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La dieta andina sube al podio de la alimentación saludable

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Alrededor de los Andes existe gran diversidad geográfica, diferentes altitudes donde se cultivan frutas y verduras, microclimas y las aguas frías del Pacífico, que se convierten en un hábitat perfecto para mariscos y pescados. Por eso la dieta andina es sana y sostenible.

Cuando los primeros descubridores españoles llegaron a lo que hoy es Perú, los indios celebraban en el mes de agosto la ‘fiesta de la salud’. Durante ese día se comían manjares sin parar. Preparaban una pasta con maíz molido y agua y se untaban la cara y el cuerpo con ella y hacían ofrendas a los difuntos con esa misma pasta para pedirles salud y que pudieran disfrutar de aquella gran fiesta de la comida, que duraba seis días.

Más de 500 años después, los andinos siguen regalándose alimentos nutritivos y deliciosos a través de su dieta. Ahora lo hacen a diario, no solo seis días al año. Porque la diversidad gastronómica de la zona es apabullante. Se basa en otra diversidad, la geográfica. Alrededor de la cordillera de los Andes existen diferentes altitudes donde se cultivan frutas y una gran cantidad de verduras. Estas diferencias en la altura sobre el nivel del mar provocan que haya varios tipos de microclimas en la zona y, con ellos, tierras que pueden cultivar una amplia gama de materias primas.

Pero no solo es la altitud. Las aguas frías del océano Pacífico, que baña las costas de países como Ecuador, Perú, Colombia y Chile son un hábitat perfecto para un buen número de variedades de mariscos y pescados.

De tierras andinas proviene el tomate, la calabaza, la chirimoya, todas las variedades de patatas y el maíz. También la quinoa, los aguacates y la yuca, entre otros muchos alimentos.

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Alto valor nutritivo

Hoy en día, la dieta andina sigue estando entre las más saludables y sostenibles que existen. La quinoa, la kiwicha, la cañihua y el tarwi, entre otros, son capaces de combatir la desnutrición. Estos cuatro cultivos constituyen el mejor ejemplo del enorme potencial peruano en diversidad alimentaria. Además, tienen un altísimo valor nutritivo. Alimentos como el gusano suri también hacen que su gastronomía sea más rica y diversa.

“La dieta andina –consumida en su región de origen– tiene baja huella de carbono debido a que los cultivos son de carácter extensivo –con rotación–, el pescado procede fundamentalmente de actividades artesanales, tiene un bajo contenido en carnes y las frutas están muy relacionadas con la temporada”, explica Gumersindo Feijoo, catedrático de Ingeniería Química y licenciado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. “Obviamente, si sigo la dieta andina en Santiago de Compostela ya no sería de las sostenibles, pues tendría que importar la mayoría de los alimentos que la constituyen y su transporte tendría un impacto”.

El experto describe así la dieta andina: “Es aquella conformada por todos los productos oriundos del Perú. Incluye patatas, multitud de cereales (como la quinoa, maca y kiwicha), frutas (la guanábana, el aguaymanto y la carambola) y mariscos y pescados (ingredientes esenciales del cebiche). Presenta un excelente equilibrio entre los aspectos nutricionales y de sostenibilidad. El excesivo consumo de carne, por ejemplo, supone un lastre importante en otras dietas”.

Más que una dieta sostenible existe un grupo de dietas sostenibles, que son las que tienen un mayor índice nutricional y menor huella de carbono. Una dieta tradicional variada y de temporada es una buena receta para evolucionar a la sostenibilidad.

La dieta vegetariana es otra de las más sostenibles. De hecho, si consideramos un consumo de vegetales que tengan mayor “distancia” entre su lugar de producción y consumo, el impacto ambiental aumenta exponencialmente.

Claves de una dieta saludable

En general, una dieta saludable tiene que ser:

  1. Completa

    Debe aportar todos los nutrientes que necesita el organismo: hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua.

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  2. Equilibrada

    Los nutrientes deben estar repartidos guardando una proporción entre sí. Así, los hidratos de carbono (CHO) han de suponer entre un 55 y un 60 % de las calorías totales al día; las grasas, entre un 25 y un 30 %, y las proteínas, entre un 12 y un 15 %.

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  3. Suficiente

    La cantidad de alimentos ha de ser la adecuada para mantener el peso dentro de los rangos de normalidad y, en los niños, lograr un crecimiento y desarrollo proporcional.

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  4. Adaptada

    A la edad, al sexo, a la talla, a la actividad física que se realiza, al trabajo que desarrolla la persona y a su estado de salud.

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  5. Variada

    Debe contener diferentes alimentos de cada uno de los grupos (lácteos, frutas, verduras y hortalizas, cereales, legumbres, carnes y aves, pescados, etc.).

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La dieta andina es saludable, pero lejana. En países como España, por ejemplo, el acceso a estos productos es limitado, especialmente a los granos como la quinoa. Sin embargo, la dieta mediterránea también se encuentra entre las más saludables. Enfatiza el consumo de verduras, frutas, legumbres y hortalizas, así como cereales integrales, pescado, carnes blandas, frutos secos y aceite de oliva.

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