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Capturar, almacenar y usar CO2: un negocio a futuro

Una de las armas para alcanzar los objetivos climáticos para el 2050 es el incipiente negocio de  la captura y almacenamiento del CO2. Esta práctica, poco conocida aún, permite atrapar el dióxido de carbono del aire y darle un uso económico. Aunque por ahora lo que más valor tiene en este sector es la retirada de esas emisiones de la atmósfera.

Los artículos que hablan de la captura, transporte, almacenamiento, usos y transformación de CO2 (CAUC según sus siglas en castellano, CCUS en inglés) suelen referirse, sobre todo, a compañías del sector de la energía o la industria que quieren cazar los gases que emanan de sus chimeneas. Por ejemplo, Oil and Gas Climate Initiative, (OGCI, en sus siglas en inglés), en la que participa Repsol, promueve, a través de la iniciativa Kickstarter, el desarrollo de hubs de CCUS a gran escala que capturen dióxido de carbono de varias fuentes industriales dentro de una región. La captura directa del aire supone el siguiente paso evolutivo, en el que los ingenieros Christoph Gebald y Jan Wurzbacher, fundadores de Climeworks, son pioneros.

Dieciocho de sus colectores de CO2 se han acoplado a una planta de incineración de residuos cerca de Zúrich y suministran 900 toneladas de CO2 al año a un invernadero próximo, para ayudar a los cultivos. Sus instalaciones en Islandia prevén librar a la atmósfera de 4.000 toneladas de CO2 al año, inyectarlas en basaltos y, con energía geotérmica, mandarlas a dos kilómetros bajo tierra, para que se conviertan en carbonatos mediante procesos naturales. Mil de estas 4.000 toneladas se retirarán gracias a Audi, que así conseguirá acercarse a sus objetivos de emisiones cero para cuando el siglo pase el ecuador.

A Jacobo Canal, consultor de Geomecánica en el centro de investigación Repsol Technology Lab, el de Islandia le parece un ejemplo muy interesante, por plantear la captura directa del aire y por emplear geotermia (una energía renovable). “La precipitación de CO2 en basaltos ya es una realidad, demostrada en el proyecto CarbFix [llevado a cabo en Islandia por un consorcio internacional de investigadores]. Pero ahora toca una parte muy importante en el desarrollo de cualquier tecnología: hacerla comercialmente viable con respecto a otros tipos de proyectos en los que se inyecte CO2 en grandes volúmenes en yacimientos agotados y otras formaciones geológicas a gran profundidad”, advierte.

Canal opina que el desarrollo de esta “incipiente” tecnología de captación de CO2 directamente del aire hará que “cada vez sea más factible realizar proyectos a costes competitivos”. Climeworks, que para 2025 espera retirar el 1% del CO2 global, muestra sus cartas, desde Zúrich y por email: “Nuestro objetivo principal es almacenar el CO2 capturado por el aire o reciclarlo en combustibles y materiales renovables. El mercado para ambas aplicaciones no existe, aún se está creando. Tenemos una base de clientes en crecimiento y esperamos que los precios de la eliminación de dióxido de carbono aumenten y, por lo tanto, que el negocio de la eliminación de dióxido de carbono sea cada vez más rentable en el futuro”.

Prácticamente todas las compañías energéticas del mundo han hecho, hacen o anuncian que harán pruebas piloto para testar la viabilidad económica de tecnologías CAUC. Que son parte de un futuro descarbonizado no lo duda nadie, empezando por la Agencia Internacional de la Energía, que hace poco consideraba “virtualmente imposible” llegar a los objetivos climáticos de 2050 sin ellas. Lo que se discute es cuándo alcanzarán velocidad de crucero, que es casi como preguntarse cuándo les merecerá la pena a las empresas adoptarlas como negocio rentable. Ese momento, por ahora, no ha llegado.

“Hay estudios que indican que no solo será necesario conseguir que nuestras economías estén libres de emisiones, sino también es necesario reducir las que ya se han realizado a la atmósfera y que, consecuentemente, será necesario retomar las investigaciones sobre cómo capturar las emisiones de CO2″, afirman desde Endesa, que en los últimos años ha desarrollado varios proyectos de prueba, todos finalizados salvo uno de captura de dióxido de carbono a través de micro-algas. Naturgy también estuvo unos años testando, pero por ahora ha dejado aparcada esa línea de trabajo.

“El negocio está, todos lo ven”, afirma Luis Díaz, presidente de la Plataforma Tecnológica Española del CO2 (PTECO2). Pero aún no pueden tocarlo, no hasta que, por un lado, la tecnología se vaya abaratando y, por el otro, los derechos de emisión de CO2 vayan subiendo de precio. Desde PTEC02 calculan que las cuentas saldrán en el momento en el que la tonelada de CO2 alcance los 30 euros en el mercado de carbono. A partir de ese punto, una empresa puede empezar a plantearse que construir o asociarse a una instalación CAUC le sale mejor que pagar para emitir gases de efecto invernadero.

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Repsol desarrollará una de las mayores plantas de combustibles sintéticos cero emisiones, que utilizará como materia prima hidrógeno verde y CO2 capturado procedente de la refinería de Petronor, según informa Jacobo Canal, que recuerda que “Petronor es la única refinería de la península ibérica, y una de las pocas de Europa, que ha integrado procesos de captura, almacenamiento y uso del CO2, y está previsto que pueda realizar captura directa del aire”. Repsol Technology Lab lidera el proyecto. “Estará operativa en cuatro años y, en una primera fase, escalable a una posterior etapa comercial y en función de los resultados, se obtendrán 50 barriles al día de combustible sintético”, añade.

Hay dos aplicaciones principales para el CO2 que Climeworks secuestra del aire: almacenarlo de forma segura, como hace en Islandia, o reutilizarlo como materia prima. Cada vez aparecen más usos. Combustibles sintéticos, carbonatación de bebidas, fertilizante de invernadero, materiales renovables. Repsol está desarrollando una gama de polímeros que utilizan en su formulación CO2. También es posible usar ese dióxido de carbono en el proceso de curado del hormigón, con fórmulas de cemento especiales.

Un informe de la consultora 360 Market Updates prevé que el mercado global de captura y almacenamiento de carbono registre una tasa anual de crecimiento del 9,22% hasta 2024, y que el factor principal que impulse esa subida sea “la demanda emergente de técnicas de inyección de CO2 para la recuperación mejorada de petróleo [EOR, Enhanced Oil Recovery según sus siglas en inglés] y las estrictas normas gubernamentales sobre las emisiones de GEI [gases de efecto invernadero]. Las técnicas EOR ayudan a extraer el crudo que queda en campos petrolíferos ya maduros. “En Estados Unidos se hace desde hace años, incluso comprando el CO2”, recuerda el presidente de PTECO2.

Luís Díaz defiende que habría que incentivar las tecnologías CAUC, como hizo España con las renovables hace 20 años. “Existen espacios subterráneos aptos para alojar el CO2, en Andalucía, entre Cataluña y Aragón y entre Navarra y el País Vasco”, enumera. En su opinión, el almacenamiento lleva algo más de retraso respecto a la captura. En España y, en general, en el mundo. Aunque “en la actualidad existen bastantes proyectos en curso muy ambiciosos”, subraya Canal, que resalta tres, en Europa: el NZE (Net Zero Emissions) en el Reino Unido; el proyecto Porthos en Holanda y el Northern Lights en Noruega. “Pretenden almacenar grandes cantidades de CO2 al año y demostrar cómo se puede generar energía, almacenando CO2 de una manera sostenible”, concluye.

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