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El papel del ferrocarril en la apuesta por la movilidad sostenible

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El tren es un medio de transporte electrificado en gran medida, emite mucho menos CO2 que los viajes aéreos o por carretera y sufre menos accidentes. En la Unión Europea se postula como pieza clave en la movilidad descarbonizada para 2050. ¿Volverá el ferrocarril a ser el gran olvidado?

En febrero de 2020, el Ministerio Federal de Transporte e Infraestructura Digital alemán desempolvó una marca mítica, Trans Europ Express (TEE), que funcionó de 1957 a 1984 y llegó a conectar 8 países y 130 ciudades europeas, y propuso relanzarla, versión 2.0., como una red de servicios ferroviarios internacionales de alta velocidad y larga distancia (al menos tres países recorridos) para promover la mitigación del cambio climático y la movilidad sostenible. El proyecto TEE 2.0. está cargado de simbolismo, empezando por su nombre, que apela a la cohesión e integración del continente. Y llega en el momento oportuno, cuando la propia Comisión Europea reconoce que para cumplir los objetivos de su Pacto Verde y la neutralidad de carbono en el año 2050 necesita una red ferroviaria potente y de calidad.

“La vergüenza de volar y la necesidad de reducir las emisiones de CO2 se han convertido en poderosos aliados de los trenes transfronterizos, con mucho menos impacto climático que los aviones y el transporte por carretera”, asegura Mónica Vidal, directora de Políticas Públicas y Gobernanza Climática de ECODES, socio español de Europe on Rail, iniciativa de varias organizaciones sin ánimo de lucro de Polonia, Alemania, Francia, España y Bélgica que trata de conseguir apoyo para un renacimiento del ferrocarril en Europa. “Es el momento de apostar por el transporte ferroviario en su conjunto como uno de los pilares fundamentales que nos lleven a lograr la descarbonización”, añade.

El Pacto Verde Europeo contempla reducir las emisiones del transporte de la UE en un 90 % para mitad de siglo. La Estrategia de Movilidad Sostenible e Inteligente, presentada a finales de 2020, da algunas pistas del cómo conseguirlo cuando prevé, entre otras apuestas, que el tráfico ferroviario de alta velocidad se haya duplicado en todo el territorio europeo para 2030, y que para 2050 lo haya hecho el tráfico de mercancías por ferrocarril. Actualmente este medio transporta alrededor del 13 % de la carga y del 7 % de los pasajeros totales, según el séptimo informe de seguimiento sobre la evolución del mercado ferroviario de la Comisión Europea, con datos de 2018.

2021, Año Europeo del Ferrocarril

En junio de 2020, 24 estados de la UE acordaron impulsar el transporte ferroviario internacional y declararon 2021 como el Año Europeo del Ferrocarril. Sus promotores animan a escogerlo porque es diverso, “no es solo para turistas y viajeros, también para las empresas y los transportistas de mercancías"; es asequible, cómodo y seguro. Pero, sobre todo, porque es verde y sostenible: “Está electrificado en gran medida y emite mucho menos CO2 que los viajes equivalentes por carretera o aire. Representa el 0,4 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea, mientras que el transporte, en total, supone el 25 %. Es el único medio de transporte que entre 1990-2017 ha reducido sus emisiones y consumo de energía, al tiempo que utiliza cada vez más fuentes de energía renovables”. Según la Agencia Internacional de la Energía, el transporte de mercancías es el responsable del 10 % de las emisiones globales de CO2. Estas cifras han hecho saltar las alarmas y, por ello, las principales empresas de carga en ferrocarril, englobadas en la coalición Rail Freight Forward, trabajan para que en 2030 el ferrocarril asuma el 30 % del transporte de mercancías.

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El gran olvidado

Europe on Rail ha elaborado el estudio ¡Súbete al tren!: Un renacimiento ferroviario para Europa, que hace un diagnóstico bastante pesimista de la situación. “El sistema ferroviario europeo no está en la mejor forma para asumir un papel central en los sistemas de transporte. En casi todos los Estados miembros su importancia ha disminuido en los últimos decenios debido a la gran importancia que se da a la carretera y a la aviación”, puede leerse en sus páginas. “Los servicios ferroviarios internacionales, en particular, no están suficientemente desarrollados. De los 365 enlaces ferroviarios transfronterizos que existían, 149 no estaban operativos en 2018 [...] El sistema ferroviario de la UE no es más que un mosaico de sistemas nacionales, sin una estrategia europea global”, sentencia.

“No entendemos por qué cuando todas las políticas van encaminadas a reducir la huella de carbono, el ferrocarril es el gran olvidado. Es la modalidad más sostenible, consume 6 veces menos energía que el movimiento por carretera, emite 9 veces menos CO2 y sufre un 85 % menos de accidentes”, comenta Isabel Núñez, gerente de Medio Ambiente de Transfesa Logistics, uno de los primeros operadores logísticos de España, participado por capital alemán y la compañía Renfe.

El informe de Europe on Rail apuesta por lanzar nuevos servicios internacionales directos, de día y de noche, en la infraestructura existente, que unan las grandes ciudades europeas; por hacer que la reserva de servicios internacionales sea “atractiva y conveniente”; y por invertir en conexiones de infraestructura transfronteriza y en corredores clave. “Hacen falta inversiones en infraestructura ferroviaria, una mayor cooperación transfronteriza, opciones de compra simplificadas y una fiscalidad justa", resume Jérémie Fosse, director de Eco-Union, el otro socio español de Europe on Rail.

El estudio subraya el fuerte movimiento pro-tren que vive hoy Europa, y que exhorta a aprovechar. Al apoyo político hay que sumar el de las ONG y el social. La encuesta sobre el clima 2020-2021 del Banco Europeo de Inversiones preguntó a entrevistados de varias regiones del mundo sobre las cosas a las que estarían dispuestos a renunciar por luchar contra el cambio climático. El 37 % de los ciudadanos chinos, el 22 % de los europeos y el 22 % de los estadounidenses contestaron que evitarían volar una vez que se levanten las restricciones de viaje relacionadas con la COVID-19. El 42 % de los europeos añadió que tomaría sus vacaciones en su propio país o en un país cercano para minimizar sus emisiones de carbono.

Foto cabecera: Agencia EFE

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