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Análisis económico 04 nov 2015

Ventajas, para el ahorro, de la economía colaborativa

La economía colaborativa es un fenómeno que ahora es más visible, ya que gracias al uso de redes sociales y nuevas tecnologías, resulta menos complicado encontrar a la masa crítica necesaria para hacerla viable.

Sobre este tema se ha hecho bastante marketing y muchos de los servicios que realmente surgen como economía colaborativa, no son tales. Se entiende por economía colaborativa aquella en la cual los consumidores tratan de obtener un valor monetario de un bien que tienen infrautilizado, ofreciéndolo en muchos casos, en régimen de alquiler.

Ventajas de la economía colaborativa

Pongamos un ejemplo: todos tenemos algunas herramientas en casa, ¿cuánto pagaste por ese taladro y cuántas veces lo has utilizado desde que lo compraste? Vamos un poco más allá, ¿cuántas veces lo vas a utilizar en toda tu vida? ¿No será mejor pagar por usarlo sólo cuando lo necesitas a alguien que nos lo ceda durante un tiempo?

Este es sólo un ejemplo, pero es la base de este movimiento de economía colaborativa, también conocida como economía p2p, de persona a persona. Un ejemplo muy llamativo es el del alquiler de viviendas y habitaciones, pero también en el transporte, donde alguien puede ofrecer sus cuatro plazas libres en el coche para un determinado trayecto, que a otros les puede interesar.

Entre las grandes ventajas de la economía colaborativa podríamos citar las siguientes:

  • Mayor eficiencia en la utilización de los recursos, algo que nos beneficia a todos. Si ponemos el ejemplo del conductor que comparte vehículo, si lo hiciera un porcentaje significativo de la población, quizás no se necesitaría aumentar la capacidad de las grandes infraestructuras de transporte en las ciudades, pero también se obtendría un gasto energético significativamente menor.
  • Mejora de la competencia, obligando, en muchos casos, a sectores tradicionales a innovar, estrechar márgenes y, en definitiva, a ser más competitivos. Esto supone un ahorro a la hora de acceder a estos servicios, por parte del consumidor.
  • Mayor oferta para los consumidores, donde muchas veces no es sólo cuestión de precio, sino de poder acceder a otras alternativas que hasta ahora no estaban disponibles o, por lo menos, no eran visibles para la mayoría.
  • Beneficios medioambientales, no ya sólo por una reducción significativa de emisiones de CO2 si compartimos coche, también vamos a tener una ocupación más racional del territorio, por ejemplo. Se trata de crear una economía basada en el acceso a los servicios, más que en la propiedad de bienes.

La regulación de un sector al alza

La Unión Europea sigue con interés este fenómeno, tanto desde el punto de vista de las ventajas que tiene para el consumidor, como de los riesgos que entraña para ellos. Por ello ha emitido un dictamen a través del Comité Económico y Social Europeo, donde se hace énfasis en:

  • “Proporcionar seguridad al consumidor” como uno de los aspectos básicos. Se trata de que estos servicios se presten con las mínimas garantías jurídicas necesarias para que, si se produce alguna disconformidad, se pueda acudir a un tribunal de arbitraje, órganos de consumo, etc. donde llegar a un acuerdo.
  • Pero también que estos servicios tengan la “calidad y garantía” necesarias. En muchos casos son los propios servicios los que se encargan de darlas, contratando seguros, por ejemplo. En otros, simplemente una mala crítica o una mala valoración puede hacer que nuestra reputación baje y, con ello, el número de personas interesadas en compartir con nosotros coche, que les alquilemos una habitación, etc.

Esto puede hacer pensar que la solución podría ser una mayor regulación del sector. Pero no siempre es así, este es el camino muchas veces más fácil, aunque no el mejor para el consumidor. Quizás reducir los requisitos de sectores tradicionales, tal y como plantea la CNMC, o una ausencia de regulación en algunos sectores, pueda ser lo más beneficioso.

Lo cierto es que en determinados ámbitos la economía colaborativa supone un gran ahorro, no sólo para el consumidor, como hemos visto. Es cierto que es un movimiento global, al que quizás en su regulación, hay que darle una respuesta que va más allá del ámbito de una ciudad, de una región o incluso de un país. Es un sector que tiene que madurar, que ha llegado para quedarse, para plantear alternativas al consumo tradicional y que con la ayuda de la tecnología, de Internet y las redes sociales, está planteando soluciones innovadores y modelos de negocio que de otra forma no se habrían desarrollado.

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