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Viajes y aventura 10 ago 2018

Guía para entretener a los niños en viajes de largo recorrido

Las vacaciones son la época por antonomasia de los desplazamientos largos y con ellos, las familias con hijos pequeños se enfrentan a viajes que se hacen pesados por las dificultades que encuentran los niños ante tantas horas quietos. Una situación que puede convertir el itinerario en un rosario de tensas e incómodas situaciones, tanto para los más pequeños como para los adultos que los acompañan. Por eso es conveniente ser previsores y revertir la situación, convirtiendo el posible problema en oportunidad para el disfrute.

El movimiento continuo está en la propia naturaleza de los niños y, por tanto, no es de extrañar que cada vez que se emprende un viaje largo pronto se sientan incómodos y aburridos. Cada pequeño es un mundo pero lo normal es que hasta determinada edad, los desplazamientos de varias horas lo acaben percibiendo como algo muy pesado que no son capaces de sobrellevar por ellos mismos.

Por eso, lo más habitual es que pasado un cierto tiempo desde el inicio del trayecto los niños reclamen la atención de los mayores. Así, se debe estar preparado para interactuar con ellos cuando lo soliciten, mediante distintas alternativas que puedan sacarlos de su incomodidad consiguiendo distraerlos.

En el coche

Lo primero que hay que tener en cuenta respecto a los desplazamientos en coche es que el viaje permite parar tantas veces como sea necesario y cambiar de planes o de trayecto si se considera conveniente, así como acceder al equipaje del maletero si fuera necesario.

La recomendación general es la de realizar paradas cada dos horas para combatir el cansancio y el aburrimiento de los niños. Conviene hacerlas de manera planificada y en lugares ya previstos que se conozca que cuentan con determinados atractivos para los pequeños, tales como zonas acondicionadas para los juegos, entornos con paisajes llamativos o lugares donde puedan descubrir circunstancias que llamen la atención. Parar con la frecuencia referida permite, por una parte, que los niños abandonen su actitud negativa y, por otra, que estiren las piernas y vuelvan al vehículo con nuevos bríos.

Las posibilidades para que los hijos se entretengan dentro del vehículo son variadas y serán más adecuadas en función de sus edades pero la interacción con los padres es la más recomendada.

Cantar es uno de los recursos más comunes y efectivos. Se puede recurrir a cantar con ellos canciones típicas de niños que hayan aprendido en la guardería o en el colegio o a entonar canciones que estén acostumbrados a escuchar en el reproductor del coche. Los niños se entretienen y sienten una gran seguridad cuando repiten acciones que conocen y, por tanto, la escucha de canciones que son capaces de reconocer y cantar les hace sentirse muy cómodos.

Las adivinanzas, como el clásico ‘veo veo’, las palabras encadenadas y los juegos de descubrir objetos externos al vehículo también resultan muy efectivos. Así, a partir de cierta edad, implicarles en retos como los de tratar de ser los primeros en señalar un coche de un determinado color, una señal de tráfico determinada o, para los que son algo más mayores, realizar juegos con las matrículas de los vehículos que transitan por la carretera los mantiene entretenidos y les acorta la percepción del paso del tiempo.

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Los niños se entretienen y sienten seguridad cuando repiten acciones que conocen y la escucha de canciones que son capaces de reconocer y cantar les hace sentirse muy cómodos.

Las historias también son un magnífico compañero de viaje en los desplazamientos largos. Los cuentos para los de más corta edad, relatos de situaciones que no conocen pero que pueden ser de su interés, recuerdos de situaciones del pasado de los propios niños o de los adultos cuando tenían su edad, cualquier historia que capte su atención, que les suscite preguntas y que sean entretenidas, evocadoras o divertidas son ideales para que el viaje sea más llevadero.

Se recomienda prepararlos acerca del destino al que se va a llegar en unas horas. Anticipar las características del lugar, hacer alguna referencia a su historia o su cultura y hablarles sobre los puntos de interés más relevantes provocan fácilmente que deseen hacer preguntas de todo tipo. Del mismo modo, contarles algunos de los planes que están previstos llevar a cabo durante las vacaciones ejerce un efecto muy positivo en los niños.

Los trayectos largos permiten que se atraviesen durante el recorrido lugares muy distintos donde los paisajes suelen ser cambiantes según avanza el viaje. Por esta razón, fijarse con los niños en los paisajes, las edificaciones y la meteorología es otro recurso a tener en cuenta para que pasen un buen rato y, al mismo tiempo, vayan conociendo el porqué de la diversidad de las distintas regiones o países que van apareciendo durante el viaje.

Si tienen facilidad para echar una siesta, un descanso reparador en medio del viaje permite –sobre todo a los más pequeños– desconectar durante un tiempo de la pesadez que puede suponer un viaje de muchas horas. Conviene establecer las condiciones idóneas para que los pequeños caigan dormidos tras una parada y así no tener que volver a detener el vehículo hasta que se despierten. Una música tranquila y a un volumen bajo, cubrir las ventanillas del vehículo con parasoles y una manta que les proporcione una temperatura que invite a coger el sueño pueden conformar un buen caldo de cultivo para que desconecten con facilidad.

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En el caso de los vuelos, los dispositivos electrónicos se convierten en los aliados perfectos para entretener, en los momentos en los que la tripulación permita utilizarlos.

Por último, aunque no menos útil, los dispositivos electrónicos ofrecen hoy en día alternativas de entretenimiento y distracción muy provechosas para los desplazamientos. Por medio de las tabletas los pequeños pueden acceder a juegos de todo tipo y para todas las edades, al visionado de películas y series de dibujos e incluso a música. Algo similar ocurre con los DVD portátiles, que son bastantes frecuentes en los coches de las familias con niños, o de los teléfonos móviles que los padres pueden prestarles durante parte del viaje.

En el avión

Los vuelos de largo recorrido presentan una serie de limitaciones respecto a los viajes por carretera. La diferencia más evidente con respecto a los desplazamientos en coche tiene que ver con que el pasajero permanece en su asiento en todo momento desde el despegue hasta el aterrizaje. Este hecho hace que la sensación de hastío, la inquietud o la necesidad de expandirse del niño sea bastante mayor.

En el caso de los vuelos, los dispositivos electrónicos se convierten en los aliados perfectos para entretener, en los momentos en los que la tripulación permita utilizarlos. Las películas y los juegos son muy atractivos para los niños y aunque no se recomienda que en el día a día se abuse de ellos, excepcionalmente en estos casos cumplen su función a la perfección.

Muchas aerolíneas cuentan con packs de juegos para niños y lápices de colores y cuadernos, ideales para pasar el tiempo durante el viaje. Las historias y los cuentos también son un recurso a considerar, teniendo siempre en cuenta que a diferencia de los viajes en coche no se debe molestar al pasaje, razón por la que las canciones no pueden tener acomodo en la oferta de entretenimiento en los aviones.

Los peluches, los muñecos y pequeños juguetes como los cochecitos son también una buena solución en estos casos. Los dos primeros son una excelente compañía a la hora de que los niños duerman durante parte del vuelo. A este respecto, y siempre que se pueda, conviene que los viajes en avión de largo recorrido se realicen de noche para que los pequeños no tengan que cambiar sus costumbres, un hecho que perturba su normalidad, incrementando su irritación y su cansancio. Otros factores que favorecen el mantenimiento de sus rutinas tiene que ver con vestirles con ropa cómoda, lavarles los dientes antes de dormir, reducirles al máximo la luz de alrededor y contarles un cuento antes de que cierren los ojos.

Asimismo, se recomienda contar con alimentos del agrado de los pequeños a mano para que mastiquen durante el trayecto y así mitigar las molestias que pudieran sufrir en los oídos con los habituales cambios de presión.

Finalmente, conviene llevar en la bolsa de mano algunos útiles para evitar sorpresas desagradables durante el vuelo, tales como ropa de repuesto, toallitas húmedas, bolsas para el mareo o las medicinas habituales de los niños.

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