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¿Qué es la logística sostenible? Otra alternativa para ayudar al planeta

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¿Existe otra manera de embalar, almacenar y transportar mercancías? La pandemia y el auge del comercio electrónico obligan a repensar la cadena de suministro para hacerla más sostenible. La logística verde apuesta por una ‘última milla’ con menos impacto medioambiental, movilidad con energías renovables, centros de almacenaje que generen menos desechos y consuman menos energía, y envases ecológicos.

Imagina el número de operaciones de logística que se están produciendo en el planeta en este preciso instante. Aviones, barcos, trenes, camiones, furgonetas, coches, motos, bicicletas trasladan millones de mercancías de un lado para otro. Centros de almacenaje en las ciudades preparados para la distribución organizan el transporte de los paquetes hasta el destinatario final.

La Agencia Internacional de la Energía ha alertado de que el transporte de mercancías es el responsable del 10 % de las emisiones globales de CO2 y del 25 % de estas emisiones en España. Por medios de transporte, el de carretera supone el 75 % de las emanaciones de dióxido de carbono. Reducirlas es uno de los grandes desafíos. Y la logística, ese camino que recorre una mercancía desde su fabricación hasta que llega al cliente final, es una de las piedras angulares para contribuir a la preservación del medioambiente y, también, una estrategia para que las empresas aumenten su competitividad. Solo en España, la logística y el transporte representa más de 1 millón de empleos, según el Foro Logística.

Crecimiento del comercio electrónico

La internacionalización de los mercados, la pandemia por el COVID-19 y el crecimiento del comercio electrónico han trastocado los sistemas de embalaje, almacenaje y transporte. Por ejemplo, en el último ‘Black Friday’, y solo en España, las empresas de paquetería movieron más de 50 millones de envíos en una sola jornada, un 30 % más que en 2019, según la Organización Empresarial de Logística y Transporte de España (UNO Logística). De media, en un día normal se entregan 1,5 millones de paquetes procedentes del comercio electrónico en todo el mundo. En Latinoamérica, en 2019, las ventas en línea durante el ‘Viernes Negro’ mostraron un crecimiento sin parangón en comparación con un día normal: 1.051 % más de ventas en Argentina, 940 % en Brasil, 442 % en Colombia, 359 % en Perú, 199 % en Chile y 167 % en México, según datos del portal de estadísticas Statista.

Ante este panorama, los expertos consultados coinciden en la necesidad de repensar las operaciones de logística para hacerlas más sostenibles. Es aquí donde entra en juego la denominada ‘Logística verde’: Conjunto de prácticas y estrategias en la gestión de la cadena de suministro que reducen el impacto medioambiental de la distribución de bienes. Y no es algo etéreo, ya que la logística verde se diferencia de la inversa porque, entre otras cosas, atañe a la gestión de residuos, a la disminución de embalajes y búsqueda de materiales sostenibles, a la eficiencia energética de los espacios de almacenaje, a los sistemas de distribución y recogida, al servicio posventa o el transporte de ‘última milla’. Todo influye en las emisiones de gases a la atmósfera.

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EFE.

Qué hacer con la ‘última milla’

El profesor Antonio Iglesias López lleva más de 30 años en este sector y hoy coordina el máster de Logística y cadena de suministro de ESIC Business & Marketing School. En su opinión, “el crecimiento de la distribución a domicilio, fruto del aumento del comercio electrónico, está generando un incremento de las emisiones de CO2. El uso de pequeños transportes en las grandes ciudades, sobre todo en la ‘última milla’, es el que más impacta negativamente en el medioambiente”. Iglesias se refiere al último trayecto, el de la entrega final al cliente. “Uno de los principales problemas de sostenibilidad es la distribución pormenorizada de los paquetes hasta el domicilio del comprador”, comenta Iglesias. Por no hablar de que esta ‘última milla’ representa hasta el 40 % de los costes logísticos totales y provoca el 20 % del tráfico.

Camiones y furgonetas circulan en áreas congestionadas, pasan mucho tiempo con el motor a ralentí, paran para descargar y vuelven a arrancar para desplazarse al siguiente destino. Todo para que los pedidos lleguen a tiempo. Según el informe ‘Logística de Última Milla. Retos y soluciones en España’ (Deloitte, 2020), en este ecosistema participan los sectores HORECA (reparto a hoteles, restaurantes y cafeterías), comercio electrónico, alimentación, farmacia y hospitales, gestión de residuos, materiales de construcción, prensa y estancos. Un dato muy llamativo, en España más de 12.000 distribuidores aprovisionan a más de 376.000 establecimientos del canal HORECA.

Cambio cultural

La concienciación del usuario es la primera condición. Se necesitan puntos de entrega donde el consumidor se desplace, en su barrio, para recoger el pedido; taquillas inteligentes para entrega y recogida de paquetería pequeña y puntos de conveniencia (la mayoría de las veces tiendas de proximidad), donde las mercancías compradas ‘online’ son entregadas por los servicios postales y recogidas por los particulares. “Hay un montón de quioscos de prensa que antes de desaparecer pueden transformarse en puntos de recogida”, añade el experto en logística.

Furgonetas eléctricas de reparto, distribución de mercancías en horario nocturno, utilización del transporte público (metro y autobús), plataformas digitales para la gestión de las zonas de carga y descarga, y grandes centros logísticos colaborativos y automatizados son otras piezas del puzle de la logística “Se necesita –aclara el profesor de ESIC– un cambio cultural en las zonas urbanas, tanto del consumidor, que exige una entrega del paquete lo más rápido posible, como en las empresas de logística, que tienen que empezar a pensar en la colaboración”. Aquí es donde entrarían las nuevas soluciones logísticas sostenibles. Hay que pensar en los ‘hubs’ urbanos, almacenes reducidos y ágiles en el centro de las ciudades. “¿Qué pasa si utilizamos, por ejemplo, el suelo municipal de los mercados de proximidad como ‘minihubs’? La mitad de ellos están medio vacíos y de allí pueden salir las mercancías a destinos finales que estén a menos de 2 kilómetros”, comenta Antonio Iglesias. La colaboración entre empresas de logística se intuye como una alternativa.

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Madrid: Un caso práctico

La investigación de Deloitte detalla un caso práctico en la ciudad de Madrid. Si se acomete el reparto de los paquetes ‘e-commerce’ combinando el uso de ‘hubs’ urbanos, la electrificación parcial de la flota de reparto (un 40 % de las furgonetas) y las taquillas inteligentes (en un 35 % de las entregas), el impacto sería grande: reducción de más de un 45 % de las emisiones, mejora de la congestión urbana en casi un 40 % y reducción de los costes logísticos de más del 20 %.

Impulsar el tren de mercancías

Aunque la logística verde supone un cambio en las fórmulas de la distribución final, no son menos importantes los avances en el transporte de mercancías de larga distancia. En la actualidad, el barco se lleva una cuota del 7 % de este mercado en la Unión Europea; el tren, poco más de un 18 % –en España solo un 3 %–; y la distribución por carretera supone un 75 %. La coalición Rail Freight Forward, que engloba empresas europeas de carga en ferrocarril, trabaja para que en 2030 el ferrocarril asuma el 30% del transporte de mercancías. “No entendemos por qué cuando todas las políticas van encaminadas a reducir la huella de carbono, el ferrocarril es el gran olvidado. Es la modalidad más sostenible, consume 6 veces menos energía que el movimiento por carretera, emite 9 veces menos CO2 y sufre un 85 % menos de accidentes”, comenta Isabel Núñez, gerente de Medio Ambiente de Transfesa Logistics, uno de los primeros operadores logísticos de España, participado por capital alemán y la compañía Renfe.

Es precisamente Alemania uno de los países que mejor ha entendido las ventajas de una cadena de suministro verde. En diciembre de 2020, Volkswagen puso en marcha un sistema para las baterías de sus nuevos vehículos eléctricos. Un tren movido por energía renovable recoge directamente las celdas de batería en la planta del proveedor, ubicada en Polonia. De allí las traslada hasta una factoría que tiene el grupo automovilístico en el noroeste de Alemania, donde las baterías se descargan automáticamente y se ensamblan para volver a ser cargadas en los convoyes, también de forma automatizada, y transportadas a la factoría donde se producen los coches eléctricos. Para la ‘última milla’ hasta el ensamblaje final se utilizan camiones eléctricos. Este sistema, según los cálculos de Volkswagen, reducirá en más de 10.000 toneladas al año las emisiones de dióxido de carbono, el equivalente al CO2 generado por una población de 1.000 habitantes.

“Muchas empresas del automóvil, que están trabajando por una movilidad sostenible en su producción, están aplicando esa sostenibilidad a toda la cadena de valor. Han entendido que existe otra manera de transportar”, explica la responsable de Transfesa. No es menos cierto que el transporte de mercancías por carretera, a pesar de su mayor huella medioambiental, seguirá durante mucho tiempo como la modalidad más cómoda porque va directamente desde el fabricante hasta el destino final.

Otra de las estrategias que avanza posiciones es la intermodalidad, la combinación de dos o más medios de transporte para llevar una mercancía de origen a destino, especialmente cuando no requiere un envío rápido. “Por ejemplo, resulta menos contaminante transportar una mercancía coordinando un barco con camiones que hacer el recorrido completo solo por carretera”, explican en Transeop, la plataforma de servicios de transportes.

En este punto cobra especial importancia la transformación digital. Obtener datos que ayuden a establecer rutas de transporte y cargas más eficientes mediante software o calcular la huella de carbono de un transporte de mercancías por carretera no es complicado. La Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC) publicó en 2017 un manual de cálculo de los consumos de combustible y de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de un envío cualquiera por carretera.

BBVA ofrece a sus clientes empresariales la posibilidad de calcular su huella de carbono a través de la herramienta One View. El agregador inteligente para empresas, facilita el cálculo a partir de los movimientos que se producen en las cuentas agregadas de la empresa relacionados con los gastos de electricidad, gas o combustible. Con esta información, la nueva funcionalidad convierte los gastos en energía en toneladas de CO2 emitidos a la atmósfera por la actividad empresarial. Para ello, y sin que el cliente tenga que introducir ningún dato adicional, se aplica el correspondiente factor de emisión de CO2 a la estimación de la cantidad de energía consumida en cada uno de esos gastos.

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Centros de almacenaje ‘verdes’

Respecto a los centros de embalaje y almacenaje, claves en la cadena de suministro, la prioridad son los desechos que se generan y el consumo energético. La idea es diseñar almacenes que no impacten de forma negativa en el medioambiente. “Antes nadie pensaba en sostenibilidad cuando hablaba de almacenes, iban todos al subsuelo o a naves oscuras. Hoy se necesitan almacenes con más luz natural para disminuir el consumo energético y que el proceso sea más ágil y menos cansado, que utilice energías renovables y se autoabastezca, y que recicle los residuos, plásticos, palés, etc.”, explica el profesor Antonio Iglesias.

Las herramientas tecnológicas también resultan interesantes a la hora de una gestión más eficiente de almacenaje. La realidad aumentada, por ejemplo, permite al responsable de un almacén de carga y descarga recrear el espacio real a través de un dispositivo electrónico (móvil, tableta, etc.), distribuir de forma virtual las mercancías, planificar en una pantalla su colocación por tamaños y prioridad de los envíos, o crear estructuras nuevas de almacenaje. Aprovechamiento del espacio y reducción de costes son algunos de los beneficios inmediatos.

Eliminar embalajes innecesarios

Cuántas veces te has encontrado con una caja de cartón que al abrirla tiene un relleno de plástico con burbujas, que en su interior contiene un paquete precintado y que, a su vez, tiene un sobre de protección con el artículo que esperabas dentro. Pues si esto ocurre a nivel usuario, piensa en lo que sucede en el gran transporte de mercancías. Existen tres tipos de embalaje, el primario (el que está en contacto con el producto), el secundario (cajas de carga que agrupan varias unidades de embalajes primarios) y el terciario (palets, cantoneras o papel film de plástico que ayudan a la protección y movimiento de los secundarios). Pues bien, aplicar la logística verde supone eliminar embalajes innecesarios, sobre todo en los secundarios y terciarios, y utilizar envases ecológicos fabricados a partir de materiales reciclados, biodegradables (papel o fibras vegetales) y compostables (sirvan después como fertilizantes de residuos orgánicos). Lo ideal es que en su fabricación se aplique la regla de las 3R: reducir para disminuir la cantidad de materiales utilizados, reutilizar para alargar su vida y reciclar para procesar de nuevo el envase.

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