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Economía Circular 06 may 2022

La moda de usar y tirar, ¿tiene los días contados? Hacia la economía circular

La moda de usar y tirar, ¿tiene los días contados? Hacia la economía circular

Diariamente compramos prendas de ropa de escasa calidad que usamos en pocas ocasiones y luego tiramos. La UE y España están tratando de poner freno a una industria que es excesivamente contaminante. Reciclar las prendas no vendidas, separar los residuos textiles en la basura acompañan a las nuevas leyes y estrategias.

La moda rápida pasará de moda. Las reglas del juego están cambiando para los productores textiles, y tanto la UE como España se han propuesto que este sector deje de seguir pasando casi desapercibido como uno de los grandes contaminadores.

Las tiendas de ropa se reproducen en pueblos y ciudades de todo el mundo de manera incontrolada. La mayoría venden productos de dudosa calidad, prendas prácticamente de usar y tirar cuyos bajos precios permiten hacerlo posible. Cada vez tendemos más a usar la misma ropa una sola temporada y cambiamos casi completamente nuestro armario de un año para otro.

El europeo medio tira cada año 11 kilos de ropa, zapatos y otros productos textiles, según la Comisión Europea . El sector textil es el cuarto mayor emisor de gases de efecto invernadero, después de los alimentos, la vivienda y el transporte.  Por si esos datos fueran pocos para concienciarnos sobre el alcance contaminante de este sector, hay más: casi tres cuartas partes de la ropa y los textiles para el hogar que se consumen en la UE se importan de otros lugares.

Una investigación de la Unión de la Conservación de la Naturaleza (IUCN) estimaba que el 33 % de los microplásticos —pequeños trozos de plástico que no se descomponen en el océano— proceden del lavado de textiles sintéticos como el poliéster.

La razón de que su impacto sea tan grande se debe a varios factores: su cadena de suministro es larga y compleja, empieza en la agricultura (fibras vegetales) y la fabricación petroquímica (fibras sintéticas), sigue por la manufactura para, pasando por la logística, terminar en la venta al por menor. La huella que deja es demasiado alargada.

La moda rápida pasará de moda. Las reglas del juego están cambiando para los productores textiles, y tanto la UE como España se han propuesto que este sector deje de seguir pasando casi desapercibido como uno de los grandes contaminadores.

Las tiendas de ropa se reproducen en pueblos y ciudades de todo el mundo de manera incontrolada. La mayoría venden productos de dudosa calidad, prendas prácticamente de usar y tirar cuyos bajos precios permiten hacerlo posible. Cada vez tendemos más a usar la misma ropa una sola temporada y cambiamos casi completamente nuestro armario de un año para otro.

El europeo medio tira cada año 11 kilos de ropa, zapatos y otros productos textiles, según la Comisión Europea . El sector textil es el cuarto mayor emisor de gases de efecto invernadero, después de los alimentos, la vivienda y el transporte.  Por si esos datos fueran pocos para concienciarnos sobre el alcance contaminante de este sector, hay más: casi tres cuartas partes de la ropa y los textiles para el hogar que se consumen en la UE se importan de otros lugares.

Una investigación de la Unión de la Conservación de la Naturaleza (IUCN) estimaba que el 33 % de los microplásticos —pequeños trozos de plástico que no se descomponen en el océano— proceden del lavado de textiles sintéticos como el poliéster.

La razón de que su impacto sea tan grande se debe a varios factores: su cadena de suministro es larga y compleja, empieza en la agricultura (fibras vegetales) y la fabricación petroquímica (fibras sintéticas), sigue por la manufactura para, pasando por la logística, terminar en la venta al por menor. La huella que deja es demasiado alargada.

La moda de usar y tirar, ¿tiene los días contados? Hacia la economía circular

El precio ambiental de la moda rápida es completamente insostenible. Según los datos publicados en 2020 por la revista Nature Reviews Earth & Environment, la industria de la moda produce anualmente entre 4.000 y 5.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂), lo que representa entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales de este gas. Su consumo de agua es uno de los más importantes, con casi 8 millones de metros cúbicos anuales. Es responsable del 20 % de la contaminación industrial de agua, debido a las actividades de tratamiento textil y de tintado. Contribuye en algo más de un tercio a la acumulación de microplásticos de los océanos, con una cantidad anual de 190.000 toneladas.

Las marcas de la calle, además, nos deslumbran con grandes cantidades de ropa barata que no está diseñada para durar mucho tiempo, pero no pagan por las montañas de residuos que se vierten.

En países como España, el 65 % de las prendas que hay en los armarios femeninos proviene de moda rápida y que los españoles nos desprendemos de 326.000 toneladas de ropa al año, el equivalente textil al desperdicio electrónico anual de toda la UE.

Con el auge de la moda rápida, en 15 años se ha duplicado la producción textil en el mundo. De mantener este ritmo de crecimiento, en 2030 la industria textil habrá aumentado su consumo de agua, las emisiones de CO2 y la generación de residuos entre un 50% y un 63%.

Debido al alto nivel de contaminación que genera nuestra ropa, el Gobierno de España ha decidido incluir en la Ley de Residuos una nueva normativa que acaba de entrar en vigor y que obligará al reciclaje de los productos no vendidos en tienda, así como a evitar la posibilidad de mezclar materiales en exceso o llenarlos de abalorios en su fabricación.

El principal objetivo de esta ley es lograr crear un sistema de depósito, devolución y retorno de estos artículos de moda. Además, se establece un calendario de implantación de nuevas recogidas separadas en los domicilios, incluyendo los residuos textiles para entidades locales con más de 5.000 habitantes, y a partir de 2024 para el resto de municipios.

Por su parte, la UE también quiere obligar a las firmas de moda a que la ropa que pongan a la venta sea reciclable y duradera. La Estrategia de la UE sobre los Productos Textiles Sostenibles y Circulares establece objetivos y medidas concretas para velar por que, de aquí al año 2030, los productos textiles comercializados en la UE sean de larga duración y reciclables y estén fabricados en la medida de lo posible con fibras recicladas, sin sustancias peligrosas y producidos respetando los derechos sociales y el medioambiente. Los consumidores disfrutarán durante más tiempo de unos productos textiles de alta calidad, la moda rápida debería estar pasada de moda y debería haber amplia disponibilidad de servicios de reutilización y reparación rentables. “De este modo, el ecosistema textil circular prosperará y recibirá el estímulo de capacidades suficientes de reciclado innovador de fibra a fibra, al tiempo que se reducen al mínimo la incineración y la eliminación de productos textiles”, sostiene la estrategia.

'Podcast': Recicla y reutiliza la ropa: ayudarás a reducir su impacto ambiental

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Entre las medidas concretas figuran requisitos de ecodiseño para los productos textiles, etiquetas más claras, un pasaporte digital de productos y un régimen ampliado obligatorio de la UE de responsabilidad de los productores. También se prevén medidas para luchar contra la liberación involuntaria de microplásticos de los productos textiles, garantizar la exactitud de las afirmaciones ecológicas y fomentar los modelos de economía circular, incluidos los servicios de reutilización y reparación.

Para combatir la moda rápida, esta estrategia también pide a las empresas que reduzcan el número de colecciones al año, asuman su responsabilidad y actúen para minimizar su huella de carbono y medioambiental, y a los Estados miembros que adopten medidas fiscales que favorezcan al sector de la reutilización y la reparación. La Comisión promoverá el cambio también mediante actividades de concienciación.

La Comisión Europea, en definitiva, pide el fin de la moda rápida para 2030. El ejecutivo de la UE también quiere que las grandes empresas revelen la cantidad de existencias no vendidas que envían a los vertederos como parte de un amplio plan para acabar con la cultura de usar y tirar.