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"La inversión en 'cleantech', una oportunidad para Europa"

Antoni Ballabriga, director global de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA, analiza la importancia de la innovación tecnológica y la inversión en 'cleantech' en una tribuna publicada en el último número de la revista 'Estrategias de Inversión'.

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Antoni Ballabriga (Director global de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA)

Según la Agencia Internacional de la Energía, las tecnologías disponibles en el mercado necesarias para alcanzar las cero emisiones netas a 2050 han pasado del 50% al 65% entre 2021 y 2023. La innovación nos está permitiendo mantener abierta la posibilidad de alcanzar las cero emisiones netas pero es una ventana que se está volviendo cada vez más estrecha. Y nos queda mucho por hacer.

En BBVA decimos que esta transformación sólo se producirá si tiene sentido económico y es justa. Y la innovación tecnológica juega un rol central para hacerlo posible. En un primer nivel tenemos aquellas tecnologías sin prima de coste verde y que están listas para ser implementadas masivamente como las energías renovables, la eficiencia energética o la movilidad eléctrica. Y luego tenemos un segundo nivel que incluye aquellas tecnologías que se encuentran en las primeras etapas y necesitan pasar a una fase económicamente viable para alcanzar un punto en el que se cumplan las condiciones para su escala. Aquí tenemos aquellos sectores difíciles de descarbonizar donde todavía tenemos primas de costos verdes relevantes: cómo producir acero o cemento verdes, cómo producir combustibles de aviación sostenibles, cómo resolver el transporte pesado o el transporte marítimo, cómo capturar carbono y muchos más.

Según el último informe Net Zero Industry Tracker del Foro Económico Mundial, la inversión denominada habitualmente como 'cleantech' y que es necesaria para estos sectores industriales más difíciles de descarbonizar asciende a 13,5 billones de dólares de aquí hasta 2050. Las emisiones relacionadas con la energía de estos sectores representan más del 40% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el mundo y, lamentablemente, solo están capturando poco más del 10% de la inversión en innovación.

Si ponemos el foco en Europa, la Comisión Europea estima una inversión necesaria de 92.000 de millones de euros en cleantech entre 2023 y 2030. Teniendo en cuenta la inversión pública y la inversión actual privada nos lleva a una brecha de inversión estimada de 50.000 millones de euros, según Cleantech for Europe.

Para abordar esta brecha es fundamental que los gobiernos creen el marco propicio para estimular la inversión en cleantech. Todas esas tecnologías pueden sufrir un “valle de la muerte”, y en consecuencia las políticas públicas que incentiven la inversión privada están más que justificadas.

Es cierto que necesitamos políticas ambiciosas que proporcionen certidumbre a todos los actores, pero uno de los elementos esenciales de esas políticas deben ser los mecanismos de incentivos adecuados. Eso ha hecho ya Estados Unidos con la Inflation Reduction Act (IRA por sus siglas en inglés) y ahora toca hacer lo propio en Europa con la Ley Industrial de Cero Emisiones Netas o Net Zero Industry Act.

Una iniciativa que se espera aprobar definitivamente en breve y cuyo objetivo principal es que fabrique en la UE al menos el 40% de las tecnologías limpias estratégicas, incluyendo solar, eólica, baterías y almacenamiento, bombas de calor y energía geotérmica, electrolizadores y pilas de combustible, biogás/biometano, captura, utilización y almacenamiento de carbono, tecnologías de redes y energía nuclear.

Adicionalmente se incluye un objetivo específico para la captura y almacenamiento de CO2, con una capacidad de inyección anual de al menos 50 millones de toneladas a 2030. También se mencionan otras medidas relevantes tales como la facilitación de permisos más rápidos para proyectos en cleantech con un máximo de 12 o 18 meses según su tamaño; la promoción de valles o territorios de aceleración neta cero; la incorporación en estas tecnologías en la contratación pública; e incluso el fomento de marcos regulatorios favorables para desarrollar, probar y validar tecnologías innovadoras.

Una de las principales críticas a esta iniciativa está siendo la inexistencia de fondos europeos adicionales tal como se ha hecho en Estados Unidos. Sin embargo, la UE cuenta con un activo diferencial: el régimen de comercio de derechos de emisión o EU ETS (por sus siglas en inglés). En 2022, los ingresos totales generados por este sistema ascendieron a más de 38.000 millones de euros, de los cuales cerca del 80% se dirigieron directamente a los Estados miembros. De los ingresos restantes, 3.200 millones de euros se destinaron al EU Innovation Fund.

"Tenemos la oportunidad de que Europa sea ganadora en este cambio sistémico que supone la descarbonización"

Tal como señalan el Institute for Climate Economics y Breakthrough energy, la UE tiene la extraordinaria oportunidad de canalizar una buena parte de los crecientes ingresos por ETS previstos para los próximos años para fomentar la inversión en cleantech. Por un lado, los fondos que recibirán los Estados miembros en los próximos 12 años se multiplicarán por cuatro. Deberíamos pedirles que inviertan el 25% de estos ingresos en la promoción de tecnologías limpias. Y por el otro, el EU Innovation Fund podría pasar de los 3.200 millones anuales actuales a 25.000 millones de euros en 2030.

Si Europa juega bien sus bazas tiene ante sí la enorme oportunidad de generar el entorno favorable para que las empresas inviertan en la innovación que necesitamos y el sector financiero pueda acompañar este ciclo sin precedentes. Tenemos la oportunidad de que Europa sea ganadora en este cambio sistémico que supone la descarbonización.