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Así es la biofilia: La conexión con la naturaleza como terapia

Así es la biofilia: La conexión con la naturaleza como terapia

La conexión innata del ser humano con plantas y animales, con las que ha coexistido durante miles de años, tiene efectos beneficiosos sobre la salud. Muchas ciudades buscan renaturalizarse para atajar la contaminación, ser más resilientes frente al cambio climático y mejorar el bienestar ciudadano.

“La biofilia es la conexión innata que tenemos los seres humanos con las plantas y los animales. Estar rodeado de naturaleza supone un impacto positivo en nuestras emociones y en nuestra forma de pensar. Hay médicos que prescriben a sus pacientes paseos por el bosque”, asegura Daniel Gómez Bilbao, paisajista mexicano fundador de la firma Huatan, dedicada al diseño y conservación de espacios verdes. Dice este experto en arquitectura biofílica que, en términos evolutivos, el ser humano lleva cinco minutos viviendo en ciudades, y que hay algo en sus genes que añora, de manera visceral, instintiva, los ecosistemas llenos de vida que ha dejado atrás.

Este es el hilo argumental de Biophilia, el libro de 1984 en el que el biólogo estadounidense Edward O. Wilson (también coautor del concepto de biodiversidad) elabora y desarrolla el término biofilia, que entiende como la necesidad emocional profunda de estar en contacto con el resto de seres vivos. “Wilson defiende que el ser humano busca el contacto con otros seres vivos, sean animales o plantas, para sentirse en paz y en armonía, igual que necesita socializar con otros seres humanos para alcanzar el bienestar”, comenta Jose M. Blas, paisajista especializado en biofilia, jardines y ecosistemas verticales.

Así es la biofilia: La conexión con la naturaleza como terapia

“En cuarenta años de práctica médica he descubierto que solo dos tipos de terapia no farmacológica son de vital importancia para los pacientes con enfermedades neurológicas crónicas: la música y los jardines”, dejó escrito el reputado neurólogo y escritor británico Oliver Sacks en su libro póstumo, Everything in its place.

Herramienta medicinal

Las plantas captan dióxido de carbono (CO2), aportan oxígeno, ofrecen alimento, dan sombra y refrescan el ambiente. “La naturaleza es nuestra salvadora y nuestra sanadora”, remacha Gómez Bilbao, haciendo hincapié en que la biofilia nace de la experiencia médica y la evidencia científica.

“Mirar a través de una ventana puede influir en la recuperación de una cirugía”. El psicólogo ambiental Roger S. Ulrich publicó también en 1984 un artículo en la revista Science en el que examinaba los registros de recuperación de personas sometidas a una colecistectomía (operación para extraer la vesícula biliar) en un hospital de Pensilvania entre 1972 y 1981: veintitrés pacientes asignados a habitaciones con ventanas con vistas a un escenario natural tuvieron estancias postoperatorias más cortas, menos complicaciones, y tomaron menos analgésicos que otros tantos pacientes en habitaciones similares con ventanas que daban a un edificio de ladrillo.

Los shinrin-yoku (literalmente, captar la atmósfera del bosque o bañarse en el bosque) son una actividad biofílica con efectos fisiológicos muy positivos, según las investigaciones revisadas por el japonés Yoshifumi Miyazaki, uno de los pioneros mundiales en el estudio científico de los baños de bosque, que también ha publicado sus propios experimentos en 24 bosques de Japón. “Los entornos forestales promueven concentraciones más bajas de cortisol, menor frecuencia cardíaca, menor presión arterial, mayor actividad nerviosa parasimpática y menor actividad nerviosa simpática que los entornos urbanos. Estos resultados contribuirán al desarrollo de un campo de investigación dedicado a la medicina forestal, que podrá ser utilizado como estrategia para la medicina preventiva”, concluye su estudio de campo.

Renaturalizar el entorno urbano

“La pandemia nos ha hecho buscar esa reconexión con la naturaleza –interviene Gómez Bilbao. Estuvimos aislados y sin contacto físico con otras personas durante meses; de ahí los niveles de estrés y enfermedades. Y empezamos a plantar semillas, y a verlas germinar y crecer, como una suerte de terapia ocupacional”, recuerda Gómez Bilbao.

Hubo familias que crearon pequeños huertos en sus balcones con plantas aromáticas y algunas verduras, y pudieron comer sus frutos. La naturaleza siempre había estado ahí, pero en un segundo plano, sin que nos diéramos cuenta. “Y entonces descubrimos lo maravillosa y generosa que es, cómo responde cuando le dedicamos tiempo... Y nos enamoramos de ella”, enfatiza el paisajista mexicano.

Los expertos notan que el interés por integrar la naturaleza en entornos urbanos ha crecido exponencialmente. Prueba de ello es que grandes multinacionales están construyendo sus edificios señeros bajo los parámetros de la arquitectura biofílica. Como The Sphere, los tres oasis tropicales con forma de mundos transparentes que Amazon ha plantado en el centro de Seattle (EE. UU.). O la cascada de 40 metros, rodeada de un jardín con más de 120 especies, que protagoniza La Joya, que es la ampliación del aeropuerto Changi de Singapur.

Jose M. Blas destaca a países como China o México, que tratan de renaturalizar sus urbes para atajar sus problemas de contaminación. Y otros como Holanda que están apostando porque todas las paradas de autobús tengan su pequeña cubierta vegetal y así mejorar la calidad del aire. Dinamarca ha propuesto que cada nuevo edificio tenga en su cubierta tantas especies vegetales como existían en el solar donde fue construido. Así no se pierde biodiversidad y gana en resiliencia frente al cambio climático.

“Podemos sembrar de verde las cubiertas, las grandes olvidadas de los edificios, y las fachadas, con jardines verticales”, exhorta este especialista en biofilia, que al igual que Gómez Bilbao cree que hay una necesidad urgente de renaturalizar las ciudades. “Necesitan más verde, no por una cuestión estética, sino de salud de sus habitantes. Hemos de invitar a otros seres vivos a los ecosistemas artificiales que hemos generado, y recuperar nuestra conexión con plantas y animales, con los que hemos coexistido durante millones de años. Es la única manera de que sobrevivamos. Todos”, advierte.

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