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Good Country Index: los países que contribuyen al planeta, y los que lo están destruyendo

Según el Fondo Monetario Internacional, el mayor riesgo a corto plazo para la economía mundial no es otro que el cambio climático. Pero existen otros como la pobreza, la desigualdad o la migración. La comunidad internacional aún tiene un largo y tortuoso camino por recorrer, pero cada vez son más los países y empresas que están concienciados sobre estas amenazas y  están implantando medidas para luchar contra ellas. Para medir el buen desempeño y las contribuciones positivas al planeta nació el Good Country Index, un índice que estudia el impacto que tienen los países individualmente en el mundo.

El Good Country Index fue diseñado en 2014 por Simon Anholt y realizado por el Dr. Robert Govers con ayuda, consejos y datos de muchas otras organizaciones. Y, sobre todo, con una visión global: porque los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad actual son globales y sin fronteras: el cambio climático, la crisis económica, el terrorismo, el tráfico de drogas, la esclavitud, pandemias, la pobreza y la desigualdad, el crecimiento de la población, la escasez de alimentos, agua y energía, los derechos humanos, la migración… Para Anholt y Grovers, todos estos problemas se extienden a través de las fronteras nacionales, por lo que la única forma de abordarlos es a través de los esfuerzos internacionales.

Usando una amplia gama de datos de la Organización de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, los impulsores del Good Country Index han dado a cada país una hoja de balance con la que mostrar cómo afecta su actividad al planeta Tierra. Para la organización, un “buen” país es aquel que contribuye al mayor bien de la humanidad. Un país que sirve a los intereses de su propia gente, pero sin perjudicar, y, preferiblemente, promoviendo  los intereses de las personas en otros países. Así, el índice Good Country intenta medir cuánto contribuye cada país a la Tierra y a la raza humana, en relación a su tamaño medido a través de su Producto Interior Bruto (PIB).

Casi todos los demás índices miden el desempeño del país de manera aislada: ya sea crecimiento económico, estabilidad, justicia, transparencia, buen gobierno, productividad, democracia, libertad o incluso felicidad. El índice Good Country intenta medir los impactos globales de las políticas y los comportamientos: lo que contribuyen a los “bienes comunes globales” y lo que quitan a la sociedad. Esto consigue crear un balance global más verdadero y realista que el que intentan mostrar los mismos países. Con todo, el objetivo último de este índice es alentar a las poblaciones y sus gobiernos a mirar más hacia el exterior y considerar las consecuencias internacionales de su comportamiento nacional.

Este indicador mide la contribución global a siete sectores concretos: ciencia y tecnología, cultura, paz y seguridad, orden mundial, planeta y clima, prosperidad e igualdad, salud y bienestar.

Los líderes de hoy en día no sólo son responsables de su propia gente, sino de todos los habitantes del planeta

El problema que plantea el Good Country Index es relativamente simple: los 7.000 millones de personas que viven en el mundo están organizados en naciones, independientes entre sí y que tienen sus propios objetivos. Lo que pasa a 2.000 kilómetros de casa puede producir tristeza, pena o impotencia, como el hambre en África, pero estos sentimientos son cambiantes y fugaces. Esta iniciativa lo tiene claro: el mundo empezará a cambiar cuando los países aprendan a ser “mejores” y armonicen sus responsabilidades nacionales e internacionales de manera más efectiva. Porque pensar internacionalmente, con una visión global, “produce un mejor pensamiento y mejores políticas, con mejores resultados tanto en el propio país como en el extranjero”.

Anholt y Govers consideran que los líderes de hoy en día no sólo son responsables de su propia gente, sino de todos los habitantes del planeta. Y si no están preparados para esta responsabilidad, simplemente no deben gobernar. Cuando dicen que un país es “bueno” pretenden hacer referencia a cuánto contribuye un país al bien común, convirtiéndose, en este contexto, un antónimo de “egoísta” y no de “malo”.

Una aproximación a los resultados del estudio

El índice utiliza datos de diferentes años para el ránking de “buenos países”, recopilados de diferentes formas y en diferentes momentos, ya que es imposible enfocar el índice en un solo año. Por ello, utilizan datos desde 2014 hasta 2017. Además, usan 35 conjuntos de datos fiables que miden cómo los países afectan al mundo fuera de sus propias fronteras: hay cinco de estos en cada una de los siete sectores estudiados, que cubren los grandes temas como educación, ciencia, guerra y paz, comercio, cultura, salud, censura, el medio ambiente, la libertad, etc. Por otro lado, el índice Good Country no reacciona a eventos específicos porque generalmente no hay una forma objetiva de medir su impacto en el mundo.

Para consultar la lista completa se puede acceder a través de este link.

Según los creadores del índice, el dominio de los estados miembros de la Unión Europea se debe a que tienen un largo hábito de colaboración y cooperación internacional que otros países simplemente no tienen. Hasta cierto punto, han estado intentando practicar lo que el Good Country predica durante los últimos 40 años.

Con su dominio en la tecnología y los negocios, Occidente ha impulsado la globalización pero también ha realizado los mayores esfuerzos para corregir sus riesgos y desequilibrios. Sobre todo en el caso de las soluciones financieras, tecnológicas y organizativas. Sin embargo, los países del Sur y del Este, en general, han tendido a estar más enfocados en sus grandes problemas internos que aún deben abordarse.

La importancia de los ODS en la consecución de un mundo mejor

El Good Country Index analiza sectores clave de la sociedad y que afectan a todos sus estamentos. La seguridad, el cambio climático, la igualdad, la escasez de recursos… todos problemas de primer orden para la comunidad internacional. Por ello, en 2015, la ONU lanzó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una iniciativa ligada íntimamente con este índice. Los ODS son una llamada de alerta para proteger el planeta, poner fin a la pobreza o garantizar la paz. Son 17 objetivos y 169 metas propuestos como continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio incluyendo nuevas esferas como el cambio climático, la desigualdad económica, la innovación y el consumo sostenible, entre otras prioridades.

Las empresas, en general, tienen un importante papel a la hora de liderar el cambio hacia una economía baja en carbono. La banca, en particular, asume su responsabilidad como financiador que guía esta transición hacia un mundo mejor.  Porque nunca antes había habido tanta complicidad entre el sector público y privado y nunca el mundo había tenido tanta responsabilidad como ahora.

BBVA es una de las entidades que ha entendido el desafío de crear un mundo mejor para las siguientes generaciones, y es necesario financiar pensando en el futuro. Por ello, el banco tiene puesta en marcha distintas iniciativas con las que contribuye, en general, a todos los ODS. Por ejemplo, con su ‘Compromiso 2025’, BBVA contribuye especialmente a luchar contra el cambio climático. A través de esta iniciativa, la entidad pretende movilizar 100.000 millones de euros hasta 2025 para luchar contra dicho cambio climático, y fomentar el desarrollo de infraestructuras sostenibles, así como mitigar su huella medioambiental, e involucrar a todo el sector para la promoción del desarrollo sostenible.

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