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Planeta> Cambio climático 29 oct 2021

Los retos de América Latina en sostenibilidad: camino de la COP26 de Glasgow

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Los países de América Latina y el Caribe, muy dependientes de las exportaciones de materias primas, acuden a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) con una idea clara: hay que adaptar las actividades emisoras de CO2 y mitigar la deforestación.

No es la región más contaminante, pero sí una de las que más puede sufrir los cambios provocados por el aumento de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos, como las sequías, las inundaciones y las migraciones masivas. En su último informe, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) calificó a América Latina y el Caribe como una de las regiones más vulnerables al cambio climático.

En la Conferencia sobre el Clima de Glasgow (COP26) hay una llamada conjunta a todos los países americanos: se necesitan recursos para mitigar la deforestación de bosques tropicales y primarios provocada por la actividad minera, petrolera y de ganadería. “El principal reto de América Latina es lograr su adaptación al impacto del cambio climático, que ya está ocurriendo, y mantener su imperativo moral de reducir sus emisiones. No debe haber conflicto entre ambas”, expone Adrián Fernández, presidente de la ONG mexicana Iniciativa Climática.

Las emisiones de CO2 en América Latina representan solo el 5% del total, por debajo del 8% de la Unión Europea, el 15% de Estados Unidos o el 20% de China, según datos del Global Carbon Project. Los objetivos de descarbonización de la ONU para ser una región neutra en emisiones parecen asumibles. Hay poca industrialización en comparación con Asia o Estados Unidos y mucho territorio de bosque primario para compensar las emisiones. Pero se necesitan recursos de los países más desarrollados para llevar a cabo los proyectos. “La discusión que siempre ha existido es cómo movilizar los recursos, 100.000 millones anuales pactados, desde los países más ricos y que más emiten, para que lleguen a los países del hemisferio sur”, expone José Palma, director de la ONG Acción Climática, presente en Colombia, Chile y Perú.

Combatir la deforestación, clave para el continente y el planeta

La deforestación y destrucción de bosques tropicales por parte de actividades industriales humanas es un mal endémico que lleva mucho tiempo castigando al continente americano, y por consecuencia al planeta. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) en su informe de Estado de los bosques 2020, entre 1990 y 2010 se perdieron cinco millones de hectáreas forestales al año en América Latina. Las diferentes políticas de protección medioambiental y de conservación natural, como el plan Herencia en Colombia, han reducido a la mitad (2,5 millones de hectáreas al año) la deforestación en el periodo 2010-2020.

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“Apostar por políticas para mitigar la deforestación implica también un cambio de paradigma en los modelos de cadenas de consumo, sobre todo en Europa, China y Estados Unidos. Cambiar esos patrones para que los consumos de carne, maíz, soja y otros productos que aceleran la deforestación vayan más en línea con los objetivos de neutralidad de emisiones de gases de efecto invernadero”, expone Palma. Para Fernández, de Iniciativa Climática, también “debe ponerse especial atención en el tema de pérdidas y daños, por ejemplo por desastres naturales, y detener la construcción de infraestructuras comerciales y turísticas en zonas de alta vulnerabilidad”.

Algunos proyectos para reforestar, compensar la huella de carbono y mitigar la deforestación ya están en marcha gracias a la subvención que proviene de bonos verdes, proyectos de financiación sostenible y del mercado voluntario de compensación de carbono. Las entidades bancarias, como BBVA no son ajenas a estas actividades. En su programa 'Compromiso 2025', BBVA quiere cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU para contribuir a frenar el cambio climático a través de la movilización de 200.000 millones de euros, el doble del capital inicial, en inversiones y créditos en proyectos verdes entre 2018 y 2025. A cierre de junio de 2021, ya ha conseguido movilizar más de 67.100 millones.

Movilidad, un reto de ciudades y continente

Con una población estimada de unos 625 millones de personas, América Latina y el Caribe es una región en la que crecen las ciudades y por tanto la movilidad rodada. El informe ‘The World Cities in 2018’, de Naciones Unidas, indicó que un 14,3% de los habitantes americanos vive en alguna de las seis urbes que tiene 10 millones o más de habitantes, con Sao Paulo (21,6 millones) y Ciudad de México (21,5 millones) a la cabeza. Esto implica un crecimiento muy rápido, poco planeado y que afecta a la movilidad. En 2018 Bogotá lideró la clasificación de la ciudad con más esperas en atascos, con 272 horas anuales, según datos de la consultora de movilidad INRIX. En la lista también se situaron entre las primeras Ciudad de México (218 horas) o la brasileña Belo Horizonte (202 horas).

Aun así, sistemas de transporte público como Transmilenio en Bogotá o Bus Rapid Transit y el cablebús en Ciudad de México favorecen una movilidad masiva y baja en emisiones. “Por el nivel de desarrollo intermedio, la región puede continuar constituyéndose como un gran laboratorio donde se implementan políticas vanguardistas en cuanto a movilidad”, destaca Fernández.

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BBVA y la sostenibilidad en América Latina

BBVA apuesta por una metodología conjunta para alinear su cartera con el Acuerdo de París de 2015 y propone medidas y proyectos de reducción de emisiones y sostenibilidad en Colombia, Argentina, México y Perú, los países de América Latina en los que tiene más presencia. En 2019, BBVA invirtió 40,6 millones en programas sociales y de sostenibilidad en la región.

Recientemente, Carlos Torres Vila, presidente de BBVA, llamó a un entendimiento y coalición entre países en la próxima COP26 para luchar contra el cambio climático. Además, hizo hincapié en que los países más desarrollados deben ayudar económicamente a los países en desarrollo para alcanzar los objetivos de cero emisiones. “Frente al desafío de la descarbonización, las economías emergentes deberían estar entre las que lideran la carrera, por dos razones. Primero, según la ONU, sufrirán los efectos negativos del cambio climático mucho más que el mundo rico, por lo que deberían estar más interesados en el éxito colectivo. En segundo lugar, estas regiones tienen un enorme potencial para proyectos de energía renovable, así como para soluciones basadas en la naturaleza para compensar las emisiones de CO2, lo que constituye una inmensa oportunidad para el crecimiento y el desarrollo”, destacó.

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