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¿Qué factores influyen en los huracanes y las tormentas tropicales?

Los huracanes y las tormentas tropicales dependen de una combinación de factores oceánicos y atmosféricos. El Niño puede frenar su desarrollo en el Atlántico al aumentar la cizalladura del viento, mientras que el calentamiento global puede influir en su intensidad, las precipitaciones y las inundaciones costeras.

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La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 está mostrando hasta qué punto la formación de ciclones depende de múltiples condiciones. A mediados de septiembre, más de tres meses después del inicio de la temporada, se habían registrado cinco tormentas con nombre, pero ninguna había alcanzado la categoría de huracán. El Niño es uno de los principales factores detrás de esta baja actividad.

La temporada del Atlántico se extiende oficialmente del 1 de junio al 30 de noviembre y suele alcanzar su máximo de actividad alrededor del 10 de septiembre. En 2026, sin embargo, la cuenca ha llegado a ese periodo con una actividad excepcionalmente reducida. El contraste con temporadas extraordinariamente activas, como la de 2020, ayuda a entender por qué unas aguas cálidas no bastan por sí solas para explicar cuántos huracanes se forman cada año.

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¿Cómo se forman los huracanes y las tormentas tropicales?

Los ciclones tropicales se desarrollan sobre aguas suficientemente cálidas cuando coinciden determinadas condiciones atmosféricas. El aire cálido y cargado de humedad próximo a la superficie del océano asciende, generando una zona de baja presión. El aire circundante ocupa ese espacio, se calienta y vuelve a elevarse, alimentando un proceso de convección y formación de nubes.

A medida que el sistema se organiza, la rotación terrestre, mediante el efecto Coriolis, contribuye a que la circulación comience a girar. Si las condiciones siguen siendo favorables, el sistema puede evolucionar desde una depresión tropical hasta una tormenta tropical y, posteriormente, un huracán.

Los nombres varían según la región. En el Atlántico y el noreste del Pacífico, estos sistemas se denominan huracanes cuando sus vientos sostenidos alcanzan al menos 119 kilómetros por hora. En otras cuencas se utilizan términos como tifón o ciclón tropical para fenómenos de la misma naturaleza.

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¿Qué condiciones favorecen o frenan la formación de huracanes?

La temperatura del océano es importante, pero no es el único factor que determina el desarrollo de un ciclón tropical. También influyen la humedad de la atmósfera, la circulación de los vientos y patrones climáticos de gran escala como El Niño y La Niña.

Factor ¿Cómo influye en los ciclones tropicales?
Aguas cálidas Aportan calor y humedad que pueden favorecer el desarrollo de las tormentas.
Cizalladura débil del viento Facilita que la estructura del ciclón permanezca organizada.
Cizalladura fuerte del viento Puede inclinar y desorganizar la tormenta y dificultar su intensificación.
Atmósfera húmeda Favorece la formación y mantenimiento de nubes y tormentas.
Aire seco Puede limitar la convección y frenar el desarrollo del sistema.
El Niño Suele aumentar la cizalladura en el Atlántico y reducir la actividad ciclónica en esta cuenca.

Uno de estos elementos es la cizalladura vertical del viento, es decir, los cambios en la velocidad o dirección del viento a distintas alturas de la atmósfera. Cuando es intensa, puede inclinar y desorganizar la estructura del ciclón, dificultando que gane fuerza.

¿Por qué El Niño está frenando los huracanes del Atlántico en 2026?

En 2026, El Niño está favoreciendo precisamente una de esas condiciones desfavorables: una elevada cizalladura del viento sobre buena parte del Atlántico tropical. El calentamiento del Pacífico tropical modifica la circulación atmosférica y, en el Atlántico, puede dificultar que las tormentas mantengan una estructura organizada y alcancen intensidad de huracán.

NOAA constató durante el verano que las condiciones de El Niño ya estaban interfiriendo con los patrones atmosféricos que normalmente favorecen una elevada actividad ciclónica en el Atlántico. En su actualización de agosto redujo su previsión a entre siete y 13 tormentas con nombre, entre dos y seis huracanes y entre cero y dos grandes huracanes para el conjunto de la temporada.

A mediados de septiembre, la actividad observada era todavía menor. Tras más de 100 días de temporada se habían formado cinco tormentas tropicales de corta duración, pero ninguna había llegado a convertirse en huracán. El sistema que más se aproximó fue Edouard, que se intensificó antes de tocar tierra cerca de la frontera entre Texas y Luisiana, aunque sus vientos se quedaron por debajo del umbral necesario para alcanzar esa categoría.

Esto no significa que haya desaparecido el riesgo de huracanes durante el resto de 2026. Los ciclones pueden desarrollarse incluso en temporadas poco activas y, hacia el final de la temporada, algunos sistemas pueden formarse en zonas como el golfo de México o cerca de la costa estadounidense, donde las condiciones atmosféricas pueden ser diferentes.

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¿Cómo influye el cambio climático en los huracanes?

La escasa actividad de 2026 tampoco contradice el calentamiento global. El cambio climático y fenómenos naturales como El Niño actúan en escalas diferentes: el primero modifica las condiciones climáticas de fondo a largo plazo, mientras que el segundo puede alterar considerablemente la actividad ciclónica de una temporada concreta.

La ciencia no concluye que el calentamiento global vaya a provocar necesariamente un mayor número total de ciclones tropicales. La evidencia es más sólida sobre cómo puede modificar determinadas características de estos fenómenos y aumentar algunos de sus impactos.

Las evaluaciones del  IPCC y los estudios de NOAA apuntan a varios cambios en un clima más cálido:

  • Precipitaciones más intensas asociadas a los ciclones tropicales.
  • Mayor intensidad media de estos fenómenos.
  • Mayor proporción de ciclones de categorías 4 y 5.
  • Mayor riesgo de inundaciones costeras, debido también a la subida del nivel del mar.

Los modelos analizados por la NOAA proyectan, por ejemplo, que con un calentamiento global de 2 °C las tasas de precipitación asociadas a los ciclones tropicales podrían aumentar aproximadamente un 14 %, aunque existe variabilidad entre las distintas simulaciones.

Por tanto, temperaturas oceánicas más altas pueden aportar más energía y humedad a los ciclones cuando existen las condiciones adecuadas para su desarrollo, pero no determinan por sí solas cuántas tormentas se forman cada temporada.

De la temporada récord de 2020 a la baja actividad de 2026

La situación actual contrasta con la temporada de 2020, cuando el Atlántico registró una actividad excepcional. Aquel año se formaron 30 tormentas con nombre, una cifra récord, y siete alcanzaron la categoría de grandes huracanes, según la NOAA. Fue tan elevado el número de sistemas que se agotó la lista prevista de nombres y hubo que recurrir al alfabeto griego.

Entre aquellos ciclones estuvieron Eta e Iota, que alcanzaron Centroamérica con apenas dos semanas de diferencia. Iota tocó tierra en Nicaragua el 17 de noviembre de 2020 como huracán de categoría 4, con vientos sostenidos superiores a los 220 kilómetros por hora. Ambas tormentas provocaron importantes daños y desplazaron a cientos de miles de personas en Centroamérica.

El contraste entre 2020 y 2026 permite observar la gran variabilidad natural entre temporadas. Un año especialmente activo o inactivo no basta para determinar por sí solo el efecto del cambio climático. Para identificar tendencias son necesarias observaciones de largo plazo, junto con modelos climáticos capaces de separar la variabilidad natural de los cambios asociados al calentamiento global.

¿Puede una tormenta tropical causar daños aunque no sea un huracán?

La ausencia de huracanes tampoco significa que una temporada esté libre de impactos. La categoría de un ciclón refleja principalmente la intensidad de sus vientos, pero no resume otros riesgos como las precipitaciones, las inundaciones, el oleaje o los deslizamientos.

En 2026, los remanentes de la tormenta tropical Arthur provocaron inundaciones en zonas de la costa del golfo de Estados Unidos. Más adelante, Edouard dejó lluvias intensas e inundaciones repentinas en Texas pese a no alcanzar la categoría de huracán.

Estos episodios muestran que la preparación ante una tormenta no debe depender únicamente de su categoría. La cantidad de lluvia, la velocidad de desplazamiento, la marejada y las características del territorio expuesto también condicionan la magnitud de sus impactos.

Preguntas frecuentes sobre huracanes, El Niño y cambio climático

¿Cómo se forma un huracán?

Un huracán se forma sobre aguas suficientemente cálidas cuando coinciden condiciones atmosféricas favorables. El aire cálido y húmedo asciende, genera una zona de baja presión y alimenta un sistema de nubes y tormentas que puede empezar a girar por el efecto Coriolis.

¿Qué condiciones favorecen la formación de huracanes?

Entre los principales factores se encuentran las aguas cálidas, una atmósfera húmeda y una cizalladura vertical del viento débil. Por el contrario, una cizalladura intensa o la presencia de aire seco pueden dificultar que una tormenta se organice e intensifique.

¿Cómo influye El Niño en los huracanes del Atlántico?

El Niño suele aumentar la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico tropical. Esta condición puede desorganizar los sistemas tropicales y dificultar que evolucionen hasta convertirse en huracanes, como está ocurriendo durante la temporada de 2026.

¿El cambio climático provoca más huracanes?

No necesariamente. La ciencia mantiene incertidumbre sobre cómo cambiará el número total de ciclones tropicales. La evidencia es más sólida respecto a un posible aumento de su intensidad media, de las precipitaciones asociadas y de la proporción de ciclones de categorías 4 y 5.

¿Puede una tormenta tropical causar daños aunque no sea un huracán?

Sí. Una tormenta tropical puede provocar lluvias intensas, inundaciones, oleaje peligroso o deslizamientos aunque sus vientos no alcancen la intensidad de huracán. La categoría del ciclón no resume todos los riesgos asociados al fenómeno.

¿Por qué una temporada con aguas cálidas puede tener pocos huracanes?

Porque la temperatura del océano es solo uno de los factores necesarios. Si existen condiciones atmosféricas desfavorables, como una cizalladura fuerte del viento o aire seco, las tormentas pueden no llegar a organizarse aunque el mar esté suficientemente cálido.