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Jubilación 28 sep 2017

Longevidad, un tsunami para los sistemas de pensiones

El aumento de la esperanza de vida es, sin duda, una buena noticia para la Humanidad. Pero al mismo tiempo supone un desafío para los sistemas de pensiones. Se estima que la mitad de los niños nacidos hoy en países desarrollados superará los 100 años de edad. En las condiciones actuales, con edades de jubilación en torno a los 65 o los 67 años, supone que los jubilados del futuro vivirán más de un tercio de su vida de la pensión pública que reciban del Estado y de los ahorros que hayan podido reunir durante su vida activa. En definitiva, todo un reto para las sociedades del futuro; y no solo en materia de pensiones.

El aumento de la esperanza de vida es un fenómeno relativamente reciente, que data del siglo XIX. Hasta entonces, y durante cerca de 8.000 generaciones, la esperanza de vida se había mantenido estable. Según el trabajo ‘Longevidad: un breve análisis global y actuarial’, elaborado por Mercedes Ayuso y Robert Holzmann, miembros del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones, desde la época de los cazadores-recolectores hasta el siglo XIX —unos 60.000 años— la media de la esperanza de vida de la Humanidad se mantuvo en los 31 años.

Sin embargo, a partir del siglo XIX la tendencia cambia: la esperanza de vida al nacer empieza a aumentar en los países industrializados primero, y en el resto del mundo ya entrado el siglo XX. “Este aumento se debe, en primer lugar, a la reducción de la tasa de mortalidad en las edades más tempranas, especialmente en el nacimiento y entre los niños menores de cinco años, debido a la mejoras de las condiciones en los alumbramientos y a los esfuerzos de inmunización”, apuntan Ayuso y Holzmann en su trabajo.

Los niños nacidos hoy, en 2017, pueden esperar vivir por encima de los 100 años. En otras palabras, vivirán para ver el año 2117

Juega con el ‘Simulador de Pensiones BBVA

A partir de la segunda mitad del siglo XX la esperanza de vida empieza a aumentar rápidamente. Pero en este caso no tanto por el descenso de la tasa de mortalidad en los niños —en los países desarrollados la probabilidad de supervivencia ya es cercana a 1— como por la reducción de la tasa de mortalidad y el aumento de la probabilidad de supervivencia en edades avanzadas.

Según datos del Banco Mundial, la esperanza de vida media al nacer ha pasado de los 52,59 años en 1960 a 71,89 años en 2015. Los países con mayor esperanza de vida del mundo superan los 80 años, según los datos de 2015. Es el caso, por ejemplo, de Hong Kong (84,3), Japón (83,8), Italia (83,5), España (83,4) o Suiza (83,2).

En el caso concreto de España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la esperanza de vida al nacer ha pasado entre 1991 y 2016 de 73,49 años a 80,4 en el caso de los hombres, y de 80,65 a 85,90 años en el caso de las mujeres.

“Desde mediados del siglo pasado, la esperanza de vida ha crecido con rapidez”, explica el Foro Económico Mundial en el ‘white paper’ (libro blanco) titulado ‘Viviremos hasta los 100 años, ¿cómo podremos pagarlo?’. “De media ha estado aumentando un año cada cinco años. Los niños nacidos hoy, en 2017, pueden esperar vivir por encima de los 100 años. En otras palabras, vivirán para ver el año 2117”. Las previsiones actuales apuntan a que la mitad de los niños nacidos hoy serán centenarios.

Desde un punto de vista científico, hay estudios que fijan en 125 años el límite de vida de la especie humana. Hasta la fecha, la mujer que más ha vivido fue la francesa Jeanne Calment, que falleció con 122 años.

No obstante, existe todo un campo de investigación en torno al envejecimiento y cómo frenar su avance. Un campo de investigación financiado en buena parte por grandes corporaciones tecnológicas de Silicon Valley. Google, por ejemplo, tiene una compañía llamada Calico, cuya misión es “aprovechar las tecnologías avanzadas para aumentar nuestra comprensión de la biología que controla la vida útil”. “Utilizaremos ese conocimiento para diseñar intervenciones que permitan a las personas llevar una vida más larga y saludable. La ejecución de esta misión requerirá un nivel sin precedentes de esfuerzo interdisciplinario y un enfoque a largo plazo para el que ya se dispone de fondos”, explica la compañía en su página web.

 Los avances en la ciencia del envejecimiento están empezando a representar ya un factor muy potente de consecuencias todavía por determinar plenamente

“El aumento de la esperanza de vida depende tanto de la adopción individual de mejores estilos de vida como de la existencia de buenos sistemas sanitarios colectivos”, explica José Antonio Herce, socio de AFI y presidente del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones. “La genética afecta solo a una parte de los individuos y es una fuerza relativamente autónoma. Por último, los avances en la ciencia del envejecimiento están empezando a representar ya un factor muy potente de consecuencias todavía por determinar plenamente”.

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Existe todo un campo de investigación en torno al envejecimiento y cómo frenar su avance

Simulador BBVA: ¿Qué pensión tendrías?

Según relata Herce, en la medida en que estos factores mantengan su creciente influencia en la duración de la vida, la esperanza de vida global aumentará a ritmos muy parecidos a como lo ha venido haciendo en los países avanzados en el último siglo, es decir, a razón de dos meses y medio por año transcurrido. “Ello es compatible con estancamientos o incluso retrocesos de la esperanza de vida en determinados países o para determinados grupos sociales”, añade.

El ‘greyny boom’

Sea como fuere, de lo que no hay duda es de que el ser humano es cada vez más longevo, lo cual es una buena noticia, pero tiene implicaciones sociales de calado. Si a ello se le suma el descenso de la natalidad en las sociedades desarrolladas, el futuro pinta sociedades envejecidas con pirámides poblacionales que ya están en proceso de inversión.

Es lo que José Antonio Herce denomina el ‘greyny boom’, en contraposición al ‘baby boom’. “La cohorte española de 65 años en 2015 era de 476.000 personas, aproximadamente 23.000 personas menos que en la clase de 2014”, explica en su trabajo, ‘La longevidad y el ‘greyny boom’. “Pero debido a que las personas de 2015 añadieron 2,5 meses a su esperanza de vida, esta cohorte representa realmente 99,3 años/persona más que la anterior. Y eso es así en cada cohorte presente y futura ¿No equivale a un ‘baby boom’?”, se pregunta.

“En realidad, estos años de vida extra equivalen a casi 100.000 nacimientos. Pero al contrario de los bebés, que hay que criar, educar, soportar penosamente en su adolescencia, etc., durante décadas, los ‘greynies’ ya están educados, acatan las reglas, tienen experiencia profesional y vital, están en buena forma física y mental… bueno, tendrían que ser unos trabajadores excelentes”, añade.

Poblaciones longevas, sociedades distintas

El aumento de la esperanza de vida tiene implicaciones sociales de gran calado, que ya se están empezando a ver. “Hoy en día, el ciclo vital de un ciudadano medio incluye ingresar en el sistema educativo en etapas preescolares, periodos de educación prolongados, matrimonio y paternidad o maternidad tardías y cuidar de los hijos y de los mayores durante periodos prolongados”, explica Jorge Bravo, profesor de Finanzas y Economia en la Universidad Nova de Lisboa – Information Management School (NOVA IMS) y miembro del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones.

A medida que la sociedad sea más longeva, “las personas tendrán que tomar decisiones de consumo y ahorro durante una vida más larga para distribuir el consumo a lo largo de su vida, abordando las diferentes necesidades y preferencias de consumo, endeudamiento, ahorro e inversión en las diferentes etapas del ciclo de vida”, afirma Bravo. “La educación estará espaciada a lo largo del ciclo de vida y el aprendizaje permanente será fundamental para asegurar que los trabajadores tengan las habilidades y el conocimiento exigidos para un mercado de trabajo en constante cambio”.

Además del incremento del gasto sobre el PIB que genera una población cada vez más envejecida (por el gasto en pensiones, sanitario, etc), Elisa Chuliá, profesora titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, pone sobre relieve algunas otras implicaciones económicas, sociales y políticas: “En la economía pueden producirse alteraciones importantes en la demanda agregada de bienes y servicios, que podría decrecer y tendría que ajustarse más a las necesidades y preferencias específicas de la población mayor.”

“En cuanto a la organización de la sociedad, cabe prever la disminución del tamaño de los hogares y las familias, así como también la creciente importancia de la edad como criterio de estructuración de las clases sociales. En política, el creciente peso electoral de los mayores y la consiguiente prioridad que adquieran sus demandas en la agenda política pueden producir conflictos entre generaciones”, apunta Chuliá, miembro del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones.

En política, el creciente peso electoral de los mayores y la consiguiente prioridad que adquieran sus demandas en la agenda política pueden producir conflictos entre generaciones

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El aumento de la longevidad supone un desafío para los sistemas de previsión social a nivel global

El reto para los sistemas de pensiones

El aumento de la longevidad supone un desafío para los sistemas de previsión social a nivel global. “En Japón, que tiene una de las poblaciones que más rápido está envejeciendo, la jubilación puede comenzar en los 60,2 años. Esto podría resultar en un periodo de retiro de más de 45 años para aquellos que alcancen a la esperanza de vida actual de 107 años”, señala el Foro Económico Mundial, utilizando las estimaciones de esperanza de vida para Japón de Human Mortality Database, un proyecto de la Universidad de California “¿Qué impacto tendrá una población que pasará un 20% o un 25% más de tiempo en periodo de jubilación que el que ha pasado trabajando? ¿Cómo repensamos nuestros sistemas de pensiones, que fueron diseñados para periodos de jubilación de 10 a 15 años, para semejante cambio sísmico?”, se pregunta el Foro.

¿Qué impacto tendrá una población que pasará un 20% o un 25% más de tiempo en periodo de jubilación que el que ha pasado trabajando?

El primer sistema público de pensiones se creó en 1889 en la Alemania del canciller Otto von Bismarck. Este sistema de pensiones contemplaba una jubilación a los 65 años, en una época en la que la esperanza de vida media era de tan solo 40 años. Es decir, que la proporción de una generación que llegaba a percibir una pensión de jubilación era reducida y, por tanto, financiable.

Casi 130 años después, en España, por ejemplo, la esperanza de vida a los 65 años es de 19 años en el caso de los hombres y de 23 en el de las mujeres. Para 2065 el INE proyecta 25 años para los hombres y 28 para las mujeres.

Según los datos del Padrón Continuo del INE a 1 de enero de 2016 hay en España más de 8.600.000 personas mayores de 65 años, el 18,4% de la población. Para 2066 habrá más de 14 millones de personas mayores, el 34,6% de la población.

“En torno a 1900, menos del 30% de una generación seguía viva después de los 65 años”, explica José Antonio Herce. “Esto significa que el stock de años-persona se ha duplicado en poco más de un siglo. Naturalmente, esto ha tenido enormes consecuencias para la sociedad y la economía”, añade.

Hoy en día el equivalente a esos 65 años de 1900 son 91 años, que es la edad media a la que actualmente sobrevive el 26,18% de una generación, lo que se conoce como “gran edad”.

“En ausencia de cambios en la edad de jubilación y en las tasas de nacimiento esperadas, el ratio global de dependencia (relación de trabajadores por cada jubilado) se desplomará de 8:1 en la actualidad a 4:1 para 2050”, apunta el Foro Económico Mundial. “La economía global simplemente no puede soportar esta carga. Inevitablemente, la edad de jubilación aumentará, pero en qué medida y a qué ritmo es un asunto que demanda de urgente consideración por parte de los Gobiernos”, añade.

En España, el ratio de dependencia es ya de 1,99 trabajadores por cada jubilado, según datos del INE.

Pero el mercado de trabajo está cambiando: cada día nacen nuevos empleos vinculados a la tecnología, la movilidad laboral es creciente y las carreras profesionales son cada vez más largas. Según datos del Departamento de Trabajo y Pensiones del Reino Unido, recogidos por el Foro Económico Mundial, el número de personas que trabaja pasados los 65 años se ha duplicado en la última década.

Un agujero de 400 billones de dólares

Los sistemas de pensiones tienen ante sí un desafío de grandes proporciones, debido a una serie de factores que el Foro Económico Mundial ha identificado:

  • Aumento de la esperanza de vida y descenso de la tasa de fertilidad.
  • Falta de facilidades para acceder a una pensión. El 50% de los trabajadores a nivel global trabaja en el sector informal y un 48% de la población en edad de jubilación no percibe pensión alguna.
  • Un entorno de crecimiento económico bajo y pobres retornos para las inversiones.
  • Reducidos niveles de educación financiera.
  • Ratios de ahorro insuficientes.
  • Demasiada responsabilidad recae en las personas para organizar su pensión. “Las personas tienen que ser su propio gestor, actuario y asegurador”, apunta el Foro.

Un análisis de Mercer, que colabora con el Foro Económico Mundial en este estudio, cifra en 70 billones de dólares la brecha que existía en 2015 en el mundo entre el ahorro para la jubilación y las necesidades financieras de la población jubilada. Este cálculo se ha realizado en ocho países (Australia, Canadá, China, India, Japón, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos), sumando los fondos existentes en los tres pilares (pensión pública, planes de empleo y planes de pensión individuales). Esta cifra agregada se ha comparado con las estimaciones salario anual medio en el retiro y la esperanza de vida en cada país.

Esa brecha de 70 billones de dólares equivale a 1,5 veces el PIB de los ocho países estudiados. Las proyecciones de Mercer apuntan a un aumento anual de ese déficit del 5%, hasta alcanzar los 400 billones de dólares en 2050.

En la mayoría de los países desarrollados se han alcanzado los límites de la recaudación adicional de los sistemas públicos de pensiones por medio de coberturas adicionales y mayores tasas de contribución”, afirma Jorge Bravo. “El envejecimiento de la población y, en particular, los aumentos de la longevidad representan un cambio demográfico estructural en los regímenes de pensiones, ya que el estancamiento o la disminución de las poblaciones en edad de trabajar no pueden sostener y aumentar la generosidad de las promesas de pensiones”, añade.

Una población de jubilados mayor y más longevos depende de sistemas de pensiones públicos y privados obsoletos que son insostenibles

“Nuestro actual mosaico global de sistemas de ahorro a largo plazo, leyes, reglamentos, esquemas y productos es lamentablemente inadecuado para apoyar a las generaciones actuales y futuras en la vejez”, afirma Mercer en un informe titulado ‘Ideas en negrita para arreglar la brecha del ahorro a largo plazo’. En algunos países, una población de jubilados mayor y más longevos depende de sistemas de pensiones públicos y privados obsoletos que son insostenibles, lo que significa que son inadecuados para cumplir con las promesas financieras que se están haciendo. En otros, una clase media en rápida ascensión está encontrando que prácticamente no existe un sistema para ayudarlos a ahorrar para la vejez”.

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