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Las renovables y la tecnología como vía para un futuro de energía barata

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Las energías eólica y la fotovoltaica son fuerzas de la naturaleza muy variables que provocan una volatilidad en los precios nunca vista antes. La innovación tecnológica –internet de las cosas y ‘apps’– ayudará a los consumidores a aprovechar las tarifas más bajas.

Nunca como ahora había estado la energía tan cara en Europa. Nunca como ahora habían sido sus ciudadanos tan conscientes de su precio. Y nunca como ahora había sido tan importante poner la lavadora cuando sopla el viento o luce el sol (para ello tendremos, cada vez más, la ayuda inestimable de la tecnología). Europa es, en materia energética, como aquel vecino del refrán que se está cortando las barbas, avisando al resto del mundo de que ponga las suyas a remojar.

Dicen los expertos que conforme las energías renovables, menos costosas de producir, vayan copando el ‘mix’ eléctrico en detrimento de los combustibles fósiles, los precios irán bajando. “La solar fotovoltaica y la eólica ya son las dos formas de generación más baratas del mundo”, recuerda Eloy Sanz, investigador y profesor de Tecnologías Energéticas y Energías Renovables en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). “Es más económico construir nuevas renovables desde cero que operar plantas de carbón y gas existentes en un número creciente de países, incluidos China, India y gran parte de Europa”, revela el informe 2022 de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF).

Por lo pronto, España y Portugal, que han apostado por las energías limpias y le han puesto tope al precio del gas natural (con la llamada excepción ibérica) tienen, hoy por hoy, las tarifas menos estratosféricas (todavía distan de ser baratas) de Europa.

En México, los costos se han encarecido enormemente, pero el precio de la energía es menor que la inflación, y no ha afectado a la economía de las familias ni a los comercios, porque el Gobierno la está subvencionando”, explica la doctora Karla Cedano, del Instituto de Energías Renovables de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La experta se pregunta hasta cuándo podrá el estado mexicano contener artificialmente esta escalada, que no es coyuntural sino estructural, e imparable: la energía procedente de combustibles fósiles será cada vez más costosa.

Cedano aboga por emplear el ahorro que supondrá a las arcas públicas la implantación de renovables (cuyos costes de producción, ya se ha dicho, son más bajos) para mejorar y “hacer inteligente” la red eléctrica.

México es uno de esos vecinos que tratan de poner sus barbas a remojo, con una apuesta centrada fundamentalmente en la energía fotovoltaica. Si en 2008 la capacidad instalada para aprovechar los rayos solares era del 0 %, a partir del 2012 esta tecnología experimenta un crecimiento exponencial, hasta llegar a los 421 MW (megavatios) en 2017, y a los 1.388 MW en 2020, según datos del PRODESEN (Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional). A pesar del esfuerzo, su penetración se encuentra aún por debajo del 3 %.

“Necesitamos más renovables, y más variedad de renovables”, puntualiza Cedano, partidaria, por seguir con el refranero, de no poner todos los huevos en la misma cesta. A la energía hidroeléctrica, con mucho peso en México, en general en toda Latinoamérica, y a la citada fotovoltaica, habrían que sumar la geotérmica, los biocombustibles o el hidrógeno verde, que a la experta le parece bien, aunque le preocupa la planificación. “Requiere mucha agua”, precisa.

Un sistema copado por renovables de fuentes diversas es, según defienden los especialistas, más resiliente, infinitamente menos sensible a los vaivenes de la geopolítica, y el mejor garante de una independencia energética, que al final redunda en una bajada de costes. “Miren lo que les está pasando en Europa cuando Rusia ha decidido cortarles el gas”, señala Cedano. “Frente a coyunturas poco halagüeñas, muchos de cuyos factores geopolíticos escapan al control de un país soberano, la mejor defensa es intentar depender cada vez menos de los combustibles fósiles, instalando renovables”, coincide Eloy Sanz desde el otro lado del Atlántico.

Variabilidad de tarifas

El viento sopla cuando sopla y el sol brilla cuando brilla, y esta tautología rompe la lógica de precios estables imperante en el pool eléctrico, que se ha venido traduciendo en tarifas eléctricas más o menos constantes en el mercado regulado de la luz, y en tramos tarifarios fijos. A medida en que las interconexiones de redes entre países se vayan tejiendo, tampoco tendrá mucho sentido el principio, hasta ahora válido, de que la luz cuesta más en invierno y menos en verano y en las primaveras de mucha lluvia; y es más que probable que las diferencias de costes entre el día (más caro) y la noche (más barata) se desdibujen cuando la mayoría de la población disponga de un vehículo eléctrico y lo cargue de madrugada.

Resumiendo, los expertos prevén una variabilidad de los precios de la energía nunca vista, casi al minuto. “Te asomarás a la ventana, verás que hace sol, o hay viento, y sabrás que es un buen momento para poner la lavadora”, asegura Pedro Fresco, especialista en energías renovables y, hasta hace poco, director general de Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana (España), que invita a adaptarse a esta mayor volatilidad, pero sin verlo como algo negativo, sino como una oportunidad, como cuando encontramos una oferta en el supermercado, y la aprovechamos.

Una cometa gigante para producir energía eólica: otra alternativa sostenible

“En el futuro tendremos muchas horas de electricidad al año con precios baratos, y la tecnología nos ayudará a aprovecharlas. No necesitaremos un control manual. Las Siri y Alexa nos van a ir informando”, vaticina Fresco. Llegados a este punto, el reto consiste en evitar que la brecha digital deje a nadie atrás.

El llamado Internet de las Cosas (IoT) hará posible (ya comienza a hacerlo, de hecho) el funcionamiento de calentadores, calefacciones y electrodomésticos inteligentes, programados para funcionar cuando la electricidad esté más barata, o vehículos eléctricos que se cargan automáticamente en horas de tarifa baja. En países como España proliferan las aplicaciones móviles que informan de los precios de la luz. Las siguientes, todas gratuitas, se encuentran entre las más populares:

  • RedOS (disponible para iOS y Android). Es la aplicación de la Red Eléctrica de España, y quizás la más completa. Tiene apartado para profesionales y para consumidores y, en este último, además de consultar el precio de la luz por horas –con un código de color indicando los periodos punta, llano y valle–, el usuario puede enterarse del porcentaje de generación de las renovables en tiempo real.
  • Ahorra en luz (disponible para Android). Lleva más de 500.000 descargas. Es sencilla e intuitiva, y su función’¿A qué hora lo pongo?’ Permite conocer la mejor franja horaria para utilizar un electrodoméstico, en función del tipo de aparato, su potencia y el tiempo de uso.
  • Precio Luz España (para iOS). Permite, como las otras, consultar el histórico de precios, comparar por días y crear avisos personalizados. Los usuarios de VoiceOver (una funcionalidad del iPhone que describe en voz alta lo que aparece en la pantalla) valoran su accesibilidad.

América Latina se encuentra por detrás, según reconoce Cedano. México sigue la estela de Chile o Brasil, “que están haciendo un trabajo fantástico”, enfatiza. Y va por delante de otros países de su entorno en los que la energía no está subvencionada, “y lo están pasando mal”, según admite la experta, que echa en falta una integración de los sistemas energéticos del continente en lugar del fragmentado panorama actual.

'Podcast': Energías limpias y energías renovables: no son lo mismo

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Explica que la tecnología ayudará a “una gestión inteligente humana de la energía”, que va más allá de lo económico y el bolsillo, y redescubre el objetivo último de todo el entramado energético: el bienestar de los seres humanos. De todos. Existe, según añade, una responsabilidad colectiva hacia nuestros semejantes y el planeta que nos impele a ahorrar energía, apagar luces o usar con mesura calefacción y aire acondicionado. A su juicio, las energías renovables, en particular el autoconsumo, reman en esa dirección porque ayudan a tomar conciencia, empoderan a los ciudadanos y los exhortan a tomar las riendas e, incluso, convertirse en productores (los llamados prosumers).

A Cedano le gusta hablar de antropología o sociología de la energía: “Los sistemas energéticos siempre han sido personas; no números ni infraestructuras: personas. Son los europeos quienes se están viendo afectados por la pobreza energética este invierno”, subraya.