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Hidrógeno verde: ¿Una oportunidad durante la transición energética?

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El hidrógeno está en la lista de energías que pueden contribuir a la transición verde. Para ello, hay que acelerar su producción limpia, resolver el almacenamiento y definir en qué sectores será más eficiente y seguro. Los expertos prevén que la economía del hidrógeno verde multiplicará su valor.

Medía seis metros de largo y pesaba casi una tonelada. El tatarabuelo de los coches actuales, bautizado en su día como el gran carro mecánico, se levantaba del suelo sobre cuatro ruedas de cerca de dos metros de diámetro. Amanecía el siglo XIX y con él el primer vehículo de combustión interna de la historia. En el centro de todo, el motor de Rivaz, bautizado en honor a su inventor Isaac de Rivaz. Un motor que funcionaba a base de hidrógeno.

El hidrógeno como combustible puede sonarnos hoy a futuro, pero en realidad lleva muchos años presente como alternativa para usos industriales. Ahora, el llamado hidrógeno verde, en cuya producción se usa electricidad de origen renovable y no se generan gases de efecto invernadero, está llamado a ganar protagonismo en la transición energética.

Los retos del hidrógeno para el futuro

“El hidrógeno y la energía tienen una larga historia compartida. Es liviano, almacenable, energéticamente denso y no produce emisiones directas de contaminantes o gases de efecto invernadero”, explican en el informe The Future of Hydrogen de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). “Pero para que el hidrógeno tenga una contribución significativa en la transición energética, debe ser adoptado en sectores donde está ausente, como el transporte, los edificios y la generación de energía”.

Sin embargo, el futuro del hidrógeno está plagado de retos. Desde su producción limpia –en la actualidad, más del 90 % se genera a partir de combustibles fósiles– hasta su almacenamiento, pasando por definir aquellos sectores en los que sea más eficiente y seguro su uso. Según el panel de expertos de The Conversation, los casos en los que el hidrógeno verde puede ser más útil para avanzar en la transición energética son:

  • Transporte pesado y ferroviario. La electrificación de los vehículos ligeros es una opción real, pero el uso de baterías se vuelve complicado en vehículos de gran tonelaje y trenes. En estos casos, el hidrógeno puede ser una alternativa para acelerar la descarbonización del transporte. Eso sí, siempre que su producción se haga a partir de la electrólisis del agua con energías renovables y no a partir de combustibles fósiles.
  • Aviación. Igual que en el caso anterior, contar con grandes aviones eléctricos es imposible con el estado actual de la tecnología. Sustituir los combustibles pesados que se usan hoy en día por hidrógeno tampoco será fácil. La menor densidad energética de este elemento implica que los aviones deberán ser rediseñados para cargar con más peso. Además, la alta volatilidad del hidrógeno hace que se multipliquen los riesgos para la seguridad.
  • Almacenaje energético. Las energías renovables son una fuente intermitente de electricidad. Para usarlas de forma estable, es necesario almacenarlas; y el hidrógeno es una clara alternativa para guardar energía en momentos de exceso de producción. En este sentido, el mayor reto es el almacenaje del gas. Al ser tan ligero, es prácticamente imposible evitar fugas constantes.
  • Industria pesada. Hoy por hoy, industrias como la petroquímica o todas aquellas que necesitan altas temperaturas no pueden depender de la electricidad. El hidrógeno es ya una alternativa en muchas de ellas y podría ganar relevancia en la transición energética industrial a corto plazo.
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“El hidrógeno es una solución para determinadas funciones. Pero para sustituir a los miles de millones de toneladas de petróleo equivalente que consume el mundo anualmente no lo es”, explica Pedro Prieto, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN). “Para producir y transportar el hidrógeno hay que gastar más energía que la que luego se consigue cuando se quema. Es decir, el hidrógeno libre en la naturaleza no existe. No es una fuente de energía como tal, sino un vector energético”.

El apoyo público y la promesa económica

La demanda de hidrógeno para usos industriales no ha dejado de crecer en los últimos 50 años. Según la AIE, anualmente se producen casi 75 millones de toneladas de hidrógeno, pero la gran mayoría sigue haciéndose a partir de combustibles fósiles (hidrógeno marrón). Esta producción está llamada a multiplicarse en los próximos años gracias, sobre todo, a una nueva ola de apoyo público que ha visto en el hidrógeno verde un camino para acelerar la transición energética.

La mayor apuesta hasta el momento se ha producido desde la Unión Europea, que ha situado el hidrógeno como uno de los pilares de su Green Deal y de la recuperación verde de la región tras la pandemia. La estrategia comunitaria pasa por descarbonizar primero la producción actual de hidrógeno e integrar el combustible en el sistema energético de la región (todo antes de 2030). Para la próxima década, el hidrógeno verde, sostienen las autoridades europeas, será ya una alternativa madura que pueda desplegarse a gran escala.

La estrategia de la UE pasa por subvencionar esta industria emergente, sobre todo, para abaratar los costes de producción. En la actualidad, el hidrógeno marrón cuesta alrededor de 1,5 euros por kilo (varía en función del precio del petróleo) y el verde alcanza los 5,5 euros por kilo. Ninguno de ellos es competitivo frente a gases como el metano. Sin embargo, los costes de la tecnología y, en particular, de la electrólisis con la que se produce hidrógeno a partir de agua, se han desplomado más de un 60 % en los últimos años. Los planes de la UE pasan por seguir bajando los precios y convertir el hidrógeno verde en una alternativa asequible para 2030.

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Los compromisos del Acuerdo de París para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero antes de mitad de siglo están forzando a cada vez más empresas y países a apostar por estrategias de descarbonización ambiciosas. El hidrógeno permite, al menos sobre el papel, una transición tranquila: eliminar emisiones sin alterar el sistema económico. Esto, unido al espaldarazo público que suponen estrategias como la de la Unión Europea, hace que muchos analistas hayan señalado las oportunidades económicas del hidrógeno verde.

Según los pronósticos de Morgan Stanley, la economía del hidrógeno multiplicará su valor en los próximos años. De los 180.000 millones de dólares que mueve en la actualidad, podría pasar a superar los 2,5 billones de dólares a mitad de siglo. En el camino, eso sí, reconocen que quedan muchas incógnitas por resolver.

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