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Alimentación> Compost Act. 03 sep 2021

¿Qué es el compost y cuáles son sus fases? El poder del suelo vivo

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El compost con materia orgánica, resultado de un proceso biológico cuyo fin es estabilizar e higienizar los residuos orgánicos, es un magnífico fertilizante. Aunque sus usos y beneficios van más allá: reactiva suelos contaminados o degradados, ayuda a reciclar residuos sólidos urbanos, controla las plagas… El compostaje es parte de nuestro sustrato vital.

Hace tres décadas que las últimas minas cerraron en las montañas de Cartagena y La Unión, en la provincia española de Murcia. Eso no evita que la zona se siga llamando la Sierra Minera. Allí se extraía plata y plomo ya en tiempos de Cartago Nova, una de las ciudades más prominentes de la Hispania romana. Además de los libros de historia, existe otro elemento que recuerda el pasado de la región: la contaminación por metales pesados y residuos mineros que aún hoy se acumulan en sus ramblas y balsas.

Sin embargo, en una pequeña parcela de la localidad de El Llano del Beal, el terreno degradado ha pasado a mejor vida. Hoy, donde hace poco más de una década había un descampado desértico, se extiende una cubierta vegetal saludable, densa y autosostenible, con multitud de especies autóctonas. La fauna –sobre todo, los insectos– también ha regresado. La contaminación no ha desaparecido, pero parece haberse desactivado. El secreto está en el compost.

“En los suelos degradados, el compost aumenta la materia orgánica y la biomasa microbiana. Reactiva todos los ciclos biológicos del suelo, le devuelve la vida”, explica Pilar Bernal, presidenta de la Red Española de Compostaje. La institución donde trabaja, el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC), fue el que dirigió el estudio de recuperación de los suelos de la Sierra Minera. “Hace tiempo que terminó, pero seguimos visitando el lugar de vez en cuando para ver cómo evoluciona”.

“En este caso, hablamos de contaminantes inorgánicos, como los metales pesados. El compost actúa fijando y reteniendo estos compuestos de forma que no resulten tóxicos para las plantas. Además, frena la degradación, vuelven a activarse los ciclos de los nutrientes y las plantas regresan, creando una cubierta vegetal permanente y estable”, añade Bernal. “Aquello antes era un desierto. Hoy está lleno de plantas e insectos”.

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El compost en la agricultura y la jardinería

El uso del compost para recuperar suelos contaminados o degradados no es raro. Pero donde más se utiliza este material es en agricultura y en jardinería. El compost es el resultado de un proceso biológico que tiene el objetivo de estabilizar e higienizar los residuos orgánicos para que estos puedan ser utilizados como fertilizante. Este proceso se conoce como compostaje.

Según el ‘Manual del compostaje’ de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el compostaje es la mezcla de materia orgánica en descomposición en condiciones aeróbicas que se emplea para mejorar la estructura del suelo y proporcionar nutrientes. Se trata de un proceso controlado que libera calor, se lleva a cabo en presencia de oxígeno (aeróbico) y humedad y degrada la materia orgánica hasta convertirla en un material estable y útil como fertilizante o como sustrato.

En realidad, el compostaje imita la degradación natural de la materia orgánica, pero lo hace de forma más eficiente y controlada. “Para fabricar compost se puede utilizar cualquier residuo orgánico, aunque los más convenientes son los residuos vegetales”, señala Bernal. Aun así, son las legislaciones de cada país o territorio las que establecen qué se puede considerar compost y qué no. Según los reglamentos europeos, por ejemplo, puede producirse compost a partir de los siguientes materiales:

  • Estiércoles y purines. Es decir, las excreciones de los animales de ganadería, de contenido elevado en nitrógeno.
  • Fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos. En este caso, deben proceder solo de la recogida selectiva de orgánicos, para evitar que vengan mezclados con otros residuos como plásticos o vidrio.
  • Restos forestales o agrícolas, con preferencia por los materiales leñosos. Suelen ser residuos con alto contenido en carbono.
  • Residuos de la industria agroalimentaria, como, por ejemplo, los restos tras la extracción del aceite de oliva o del mosto para la elaboración de vino.

Más allá de aspectos legislativos, en realidad, cualquier material orgánico puede someterse a un proceso de compostaje. “Para poder tener un buen compost necesitamos, sobre todo, equilibrio entre los materiales ricos en carbono y los ricos en nitrógeno. La relación debe ser de alrededor de 25 partes de carbono por una de nitrógeno”, explica Neus Vinyals, ingeniera agrícola y coordinadora de la asociación L’Era de estudio y fomento de la agricultura ecológica.

Las cuatro fases del compostaje

El equilibrio entre nitrógeno y carbono es solo una de las claves del compostaje. Además de los dos elementos químicos que aporta la materia orgánica, el proceso se desarrolla en presencia de oxígeno y agua siguiendo cuatro fases bien diferenciadas, tal como señala el documento de la FAO.

  1. Fase mesófila

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    El proceso de compostaje se inicia a temperatura ambiente y poco a poco, con el paso de entre unas pocas horas y días, la temperatura de la mezcla va aumentando debido a la actividad de los microorganismos. “Si los microorganismos no tienen oxígeno y humedad, dejan de actuar, la mezcla acaba enfriándose y el proceso de compostaje se frena”, señala Pilar Bernal. El objetivo es alcanzar entre 50 y 70 grados centígrados.

  2. Fase termófila o de higienización

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    Una vez superados los 45 grados, los organismos que se desarrollan a estas temperaturas, los llamados mesófilos, desaparecen y son reemplazados por microorganismos que soportan hasta 100 grados, los termófilos. Esta temperatura se mantiene mientras continúa el proceso de descomposición de la materia orgánica y puede durar meses. Las altas temperaturas contribuyen a la higienización de la mezcla, ya que destruyen cualquier tipo de contaminante biológico.

  3. Fase mesófila o fase de enfriamiento

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    “Después de la fase termófila, vuelve a bajar la temperatura. En ese momento, debemos decidir si volteamos la mezcla para homogeneizarla y volver a elevar la temperatura o dejar que esta vaya bajando”, explica Neus Vinyals. En esta fase, más cercana a la temperatura ambiente, continúa la descomposición y los organismos mesófilos se reactivan.

  4. Fase de maduración

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    Tras un periodo de enfriamiento, una vez la producción del compost se ha completado, llega el momento de la maduración. Esta última fase del proceso se produce a temperatura ambiente y permite la consolidación de nuevas moléculas. Durante varios meses, el compost madura y suma nuevas poblaciones microbianas, así como nuevos grupos de organismos como anélidos, ácaros o insectos que completan la transformación.

Estas cuatro fases marcadas por el perfil térmico del proceso se repiten siempre, sea para la producción de compost en casa como para el compostaje industrial. “Las diferencias en este caso son tecnológicas. Los domésticos son compostadores pequeños en los que la aireación se realiza de forma pasiva. Suele ser un proceso lento y poco eficiente, pero el resultado puede ser muy bueno”, señala Pilar Bernal.

“A nivel industrial tenemos desde procesos muy básicos, como pilas de materia orgánica que se airean con una pala que voltea los materiales, a otros más complejos, como las trincheras en las que hay un tornillo sin fin que se encarga de airear el material constantemente”, añade. “El proceso se puede complicar, tecnológicamente hablando, hasta el infinito. Pero la gran ventaja del compost es que se puede hacer muy bien de forma muy sencilla”.

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Usos y beneficios del compost

El compostaje es una práctica cada vez más extendida, tanto para aprovechamiento de los desechos agropecuarios como para el reciclaje de los residuos sólidos urbanos. Solo en la Unión Europea se producen cada año cerca de 12 millones de toneladas de compost a partir de residuos municipales. Se hace, sobre todo, en Austria, Bélgica, Alemania, Italia y los Países Bajos, según el informe ‘Bio-waste in Europe’ de la Agencia Europea del Medioambiente.

En otros países, el compost se produce mayoritariamente a partir de residuos agrícolas y de la industria alimentaria. En España, por ejemplo, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, cada año se compostan más de 3,5 millones de toneladas de residuos orgánicos. En gran parte, el destino de este compost es, de nuevo, la agricultura.

“Se puede utilizar en la agricultura como enmienda de suelo, como material fertilizante de liberación lenta y para la preparación de sustratos de cultivo, en este caso mezclado con otros materiales como la turba, la perlita y la vermiculita”, explica Pilar Bernal. “También se usa en la restauración de suelos contaminados y como biofiltro, ya que tiene una actividad microbiana residual muy relevante”.

Es, además, un material clave en la agricultura ecológica y en la recuperación de terrenos degradados. “El uso de la maquinaria de gran potencia y el abonado químico en la agricultura industrial ha oxidado en exceso la tierra. Como resultado, los suelos mundiales en los que se practica la agricultura intensiva se han ido empobreciendo. Y una de las estrategias para restaurar estas tierras es reutilizar los residuos orgánicos, sean forestales, ganaderos, de la agroindustria o urbanos”, señala Neus Vinyals.

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Así, tal como recoge el artículo ‘El compostaje en agricultura ecológica’, publicado en la revista Producción Agraria Ecológica, el uso del compost tiene beneficios químicos, biológicos y físicos para el suelo.

  • Beneficios químicos. Aporta nuevos nutrientes y moviliza los existentes en el suelo y permite que el humus se combine con moléculas orgánicas y secuestra carbono, reduciendo las emisiones de CO2.
  • Beneficios biológicos. Aumenta la actividad microbiana y dinamiza los ciclos biológicos del suelo, mejora el metabolismo de las plantas e incrementa la biomasa del terreno.
  • Beneficios físicos. Mejora la capacidad de retención y almacenamiento de agua, favorece la germinación y el crecimiento de las raíces, permite mayor presencia de oxígeno y mejora la estabilidad del suelo.

Además, dentro del capítulo biológico, hay un beneficio que merece mención aparte. El uso del compost favorece el control natural de las plagas. “Cuando la red trófica del suelo no está equilibrada, los patógenos tienen más facilidad para instalarse. Si volvemos a recuperar esa vida del suelo, es más difícil que los patógenos se desarrollen”, explica Neus Vinyals. “Los organismos del suelo funcionan como supresores de enfermedades porque son contrincantes de los patógenos, ocupan físicamente el espacio o porque los depredan”.

El compost permite extraer todo el potencial del suelo, que no deja de ser la parte viva de la corteza terrestre. Aprovecha los miles de milenios de evolución biológica que han convertido un conjunto de elementos químicos en una compleja red de vida invisible a nuestros ojos. Un potencial que nos sirve para crear el sustrato de una maceta o un pequeño huerto urbano, abonar una explotación de frutales ecológicos o recuperar los suelos contaminados de una antigua sierra minera.

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