrícola se topan con el obstáculo de estos equipos cimentados en el terreno.

¿Cómo solucionar estos inconvenientes? Para garantizar una coexistencia eficiente entre generación eléctrica y agricultura, la industria fotovoltaica ensaya paneles solares más elevados que permitan un paso más homogéneo de la luz y la lluvia.

Entre los distintos tipos de paneles fotovoltaicos ya existen algunos semitransparentes para franquear el paso a la radiación solar. Además la evolución tecnológica podría generalizar en el futuro paneles de tipo bifacial que optimizan el rendimiento y otros orgánicos, compuestos de carbono y no de silicio, que pueden sujetarse en superficies irregulares.

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