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BBVA world 10 sep 2015

¿Por qué El Celler de Can Roca es un celler?

Quizá los lectores más asiduos se hayan preguntado en algún momento el porqué del nombre El Celler de Can Roca que, muy a menudo, queda abreviado como El Celler por todos. Al fin y al cabo, el nombre, propio o común, es una parte indisoluble de todos nosotros, es parte de lo que somos y parte de lo que hacemos, es lo que somos en la medida en la que nosotros somos lo que designa.

¿Pero qué es un celler? Una pregunta que recoge dentro muchas otras, y la más evidente de las mismas no es otra que: ¿Es El Celler de Can Roca un celler? El concepto nos aleja hacia el Mediterráneo y, concretamente, a la isla de Mallorca, donde celler era la palabra utilizada para un concepto similar al de mesón o bodega, pero con una serie de particularidades.

El celler era una casa antigua, normalmente familiar, que estaba anexa a grandes posesiones que la rodeaban; por norma, la casa se encontraba vinculada a la hostelería y ofrecía productos típicos de la tierra cultivados y cocinados allí mismo

Fotografía de los hermanos Roca, embajadores BBVA

El Celler que une tradición y modernidad

Este concepto es extraído casi íntegramente por Joan y Josep cuando la idea de un restaurante anexo a la casa familiar cobraba vida, en un proyecto de laboratorio que terminaría por enamorar, consolidarse y convertirse en un referente. Su ubicación, cercana al negocio de los padres y ubicada en la tierra que les vio nacer y crecer, retrotrae exactamente a la idea misma de celler, donde familia, casa y vida se unen en una mezcolanza hoy extraña, pero exacta.

Su vínculo con la hostelería fue inicial, por describirlo de algún modo, para Joan, y muy temprano para Josep, y probablemente ellos mismos tendrían dificultades en decidir si El Celler de Can Roca se ha convertido en celler o la pasión por la gastronomía de Joan, Josep (y también Jordi) hizo que cimentase unas bases claras de padres a hijos.

Entre los conceptos generales de estas casas mallorquinas también se encuentran su concurrencia y éxito entre los comensales y clientes; de todo ello, no hay duda posible y Can Roca, el bar-restaurante de los padres, fue el mejor punto de partida.

Por lo contrario, quizá las grandes posesiones y la decoración tradicional han tenido que reducirse con el fin de apostar por la neutralidad para dar cabida a todo el mundo: la experiencia de comer en El Celler se mantiene así por delante, rellenando los espacios físicos con una idea de inclusión y recordando las raíces en pequeños detalles como el PlatdePa (plato de pan) de Andreu Carulla.

La conclusión lógica es que El Celler de Can Roca mantiene todos los elementos importantes que convierten una casa de campo en un celler, prescindiendo de todo aquello físico que no tiene cabida y siempre a favor de la experiencia, la vanguardia y el cambio.

Así, la casa no es más que una construcción creada sobre la base de una tradición, del mismo modo que sus platos crecen a la vanguardia sobre las raíces de la tradición mediterránea.

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