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¿Qué es la biotecnología alimentaria? Conoce sus características

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La biotecnología alimentaria utiliza, modifica o crea sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para obtener alimentos. Se trata de una de las grandes esperanzas para luchar contra el hambre, sobre todo en las regiones más pobres del mundo.

Estados Unidos, seguido de Brasil, Argentina, Canadá e India son los cinco grandes productores de alimentos biotecnológicos, mientras las leyes europeas, menos permisivas, limitan su producción solo al maíz en países como España, Portugal, República Checa y Eslovaquia. Pero científicos, gobiernos y ONG no coinciden en su percepción de los posibles beneficios o perjuicios del uso de OMG.

Según la definición de la Asociación de Biotecnólogos de Madrid, la biotecnología es el uso, modificación o creación de sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para obtener productos específicos.

Hoy en día, se aplica a múltiples áreas y su diversidad de funcionalidades se etiqueta por colores. Así, el color rojo representa la aplicación de la biotecnología en la medicina: el azul expresa la búsqueda de recursos y compuestos en los ecosistemas marinos; el verde indica el enfoque a obtener vegetales modificados; el blanco abarca, sobre todo, la actividad biotecnológica en torno a los procesos industriales que pretenden combatir la contaminación; el gris incide en la preservación del medio natural; el amarillo se extiende al campo nutricional en todo tipo de alimentos; y el negro expresa la actividad contra el bioterrorismo protagonizado por las armas biológicas, por ejemplo.

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Pros y contras

Mediante la biotecnología es posible modificar los genes de animales, plantas y microorganismos para hacerlos más saludables, nutritivos y resistentes a plagas e insecticidas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se muestra muy receptiva a la utilización de la biotecnología en la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la pesca, la acuicultura y la agroindustria para combatir el hambre y la pobreza. Reconoce que puede jugar un papel decisivo a la hora de cubrir las necesidades de una población cada vez más urbanizada y en crecimiento continuo, por lo que contribuiría a la sostenibilidad del planeta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tranquiliza a la población mundial expresando su conformidad con los alimentos biotecnológicos: “los alimentos modificados genéticamente (OMG) actualmente disponibles en el mercado internacional han pasado las evaluaciones de seguridad y es improbable que presenten riesgos para la salud. No existen efectos demostrados en la salud humana como resultado de su consumo”.

Sabemos que un OMG es el que ha sufrido una alteración artificial en su ADN. Sin embargo, un transgénico, aunque es también un OMG, es aquel al que se le ha introducido ADN exógeno –que no pertenece a su genoma original–. Es decir, que todos los transgénicos son OMGs pero no todos los OMGs son transgénicos.

Los primeros ensayos con OMGs fueron en los años 80 con la planta del tabaco en Estados Unidos. En 1993, la FDA avaló la seguridad de los transgénicos y en 1994 pudimos probar el primer tomate transgénico. Luego, la biotecnología consiguió soja resistente a un herbicida concreto, frutas de mayor tamaño, lácteos con hormonas de crecimiento, cebollas que no provocan lágrimas, calabaza amarilla, tomate negro…

La normativa europea sobre alimentos biotecnológicos es clara: permite la importación de productos de origen transgénico previa autorización y con etiquetado correspondiente. El maíz BT se siembra, sobre todo, en España pero es sólo para alimentación animal. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria explica que todos los alimentos cuya comercialización se inicia en la Unión Europea “son sometidos a evaluaciones que garanticen que su consumo es seguro. También, los alimentos modificados genéticamente deben estar sujetos a una evaluación de seguridad alimentaria antes de ser comercializados. Los OMG se someten a una evaluación caso a caso antes de autorizar su comercialización en Europa”.

La FAO hace hincapié en los beneficios para la productividad agrícola, como una mayor resistencia a los agentes externos, el incremento del valor alimenticio en cultivos como el arroz (el arroz dorado contiene más vitamina A) y el trigo. También, destacan los beneficios ambientales, ya que el uso de las biotecnologías reduce la necesidad de aplicar sustancias químicas que protejan los cultivos; fomenta la rehabilitación de las tierras menos fértiles por la producción, por ejemplo, de algunas variedades tolerantes a la sal y a la sequía; y reduce el deterioro de frutas y hortalizas.

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