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Economía circular: conoce cuál es el proceso de reciclaje de la ropa

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Recoger, tratar y reciclar prendas usadas es técnicamente más difícil de lo que parece, ya que hay que separar fibras a menudo mezcladas y mantener la calidad para fabricar nuevas prendas. Pero será necesario si se quiere evitar el enorme impacto ambiental del sector y apostar por la sostenibilidad. Así avanzan la investigación, la tecnología y las empresas especializadas.

El mercado de segunda mano ha sido hasta ahora la única solución para alargar la vida de la ropa. Es una opción al alza: entre 2012 y 2020 las ventas de prendas usadas aumentaron 2,5 veces y los 36.000 millones de dólares que previsiblemente facturará en 2021 podrían duplicarse en 2025, según ThredUp.

Incluso con esa segunda oportunidad, los artículos textiles terminan agotando su vida útil y de ahí que el cambio de modelo de la economía circular estimule la tecnología de reciclaje, es decir, fabricar nuevas prendas a partir de las fibras de las desechadas. También apuesta por nuevos modelos de consumo, como la ropa ética y sostenible o la rotación de prendas que después de un tiempo pasan a un siguiente usuario debidamente higienizadas y a partir de aplicaciones ‘online’ para organizar ese intercambio.

Impacto ambiental de la industria

El objetivo de todas estas medidas es reducir un consumo excesivo de prendas y por extensión de recursos y energía junto con sus emisiones vinculadas. Por cada kilogramo de producto acabado, es decir, de prendas a la venta, se emiten 3,6 kg de CO2, según un estudio de investigadores peruanos. Y de acuerdo con la organización ecologista WWF, la industria del algodón consume el 24% de los insecticidas y el 11% de los pesticidas en el mundo.

Desde la legislación se está fomentando el reciclaje textil. Así, la recogida selectiva de telas será obligatoria en la Unión Europea en 2025, como ya lo es del vidrio, el plástico o el papel —en Alemania el 75% de los textiles ya se recolectan por separado—. Después de la recogida, la ropa reutilizable debe separarse de la no reutilizable, un proceso muy laborioso ya que el primer tipo puede clasificarse en cientos de subgrupos.

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Nuevas tecnologías

Hasta ahora el reciclaje textil se ha realizado mediante métodos mecánicos como el triturado de material. Pero, según Enric Carrera, director del Institut d'Investigació Tèxtil i Cooperació Industrial de Terrassa (INTEXTER), de la Universitat Politècnica de Catalunya, estos materiales regenerados consisten en “fibras cortas y la calidad del hilo resultante es más baja, hay que mezclarla con fibra virgen para que tenga calidad suficiente”.

Hoy el reto es el reciclaje químico, que también se ensaya en el reciclaje de plásticos con el mismo objetivo de evitar que los sucesivos reciclajes degraden la calidad de la materia prima. Supone todo un desafío tecnológico: “No es fácil reciclar un material con varias fibras y productos químicos incorporados”, explica Carrera. Y también un reto de negocio: “En el momento en que aumente la oferta de este residuo, su valor disminuirá”. Por eso, según el experto, conviene centrarse en reutilizar las fibras de poliéster y algodón, el 80% de la cuota total en el mundo.

Reciclar textiles abarca varios procesos, de acuerdo con los científicos austriacos Benjamin Piribauer y Andreas Bartl. El reciclaje de productos, que no modifica la constitución química y física de los materiales de desecho (un ejemplo sería el uso de fibras como material de relleno). El reciclaje de material, que cambia la constitución física pero no la química del material (la fusión de los textiles de poliéster y el posterior rehilado en nuevas fibras puede clasificarse así). Por último, el reciclaje de materia prima altera tanto la constitución química como física del material y su principal aplicación sería convertir los polímeros de los materiales fibrosos (macromoléculas compuestas) en sus monómeros (moléculas simples) más sencillos para un nuevo uso.

Un reto complicado

Por lo tanto el reciclaje textil se considera muy complejo debido a que, en la mayoría de casos, las prendas mezclan dos o más materiales que es preciso separar. Y no se trata solo de una camiseta “50% algodón, 50% poliéster”, incluso las prendas “100% algodón” integran etiquetas e hilos fabricados con poliéster. Los pantalones vaqueros o 'jeans' de algodón seguramente estén mezclados con elastano (un tipo de fibra sintética) y otros materiales como cremalleras, botones, remaches, hilos y tintes que se conocen como “ruido químico”. El abanico de materiales artificiales y naturales (vegetales como el algodón o animales como la lana) es, pues, amplísimo.

“Los textiles son bastante heterogéneos”, explica Andreas Bartl. “Algunos consisten en materiales de una sola fibra (algodón, polímero plástico PET, poliamidas, etc.), pero suelen ser mezclas de fibras diferentes. Por ejemplo, un polímero con elastano. Incluso podemos encontrar otras combinaciones de fibras como algodón/PET, viscosa/PET o mezclas más complejas con tres o más materiales de fibras diferentes. Se complican aún más ya que pueden contener modificaciones como la hidrofilización o tratamientos para aumentar la resistencia al fuego”.

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Innovación paso a paso

En todo caso, el reciclaje supone descomponer el tejido en fibras sueltas que pueden volver a formar un hilo base. Tradicionalmente se ha usado para este proceso la máquina Garnett, con tambores giratorios y pasadores metálicos que destruyen la estructura textil. Pero en los últimos años se han desarrollado tecnologías que mejoran la eficiencia de las diferentes fases.

Por ejemplo, para identificar y clasificar tejidos, los investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) han desarrollado un sistema que detecta la composición por radiofrecuencia. Podría optimizar la clasificación ya que a menudo sigue haciéndose de forma manual a partir de la información no siempre exacta de las etiquetas. Está a punto de superar su fase experimental y al ser un método automatizado y de bajo coste podría realizarse de forma masiva.

La empresa finlandesa LSJH, en colaboración con la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lahti y el fabricante de equipos de sensores de materiales Spectral Engines, ha implementado otra tecnología para clasificar desechos textiles. Emplea sensores infrarrojos, frecuentes en el reciclaje de envases de plástico pero hasta ahora no aplicados en el ámbito textil. Sus desarrolladores esperan que esta tecnología de reconocimiento óptico mejore la fiabilidad de la identificación de fibras en telas y contribuya a mejorar la calidad de los productos reciclados.

En cuanto al proceso de reciclaje en sí, “una de las técnicas disuelve la celulosa del algodón, la otra convierte el poliéster, que es un polímero, en un monómero para utilizarlo posteriormente. Actualmente existen plantas que producen una o dos toneladas al año”, explica Enric Carrera. En 2017, el alemán Bernhard Müller patentó un método que, en un primer paso, somete las fibras de celulosa a hidrólisis (descomposición por acción del agua). A continuación, las fibras sintéticas restantes se pueden separar mecánicamente en fibras individuales que podrían utilizarse para producir hilos con los que tejer nuevas telas.

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Proyectos y empresas especializadas

RESYNTEX es un proyecto de investigación (financiado por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea) para fomentar la economía circular en la industria textil, que implica procesamientos bioquímicos para transformar la glucosa en bioetanol, el poliéster en nuevas botellas hechas con este material o algunas proteínas en resinas o adhesivos. Por su parte, el proyecto de investigación austriaco TEX2MAT desarrolla procesos de reciclaje para textiles de múltiples materiales que separan poliéster y algodón mediante una técnica innovada por la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena.

Además existen empresas dedicadas al reciclaje de ropa como las alemanas I:CO y Soex, que cubren todo el proceso desde la recogida de prendas en puntos de todo el mundo a su clasificación y su reutilización o reciclaje. El Grupo TRI, la firma de reciclaje textil más grande del Reino Unido, recolecta, procesa, reutiliza y recicla anualmente más de 400 millones de prendas usadas, textiles para el hogar y zapatos en cuatro plantas industriales. Y varias ‘startups’, como la francesa Carbios, la sueca re:newcell, la australiana BlockTexx o la estadounidense Circ, se han especializado en extraer las fibras originales de los tejidos.

En el futuro no habrá una técnica ganadora, sino que, como indica Andreas Bartl, “convivirá un conjunto de tecnologías de reciclaje y, dependiendo de las propiedades textiles, se aplicará la más adecuada”. Pero siempre con el objetivo común de reducir drásticamente el impacto ambiental de la industria y el consumo.

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