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Planeta> Cambio climático 02 ago 2021

¿Qué tiene que ver el cambio climático con las tormentas?

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La actividad tormentosa en el Atlántico se intensificará hasta alcanzar su pico máximo entre mediados de agosto y mediados de octubre. La ciencia todavía no tiene la certeza de su relación con el cambio climático, pero son muchas las señales.

El 17 de noviembre de 2020, mientras los habitantes de Haulover todavía reparaban los daños de la última tormenta, el huracán Iota tocaba tierra. Lo hacía como un ciclón de categoría 4 con vientos sostenidos de más de 220 kilómetros por hora. Y lo hacía en el mismo punto de la costa noreste de Nicaragua en el que el huracán Eta había impactado apenas dos semanas antes.

Ambas tormentas, que dejaron más de 300.000 desplazados en Centroamérica, pusieron el cierre a una temporada de huracanes atlánticos extraordinaria en número e intensidad. De acuerdo con la administración oceánica de Estados Unidos (NOAA), la temporada de 2020 concluyó con 30 tormentas con nombre (solo lo reciben las más intensas), de las cuales siete fueron grandes huracanes como Iota. Un récord sin precedentes que superó incluso la intensa temporada de 2005, tristemente famosa por el Katrina que devastó Nueva Orleans.

Fue tan alto el número de tormentas tropicales con nombre que, por segunda vez en la historia, hubo que acudir a una lista auxiliar de denominaciones formada por las letras del alfabeto grieto. Pero para los países del golfo de México, lo de 2020 fue algo más que un récord. Fue una temporada de daños cuantiosos y también un presagio de lo que puede que esté por venir. ¿Está el cambio climático intensificando los huracanes del Caribe?

El cambio climático y las tormentas tropicales

Las tormentas tropicales, llamadas huracanes, ciclones o tifones cuando alcanzan gran intensidad (son diferentes nombres para el mismo fenómeno), se forman siempre de la misma manera. El aire cálido y cargado de humedad cercano a la superficie del océano se eleva. Esto deja un vacío y causa un área de bajas presiones cerca del agua. El aire en las zonas circundantes llena ese vacío, se calienta y se vuelve a elevar.

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Así, se genera un ciclo de aire cálido que asciende cargado de humedad y que, a medida que coge altura, se enfría formando las nubes. Esta masa de aire y agua en movimiento gira por el llamado efecto Coriolis, dando a los huracanes su característica forma de tormenta giratoria con un ojo en el centro. Esto, claro, explicado de forma muy simple. De esta manera, sería fácil pensar que cuanto más caliente esté la superficie del océano, más huracanes se formarán.

Sin embargo, lo cierto es que la ciencia climática todavía está lejos de afirmar con seguridad que el aumento en la intensidad y el número de huracanes está directamente alimentado por el cambio climático y el calentamiento oceánico. Esto no quiere decir que no haya evidencias de que esto está sucediendo. Simplemente, la certeza todavía no es absoluta. Así, en los últimos años diferentes estudios han descrito algunas señales claras de que el calentamiento global puede estar afectando a la formación de tormentas tropicales en todo el planeta:

  • En el noroeste del Pacífico, la zona de máxima intensidad ciclónica se está desplazando al norte, afectando cada vez más a Japón y la península Corea.
  • En el Atlántico, la intensificación de los huracanes en las últimas tres décadas coincide con las predicciones de los modelos climáticos. Es decir, está sucediendo lo que se creía que iba a pasar si las temperaturas seguían subiendo.
  • También el Caribe, algunos modelos señalan que el aumento en la frecuencia de huracanes de los últimos años está relacionado con el cambio climático. Sin embargo, los mismos modelos indican que, en el futuro, esta frecuencia podría reducirse.
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¿Qué anticipa la nueva temporada de huracanes?

Las predicciones climáticas no son algo sencillo. No se trata de sumar A y B para obtener un resultado preciso de lo que nos aguarda en el futuro. Aun así, el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), anticipa cuatro cambios en las dinámicas del clima terrestre que influirán en las tormentas y en sus daños:

  • El nivel del mar seguirá aumentando. Por poco que lo haga, incrementará el riesgo de inundaciones costeras durante los episodios tormentosos.
  • La evaporación del océano aumentará y, como consecuencia, aumentarán las precipitaciones torrenciales en, al menos, un 15 %.
  • Una de cada diez tormentas alcanzará intensidades peligrosas en el futuro (en lugar de una de cada cien, como era habitual en el pasado).
  • Y la proporción de huracanes que llegan a categorías cuatro o cinco (o las superan) también aumentará.

¿Y cómo se traducen estas predicciones en la temporada de huracanes de 2021 que acaba de empezar? De acuerdo con el último informe de la NOAA, esta será también una temporada más activa de lo normal en el Atlántico, pero sin llegar a los niveles del año pasado. Durante el verano y el otoño del hemisferio norte se esperan entre 13 y 20 tormentas con nombre, de las cuales entre 6 y 10 podrían convertirse en huracanes y un máximo de cinco alcanzaría una categoría alta.

La NOAA emitió estas predicciones a finales de mayo, asegurando tener un 70% de confianza en ellas. Por ahora, tres tormentas han sido ya lo suficientemente fuertes como para recibir un nombre (Ana, Bill y Claudette), aunque ninguna ha alcanzado el nivel de huracán. En las próximas semanas, la actividad tormentosa en el Atlántico se intensificará hasta alcanzar su pico máximo entre mediados de agosto y mediados de octubre.

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