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Hornos eléctricos: cómo ahorrar en el consumo y la factura energética

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Es uno de los electrodomésticos básicos para cocinar y de los que consume más energía. Pero puede usarse con sentido común para reducir el gasto: desde elegir el tamaño adecuado para optimizar su capacidad, a tener en cuenta la etiqueta de eficiencia energética para ahorrar a largo plazo.

"No pongo el horno a precalentar salvo para platos que necesiten mucha temperatura durante un corto espacio de tiempo". La medida que ha adoptado en su propia cocina Vanesa Ezquerra, arquitecta experta en el certificado Passivhaus y en arquitectura sostenible, es una de la que recomiendan los expertos para reducir el consumo del horno eléctrico.

"No es necesario precalentar para cocciones superiores a una hora", indica una guía práctica del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). "El horno es un gran consumidor al generar calor a altas temperaturas en un periodo muy breve de tiempo". Sin embargo, "su consumo total no es de los mayores, ya que se utiliza con menos frecuencia que otros electrodomésticos", matiza.

Ese consumo de electricidad se refleja en el etiquetado energético que, en el caso europeo, es obligatorio y distingue tres tipos de tamaños según el volumen —pequeño, mediano y grande— y siete clases entre la A y la G, de mayor a menor eficiencia. "Un horno de clase G consumirá más del doble de energía que uno de clase A", apunta el IDAE.

Eficiencia en América Latina

Los códigos y esquemas de eficiencia energética en electrodomésticos no son homogéneos en América Latina, como apunta el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Hay países donde son obligatorios, en otros son voluntarios, y en algunos aún no existen. Brasil fue pionero y allí rigen dos tipos de etiqueta: comparativa (de la A a la E) y de garantía, creada en el marco del Programa Nacional de Conservación de Energía Eléctrica (PROCEL). En Uruguay funciona el mismo esquema alfabético de la A a la E, mientras Argentina, Ecuador o Chile aplican un código similar al de la Unión Europea. México ha optado por una etiqueta de garantía y otra comparativa, expresada no en letras sino en porcentajes de consumo.

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El consumo energético de un horno eléctrico, expresado en kilovatios/hora (kWh) y con carga normal, será menor a 0,80 kWh en un aparato de tamaño medio y clase A. Entre 1,20 y 1,40 kWh en uno de igual tamaño de clase D. Y a partir de 1,80 kWh en uno también mediano, pero de clase G. "Pueden superar los 3.000 vatios de potencia eléctrica, pero no de forma constante, cuando llegan a la temperatura programada se apagan durante un rato, por lo que el consumo real es menor", explica la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). "Cocinar un pollo supone un consumo de 1,5 kWh y preparar un bizcocho, la mitad".

Esta organización enumera varios modelos de hornos:

  • Convencionales. "Cuentan con una resistencia en la parte de arriba (o bóveda) y otra en la parte inferior (o solera) que calientan el aire. Son económicos, pero limitados. Solo se recomiendan si no lo utilizas mucho, y no puedes gratinar".
  • Multifunción. "Además de las resistencias arriba y abajo, cuentan con grill y un ventilador que mueve el aire por convección. Sus diferentes programas facilitan la preparación de más tipos de recetas e, incluso, dos comidas a la vez. Se recomiendan especialmente si sueles hornear piezas grandes como pollos enteros o piernas de cordero".
  • A vapor. "Cuentan con un depósito de agua que se rellena antes de ponerlos en marcha y produce vapor durante el cocinado. Según sus fabricantes, esta cocción al vapor mantiene mejor las propiedades de los alimentos y no los reseca. Su inconveniente: son caros".
  • Con función microondas. Hornos multifunción de alta gama que tienen también la posibilidad de calentar la comida mediante microondas. Su precio también es elevado.
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Ventilación y auto limpieza

El artículo 'Cocinar con buenos hábitos' de ECODES (Fundación Ecología y Desarrollo) recomienda la modalidad de ventilación. "El calor se distribuye más homogéneamente en la cavidad, lo cual permite hornear varias bandejas a la vez y tener los mismos resultados a temperaturas más bajas".

Existen modelos con un sistema de auto limpieza catalítica: "Llevan paneles de superficie rugosa que descomponen la grasa y la suciedad en dióxido de carbono y agua", apunta la OCU. Los hornos pirolíticos, por su parte, limpian aumentando la temperatura interior del horno (a casi 500 ºC), lo que carboniza los restos de grasa y alimentos.

ECODES señala que la modalidad pirolítica es la que más energía consume y sugiere utilizar la limpieza hidrolítica, "mucho más eficiente y ecológica". Consiste en un baño de vapor de agua que reblandece y desprende la suciedad. Se puede hacer de forma casera introduciendo un recipiente con agua.

"No hay que abrir la puerta del horno todo el rato para ver si la cocción ya está lista, o evitar que se queme. ¡Para eso ya está el cristal de la puerta!", concluye Ezquerra. "Cada vez que lo abra estará perdiendo un mínimo del 20 % de la energía acumulada en su interior", alerta el IDAE.

Los expertos recomiendan comprar hornos de tamaño adecuado al uso, aprovechar al máximo su capacidad cocinando de una vez el mayor número de alimentos y apagarlos un poco antes de finalizar la cocción, que se completará con ese calor residual. No son partidarios de usar hornos eléctricos para descongelar o mantener templada la comida, e invitan a emplear el microondas que es más rápido y consume menos.

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