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La quinta fachada: llegó la hora de dar vida a las azoteas

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El concepto de la quinta fachada fue lanzado por el arquitecto Le Corbusier a mediados del siglo XX. Se trata de recuperar las azoteas de los edificios de las ciudades para el uso y esparcimiento de los vecinos con estructuras de energías limpias, zonas ajardinadas e incluso huertos de abastecimiento. Un guiño a la sostenibilidad.

Este concepto no es nuevo, pero sí que está adquiriendo cada vez más relevancia en el mundo de la arquitectura y de las nuevas construcciones en grandes ciudades. El gran Le Corbusier (1887-1965), arquitecto, urbanista, pintor, escultor y hombre de letras suizo nacionalizado francés, fue un firme defensor de la conquista del tejado mediante la implantación de la cubierta-jardín.

La Unité d´Habitation de Marsella fue una de las primeras obras del arquitecto donde la cubierta tenía una utilidad social. Fue construida a mitad del siglo XX. Además de sus modernas instalaciones y de que se trata de uno de los edificios llamados “colectivos” más grandes de todos los tiempos, su particularidad es que en su quinta fachada hay una guardería, una gran terraza y bancos.

Las cubiertas de los edificios tienen infinidad de posibilidades a las que una mala planificación urbanística histórica no les ha sacado todo el partido que merecen. Hasta hace poco tiempo se concebían como un espacio prácticamente inservible que no iba más allá de dar una respuesta climatológica eficaz a los edificios (aislamiento del sol o la lluvia, evacuación de agua y, como mucho, tendedero). Pero frente a esta cubierta concebida únicamente como un elemento de aislamiento surge la cubierta con uso, aquella que puede pisarse y constituir un lugar más de estancia.

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Lucila Urda Peña es arquitecta en el estudio Pez Arquitectos SLP y profesora de Urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (Universidad Politécnica). Su equipo está construyendo un edificio en Suiza con una escuela infantil en la cubierta, un jardín en la zona central, un huerto y placas solares. “En los países mediterráneos la cubierta plana es la solución más lógica y se está empezando a recuperar para la incorporación de sistemas de energías activas, recogida de aguas pluviales y zonas verdes. Esto último, además, aísla del calor y puede utilizarse por los vecinos. La idea es acercarse a una eficiencia energética con clasificación A y eso se puede hacer a través de la cubierta”, asegura.

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Las posibilidades de las quintas fachadas son muy grandes. Aunque aún existen reticencias en muchas comunidades de vecinos a sacarles partido, incluso a permitir que se usen como lugar de esparcimiento, los más visionarios ya se están dando cuenta de las ventajas que tiene convertir la cubierta en un espacio para uso y disfrute de los habitantes de un edificio. Al fin y al cabo, son espacios a los que normalmente no se les da otra utilidad que no sea colocar la maquinaria del ascensor o la de los aparatos de aire acondicionado.

En la actualidad, más del 50 % de la población mundial vive en grandes ciudades y para todas ellas esta sería una de las mejores soluciones para reducir los efectos del CO2 y los gases contaminantes, en el caso de convertir las cubiertas de sus edificios en soportes para estructuras que faciliten el uso de energías limpias y la construcción de jardines y huertos. Porque, como decía Le Corbusier, “la arquitectura es el punto de partida del que quiera llevar la humanidad hacia un porvenir mejor”.

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