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Un economista poco convencional

Si los tuits de una persona son reflejo de sus intereses, poca duda queda sobre lo que mueve a Martin Ravallion. Su cuenta recomienda artículos sobre el éxodo de los refugiados sirios; sobre la importancia del acceso de los más pobres a la información; sobre actuaciones que reducen la malnutrición infantil. Ravallion, economista, es consciente de que su visión de la ciencia económica «no es la de la mayoría». Y cita al historiador Max Hartwell: «La economía es, en esencia, el estudio de la pobreza».

Con esta filosofía, Ravallion se convirtió en uno de los primeros investigadores de la pobreza en el Banco Mundial. También, en el creador del primer estándar internacional para medirla, un instrumento indispensable para combatirla. El jurado le ha concedido el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cooperación al Desarrollo por ser «el mayor investigador mundial sobre la medida de la pobreza» —afirma el acta— y el autor de importantes trabajos que analizan causas y soluciones para este problema.

Ravallion es el autor principal de la publicación que en 1991 fijó en un dólar diario el umbral internacional de la pobreza: «Nada por debajo de eso sería razonable para sobrevivir», explica. La cifra ha sido actualizada según el coste de la vida, y hoy se sitúa en 1,90 dólares diarios en precios de 2011.

Ravallion y su equipo llegaron a ella tras examinar los umbrales nacionales en algunos de los países más pobres del mundo, y recalcularlos empleando un tipo de cambio que unifica precios de bienes y servicios en todos los países, la paridad de poder adquisitivo (PPP, por sus siglas en inglés).

Imagen de Martin Ravallion, Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento

700 millones de personas vivían en 2015 por debajo del umbral de pobreza en todo el planeta, según el Banco Mundial. Son unos 200 millones menos que en 2012, lo que impulsa a Ravallion a ser optimista respecto a lograr uno de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible: eliminar la pobreza extrema en 2030. «Considerando los importantes avances logrados por muchos países en desarrollo en las últimas décadas, estamos en el camino correcto», afirma.

Fue precisamente su investigación la que desveló que la mejora se debe ante todo al crecimiento económico, un factor indispensable para combatir la pobreza. Sin embargo, crecer no siempre basta: «La causa principal de que la gente logre salir de la pobreza es el crecimiento económico agregado. Pero cuando se mira más de cerca a lo que ocurre se ve que hay otros factores importantes, entre los que destacan las desigualdades en el desarrollo humano (acceso básico a la salud y a la educación) y en la disponibilidad de crédito para la financiación de la inversión».

Por ello Ravallion no se muestra en modo alguno triunfalista y recuerda que la lucha contra la pobreza se enfrenta a amenazas como el cambio climático, la recesión global y el aumento de la desigualdad. Este último factor es de gran importancia: «La desigualdad puede impedir sacar de la pobreza a mil millones de personas en los próximos quince años», asegura, incluso en un contexto de crecimiento económico.

Por lo general el crecimiento económico beneficia a los pobres. Pero hay excepciones. En particular si la desigualdades muy alta, la pobreza se reduce mucho menos — Ravallion

Sus datos revelan que, si bien muchos han mejorado sus condiciones de vida y por eso han podido superar el umbral, la brecha con los que menos tienen está aumentando: «Existe el riesgo de que estemos dejando atrás a los más pobres del planeta, porque en este periodo su nivel de vida ha subido muy poco, mucho menos que la media». Por otra parte, muchos de los que sí han superado el umbral siguen «apenas por encima» y pueden volver a caer; «gran parte de ellos siguen siendo pobres para los estándares de sus países».

Fotografía de Augusta Flor, una historia de éxito de la Fundación Microfinanzas BBVA.

Augusta Flor. Fundación Microfinanzas BBVA

Para resaltar la gran importancia de las políticas sociales como acción complementaria al crecimiento, Martin Ravallion expone su propia historia. Nacido en Australia en 1952, fue criado únicamente por su madre «y recibimos mucha ayuda de políticas sociales que apoyaban la educación de niños de todas las procedencias, incluyendo familias desfavorecidas. Yo no podría haber seguido con mis estudios de no haber sido por esas políticas».

Tras estudiar en la Universidad de Sidney y doctorarse en 1981 en la London School of Economics (ReinoUnido), trabajó en la Universidad de Oxford y en la Universidad Nacional Australiana. En 1988 se unió al Banco Mundial y logró que el estudio de la pobreza, un área casi inexistente entonces, atrajera a cientos de investigadores. Tras dirigir durante años el Grupo de Investigación del Desarrollo del Banco Mundial, dejó este organismo en 2013 para convertirse en titular de la Cátedra de Economía Edmond D. Villanien la Universidad de Georgetown, en Washington. Su último libro, The economics of poverty, expone en setecientas páginas lo aprendido a lo largo de su carrera.

Uno de sus mensajes es que «hay muchas más razones», además de las estrictamente morales, para combatir la pobreza, porque «cuando hay mucha pobreza y desigualdad, es mucho más difícil el desarrollo de la economía en su conjunto. El patrón en los datos es bastante claro: cuando los países en desarrollo parten de índices de pobreza más bajos, tienden a alcanzar mayores tasas de crecimiento».

A la luz de su trayectoria, no sorprende descubrir que lo que más le gusta a Martin Ravallion de su trabajo es «usar mis habilidades analíticas para ayudar a hacer frente a problemas realmente importantes. Para mí, ese es el gran atractivo de la economía como especialidad».

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