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El cultivo de abejas, clave en la seguridad alimentaria de Colombia

BBVA lidera un proyecto apícola en nueve municipios del departamento de Santander, en Colombia, con el que contribuye de manera sostenible a la seguridad alimentaria de esta región y del país.

Poner fin al hambre y lograr la seguridad alimentaria es el Objetivo de Desarrollo Sostenible número dos de Naciones Unidas. Como una forma de apoyar estos esfuerzos, BBVA en Colombia participa en un proyecto apícola que promueve el cuidado de las abejas, responsables de la polinización del 70% de las plantas del planeta.

Este proyecto, dirigido por el docente German Perilla de la Universidad George Mason (EE.UU.), entidad aliada de la iniciativa, cuenta también con el apoyo técnico de la Universidad Industrial de Santander (UIS), que realiza el acompañamiento regional de los apicultores. Perilla es un investigador colombiano que desde hace 30 años se dedica a trabajar con abejas.

Un proyecto sostenible

“Las abejas son las encargadas de la polinización del 70% de las plantas que aportan alimentos a la Humanidad. Por eso, es necesario cuidarlas, estimular su cultivo y propiciar espacios entre apicultores y otros agricultores para definir tiempos de fumigación, entre otros”, dice Germán Perilla, sobre el papel de estos insectos en la seguridad alimentaria y la sostenibilidad medioambiental.

Este proyecto apícola que se realiza en Socorro, Confines, Palmas del Socorro, Barichara, Oiba, Suaita, El Hato, Simacota y Aratoca, tiene 120 familias participantes. Entre ellas, hay 70 mujeres, en su mayoría madres cabeza de hogar, que pueden complementar sus ingresos y favorecer a la comunidad a la que pertenecen.

Colmenas tecnificadas y atendidas por mujeres en la vereda Alto de Reinas, en Socorro, Santander.

Este proyecto apícola ha permitido que 70 mujeres, en su mayoría madres cabeza de hogar, puedan obtener ingresos para ellas y sus familias.

Industria familiar

Más allá de la participación de mujeres campesinas en la iniciativa, este proyecto ha tenido una gran proyección en la comunidad. Es así como en la Institución Educativa Alberto Santos, de la vereda Morros en el municipio de Socorro, se viene trabajando desde hace varios años en la capacitación de los estudiantes y madres de familia, en el manejo de las colmenas. Por las tardes acuden a la sede de la institución a recibir formación.

“Empezamos hace seis años. Antes teníamos abejas con aguijón, pero por el entorno acá en el colegio las teníamos muy cerca de las aulas y había alto riesgo de que los niños fuesen atacados. Por eso, cambiamos a las ‘angelitas’, un tipo de abeja que no tiene aguijón.  Lo más importante es que los niños entendieron que con aguijón o sin aguijón, hay que cuidarlas”, afirma Sergio Hernández, profesor de este colegio rural y que junto a la docente Zulay Ruiz, son los encargados del proyecto.

Que sean las mujeres quienes lideran esta iniciativa, brinda confianza y satisfacción. Para el alcalde de Confines, Josué Gómez, en este municipio que hace parte del proyecto, la iniciativa se ha enfocado en la articulación de las familias alrededor del cuidado de las abejas y en la optimización de los procesos de producción.

“Nosotros gracias al apoyo de BBVA, la UIS y la George Mason, iniciamos con un proyecto en el que participaban 12 familias, ahora son 30 y esto ha generado una cultura alrededor de la miel. Hemos logrado el empoderamiento de las mujeres lo que ha generado unidad familiar alrededor de esta industria”, dice el alcalde.

Producción diversa

Por eso Julio Martínez, rector de la Universidad Industrial de Santander, sede Socorro, destaca: “El acompañamiento que hemos venido haciendo las diferentes instituciones involucradas en el proyecto les ha permitido a las comunidades campesinas optimizar sus procesos productivos en materia apícola, industria que manejan de manera paralela a sus cultivos de pancoger, como son caña panelera, café, cacao, plátano y yuca.”

El proyecto que avanza en su segundo año de implementación ya ha generado una producción cercana a una tonelada de miel en su primer año. Ahora el objetivo es sacar partido a los derivados de la miel, como son la cera, el polen y el propóleo, entre otros.

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