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De microalgas a carne de laboratorio: ¿cuáles serán los alimentos del futuro?

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Existen hasta 50.000 plantas comestibles, de las que solo 200 forman parte de nuestra dieta. En los próximos años nuevos alimentos se incorporarán a nuestro menú, desde los insectos y las algas hasta las raíces y los filetes creados a partir de células madre.

Hamburguesa de carne de grillos acompañada de ensalada de algas y pan impreso en 3D. Puede sonar surrealista, pero es muy probable que en cuestión de pocas décadas descripciones como esta sean habituales en los menús de los restaurantes.

Nuestro actual sistema de producción y consumo no resulta sostenible. El uso intensivo de la tierra para generar alimentos tiene un alto impacto en el medioambiente y, sin embargo, no resulta efectivo para nutrir de forma correcta a gran parte de la población del planeta. Se calcula que 690 millones de personas pasan hambre, mientras 2.000 millones sufren las consecuencias del sobrepeso o la obesidad en los países desarrollados y en vías de desarrollo. A su vez, enormes cantidades de alimentos se desperdician cada año: en 2019, 930 toneladas de comida terminaron en la basura.

A esta paradoja se suma el hecho de que existe una gran cantidad de productos comestibles que rara vez están entre nuestros platos. De acuerdo con WWF, se estima que hay entre 20.000 y 50.000 plantas comestibles, pero solo entre 150 y 200 son consumidas regularmente por los humanos. Para darle la vuelta a esta situación, se espera que en los próximos años se introduzcan en nuestras dietas nuevos alimentos que van desde los insectos hasta los filetes creados a partir de células madre.

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Los insectos, una gran fuente de nutrientes

En mayo de 2021, la Unión Europea autorizó por primera vez el consumo de un insecto en sus países miembros. Se trata del gusano de la harina (Tenebrio molitor), una larva que una vez tostada tiene un sabor parecido al del cacahuete.

El gusano de la harina recibió el visto bueno de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) tras confirmarse que es un alimento seguro y una importante fuente de proteínas, fibras y grasas. Se espera que en los próximos meses comience a comercializarse, presentado entero o molido en forma de harina para elaborar otros productos. Actualmente, la Unión Europea está estudiando la posibilidad de aprobar el consumo de otros 11 insectos.

Además de por su alto aporte nutricional, el consumo de insectos es interesante porque su producción tiene un impacto medioambiental bajo. En numerosas regiones de América Latina (como por ejemplo la Amazonía colombiana, peruana o brasileña), hormigas, gusanos o grillos son parte fundamental de la dieta de millones de personas. En Vietnam, la empresa Cricket One se convirtió en pionera al fabricar y comercializar hamburguesas de carne de grillo en 2020.

Aprovechar más el mar

En su informe Los 50 alimentos del futuro, WWF recoge 50 alimentos (todos vegetales) que están disponibles en un gran número de países, son nutritivos y tienen un reducido impacto medioambiental, por lo que ayudarían a promover un modelo más sostenible.

Entre ellos, cobran especial importancia las algas, muy ricas en proteínas, ácidos grasos esenciales y antioxidantes. Algunos ejemplos de las algas que más se están introduciendo en el consumo habitual son el wakame (Undaria pinnatifida), el laver (Porphyra umbilicalis) o el conocido como kelp de azúcar (Saccharina latissima).

Junto a las algas, en los próximos años puede extenderse también el consumo de algunos cactus y raíces. Por ejemplo, los nopales, una variedad fácil de sembrar y muy común en América Central y del Sur, África y Oriente Medio. Tanto su fruta como sus cladodios, su flor y su aceite son fuentes importantes de nutrientes.

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Comida que sale de un laboratorio

La tecnología y la ciencia también tienen algo que aportar a la hora de crear nuevas opciones alimentarias. Por ejemplo, los alimentos impresos en 3D, elaborados con células madre o basados en proteínas artificiales.

En 2013, se cocinó y se comió en Londres la primera hamburguesa hecha con carne creada a partir de células madre. Dado que era mitad hamburguesa, mitad creación en laboratorio, acabó recibiendo el nombre de Frankenburger. En 2020, la start up israelí Aleph Farms creó el primer bistec de carne de laboratorio a través de bioimpresión 3D y células de vacas reales.

La lista sigue, y no se limita a la carne. La empresa emergente Atomo Coffe, por ejemplo, está trabajando para crear café sin necesidad de contar con las semillas de la planta, gracias a un proceso químico para producir su sabor a partir de los granos de otros vegetales. Con este proyecto, se busca una alternativa al cultivo tradicional de café, una actividad con un alto impacto ambiental en los países y bosques tropicales.

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