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Laia Alegret, la paleontóloga que busca las claves del cambio climático en un continente oculto bajo el Pacífico

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La geóloga, especializada en paleontología, fue la única científica española en participar durante 2017 en una expedición para buscar nuevos datos sobre un territorio sumergido bajo las aguas del Pacífico Suroeste. Ahora, a través de las muestras recogidas, estudia los procesos de subducción y el cambio climático

Laia Alegret (Huesca, 47 años) fue precoz en descubrir su vocación. Desde muy niña, sabía que de mayor estudiaría el origen, formación y evolución de la Tierra, los materiales que la componen y su estructura. Siempre le ha apasionado explorar y descubrir cosas nuevas. “Desde que tengo uso de razón, estoy buscando fósiles por el campo y, desde los seis años, quiero ser paleontóloga”, dice. “Como para llegar a serlo tenía que estudiar geología o biología, estudié la primera en la Universidad de Zaragoza”, explica sobre su trayectoria, y se entusiasma: “Siempre me ha gustado mucho la idea de abrir una ventana a otros mundos a través de los fósiles”.

Y eso es lo que ha hecho en los últimos años. Alegret —geóloga y catedrática de Paleontología en la Universidad de Zaragoza— fue la única científica española que participó en 2017, junto a otros 31 investigadores, en una expedición internacional de dos meses al nuevo continente, el séptimo, el que  aún no figura en los libros de texto: Zelandia, que permanece oculto bajo las aguas del Pacífico Suroeste, y del que únicamente afloran sus montañas más altas, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia. Este territorio se separó de Australia y la Antártida hace 80 millones de años. Hoy es un lugar de estudio.

Alegret y su equipo llevan cinco años analizando las muestras de fondo oceánico que recogieron durante ese viaje por el mar de Tasmania, abordo del buque Joides Resolution.  La profesora —que ha sido la única científica española en participar en la expedición de 2017 del programa de perforación oceánica International Ocean Discovery Program (IODP), que financió dicha expedición— fue elegida por su experiencia en el estudio de los fósiles microscópicos. Durante la exploración se perforaron sondeos, lanzaron cilindros huecos al fondo marino y los recuperaron rellenos del sedimento depositado a lo largo de 70 millones de años. “Fuimos allí con el objetivo de estudiar dos fenómenos: los procesos de subducción y el cambio climático”, argumenta. La Beca Leonardo, otorgada por la Fundación BBVA, a Investigadores y Creadores Culturales en el área de Biología, Ciencias del Medio Ambiente y de la Tierra fue un impulso para que Alegret participase en esta expedición.

Hasta el momento, la investigación ha obtenido resultados novedosos. Se sabe cómo evolucionó un continente independiente tras separarse de Australia y la Antártida, cómo cambió la profundidad de sus mares a lo largo del tiempo, en qué momentos emergió y se hundió, condicionando las migraciones de las especies, las corrientes oceánicas y el clima global. Además, se ha podido precisar el movimiento de las placas tectónicas, que al parecer  tienen relación con la formación del Anillo de Fuego del Pacífico. Todos estos resultados aportan información sobre el cambio climático y el comportamiento de los procesos geológicos.

“Al contrario de lo que se pensaba, hemos demostrado que, desde la separación, Zelandia ha sufrido grandes movimientos verticales, con momentos en los que hubo tierra firme y otros en los que se hundió a miles de metros de profundidad”, detalla Alegret. “Esto lo hemos deducido a partir de los fósiles microscópicos encontrados. Algunas de las muestras de Zelandia contienen especies típicas de medios profundos, mientras que en otras muestras predominan las especies características de playas someras, e incluso otros fósiles procedentes de tierra firme como restos de plantas, polen, esporas e insectos”, continúa.

LAIA ALEGRET BADIOLA

Laia Alegret, especializada en paleontología, obtuvo una beca Leonardo de la Funcación BBVA en el área de Biología, Ciencias del Medio Ambiente y de la Tierra en 2017. - Fundación BBVA

Estos movimientos, explica, se han relacionado con la subducción de la corteza oceánica del Pacífico por debajo de la corteza continental, un proceso que genera fricción de materiales, calor, riesgos geológicos como terremotos, maremotos y vulcanismo, y que también conduce a la formación de recursos minerales. “El océano Pacífico está prácticamente rodeado por zonas de subducción, que conforman el Anillo de Fuego del Pacífico. Los procesos de subducción se producen hoy en día en multitud de lugares del planeta, incluido el Mediterráneo, y el estudio de Zelandia ha sido fundamental para conocer mejor cómo se desarrollan”, afirma.

“En Zelandia encontramos también sedimentos clave para la investigación sobre el cambio climático. En los sondeos hemos identificado eventos de calentamiento global ocurridos en el pasado y que pueden ser empleados para mejorar los modelos predictivos del actual cambio climático”, afirma. De entre los cambios climáticos del pasado, Alegret destaca el mayor de los últimos 70 millones de años. “El máximo térmico del Paleoceno-Eoceno​ fue un brusco cambio climático que marcó el fin del Paleoceno y el inicio del Eoceno, hace 56 millones de años. Alteró la circulación oceánica y la atmosférica, provocando extinciones y migraciones de diversas especies. En apenas 20.000 años, la temperatura media terrestre aumentó en seis grados, con un correspondiente aumento del nivel del mar, así como un calentamiento de los océanos”, señala. Comparando este evento con otros menores, dice, se pueden ir mejorando los modelos de predicción.

Un nuevo mundo debajo del Pacífico

Zelandia es todo un continente oculto bajo las aguas del Pacífico. Se reconoció oficialmente como tal en 2017. Los otros seis, desde el punto de vista geológico, son Eurasia, África, Norteamérica, Sudamérica, Australia y la Antártida. Tras su separación sufrió importantes movimientos verticales, con momentos en los que estuvo sumergido a miles de metros de profundidad y otros en los que ascendió hasta la superficie. En la actualidad está escondido bajo el mar en un 94%. “La razón por la que no se conocía es que se encuentra sumergido, casi por completo, a más de 1.000 metros de profundidad bajo las aguas del Pacífico. Solo afloran sus montañas más altas, que apenas constituyen un 6% de su superficie”, asegura Alegret.

Fue en 1972 cuando se lanzó la primera expedición científica que recuperó muestras de Zelandia en los fondos oceánicos situados entre Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia. Aquella investigación concluyó que un océano profundo se creó cuando Zelandia se separó del antiguo supercontinente (Gondwana) hace 85 millones de años, en la era de los dinosaurios. Pero esto solo era el inicio de una larga investigación con un largo pasado. “Desde 1968, los programas internacionales de perforación oceánica han recuperado sondeos de los fondos oceánicos para dar respuesta a preguntas fundamentales sobre el funcionamiento de nuestro planeta, las fuerzas que lo gobiernan, los cambios climáticos, la vida y la evolución”, detalla Alegret.

La expedición de 2017, en la que participó Alegret, fue la 371 del programa internacional IODP, pero fue la primera en explorar a detalle Zelandia. “La colaboración internacional contribuye no solo a financiar las expediciones, sino también a formar grupos multidisciplinares de científicos que trabajan con objetivos comunes”, recalca la investigadora, que recuerda la expedición con cariño y nostalgia. “Trabajábamos en turnos de 12 horas, los siete días de la semana, haciendo frente a los fenómenos meteorológicos y a los problemas técnicos derivados de una campaña que fue pura exploración. Los paleontólogos estudiábamos los miles de fósiles microscópicos que aparecían, siempre con la convicción de que estábamos haciendo un nuevo descubrimiento con cada núcleo de sedimento que llegaba al barco”, concluye.