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Por qué debería preocuparnos la isla de basura del Pacífico

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Este término tan gráfico bautiza a una acumulación de plástico tres veces más extensa que España y con cerca de 80.000 toneladas de desechos flotantes al norte del Pacífico. Además de causar graves daños a los ecosistemas locales, los microplásticos no biodegradables que acumula desde los años setenta envenenan a miles de especies marinas y pueden llegar a la dieta humana.

En un área oceánica entre Hawai y California se mece una isla de 1,6 millones de kilómetros cuadrados hecha de plástico. Un horizonte de botellas, tapones, cintas de embalar, sogas, redes de pesca y hasta inodoros, pero sobre todo de trozos de plástico de pequeño tamaño. Su peso estimado: nada menos que 79.000 toneladas.

Una isla, pero no porque se pueda hacer pie en ella, sino por la acumulación de residuos no biodegradables y empujados hasta esa zona por el sistema giratorio de las corrientes marinas y los vientos, particularmente por el vórtice del Pacífico Norte. No es la única, pero sí la más grande. El Atlántico aloja otras dos, una al norte y otra al sur, y en la última década se han descrito otras dos grandes balsas de la misma naturaleza en el Índico y el Pacífico sur.

Cómo afecta a la cadena alimentaria

Los plásticos amenazan la fauna y la flora marinas, con consecuencias tan graves como el envenenamiento por productos tóxicos. Además, la cadena alimentaria puede servir ese peligro en las mesas: los peces pequeños ingieren microplásticos que, al no ser biodegradables, pasan intactos a otros peces mayores y de ellos a los organismos humanos. Esa inmensa mancha plástica también impide que la luz del sol llegue a las algas y al plancton de los que muchas especies marinas se nutren, lo que interrumpe la cadena trófica y causa un serio trastorno al ecosistema.

Esa montaña de basura dibuja uno de los símbolos más visibles de la contaminación plástica, que cada año hiere o estrangula a 100.000 animales marinos como ballenas, focas y tortugas. Las noticias sobre residuos de plástico hallados en los estómagos de estas especies son recurrentes en la prensa. No hay que olvidar la total dependencia humana del agua para el progreso, más allá de la supervivencia. De la importancia del agua dulce en primera instancia, pero de los océanos también en gran medida.

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Cada vez utilizamos más objetos de plástico

Historia de la basura acuática

Los primeros avistamientos de la isla datan de finales de los ochenta y desde entonces se ha estudiado y tratado de remediar, pero sin demasiado éxito: la superficie y la cantidad de desechos no ha dejado de crecer. Así lo revela el estudio de 2018 publicado en ‘Scientific Reports’ por un equipo científico que mapeó el lugar por medios aéreos y marítimos y analizó los residuos. Su conclusión: había crecido 16 veces desde las últimas mediciones rigurosas.

El informe, promovido por el joven conservacionista holandés Boyan Slat, explica que “más de las tres cuartas partes de la masa de la Gran Mancha de Basura Plástica está formada por residuos de más de cinco centímetros y al menos el 46% está compuesto por redes de pesca”. Los microplásticos representan el 8% de la masa, pero alcanzan el 94% de los 1.800 millones de piezas estimadas en total. “El plástico recolectado presenta características específicas: solo una pequeña proporción del volumen está en superficie, lo que indica que solo ciertos tipos de desechos tienen la capacidad de persistir y acumularse a ese nivel. Nuestros resultados sugieren que la contaminación plástica del océano dentro de la mancha está aumentando exponencialmente y a un ritmo más rápido que en las aguas circundantes”, explica el informe.

Sin fecha de caducidad

Aunque también viven algas y plancton en la isla, los residuos plásticos constituyen el 99,9% de los elementos que integran la mancha. De 50 objetos encontrados en el amasijo que aún conservaban su fecha de producción, uno databa de 1977, siete de los años ochenta, 17 de los noventa, 24 de los años 2000 y uno de la pasada década. Solo los plásticos comunes como el polietileno o el polipropileno eran lo suficientemente gruesos como para flotar. En cuanto a la procedencia, detectaron que cerca del 20% de los residuos procedía de los países afectados por el tsunami de 2011, particularmente de Japón.

El ingeniero espacial Boyan Slat, que además de participar en el informe está detrás de muchas de las iniciativas para limpiar la isla de basura, fundó con solo 18 años, en 2013, The Ocean Cleanup Foundation. Se trata de una organización sin ánimo de lucro que desarrolla tecnologías avanzadas para eliminar el plástico oceánico, con más de 80 personas en su equipo. Actualmente desarrolla un sistema pasivo de recolección de basura que acompaña a las corrientes junto con el plástico, para tratar de recolectarlo y reciclarlo. El pequeño tamaño de muchos de los trozos ha dificultado la tarea.

Además, un estudio sobre el impacto económico de la basura marina —elaborado por la fundación junto con Deloitte— estima costes anuales de entre 6.000 y 19.000 millones de dólares por la repercusión en el turismo, la pesca, la acuicultura y las tareas de limpieza. Una cantidad que aún no incluye el impacto en la salud humana y el ecosistema marino.

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