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Análisis Sectorial Act. 17 sep 2018

El barril de petróleo en mínimos, así lo notamos a final de mes

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El precio del barril de petróleo no ha parado de bajar durante todo 2015. De hecho, no se recuperará hasta que todos los productores decidan ponerse de acuerdo y congelar la producción. La bajada ha situado el precio a niveles de 2008, con importantes consecuencias para los bolsillos de los consumidores. No obstante, aunque esté en mínimos y lo notemos a final de mes, es cierto que el descenso en los precios del combustible no se refleja exactamente en el mismo porcentaje.

Según la CNMC, en 2015 pagamos menos por los carburantes: en concreto, el PVP promedio anual de la gasolina 95 se situó en 1,237 euros por litro, un 11,1% menos que en 2014; y el del gasóleo A en 1,123 euros por litro, un 14,4% menos que el correspondiente al promedio de 2014. Si tenemos en cuenta que empezó el año 2014 en 80 dólares el barril Brent y durante todo el 2015 rondó los 50 dólares de media, para situarse actualmente en los 35 dólares, no parece que la bajada de los carburantes haya repercutido en los consumidores tal y como se esperaba.

Factores que afectan a los precios de los carburantes

El precio de los combustibles no depende sólo del coste del barril de petróleo, sino también de los impuestos que se aplican, que no han cambiado en el último año en lo que respecto a dichos combustibles. Sin embargo, en España todavía se siguen pagando comparativamente menos impuestos que en otros países europeos, aunque nuestras gasolinas nos salgan más caras.

En parte se debe a una total dependencia de la producción exterior. Es decir, España es importador de petróleo y no produce prácticamente nada. Esto implica que tenemos que comprar fuera y pagar en dólares. En este caso, el cambio euro–dólar también afecta al precio final de los combustibles. En el último año, el euro se ha depreciado en relación al dólar, y lo que puede ser bueno para las empresas que exportan, que ganan competitividad, no lo es para el precio de los combustibles, que son algo más caros.

Además, hay que añadir los márgenes que tienen las petroleras y las estaciones de servicio. Es aquí donde muchos consumidores se quejan. Y es que, una vez tras otra, son testigos de cómo la subida del precio del barril automáticamente implica un mayor desembolso a la hora de llenar (por ejemplo) el depósito del coche, mientras que, cuando se produce la situación contraria y baja, el descenso que debería notarse en esa misma gasolinera se diluye en el tiempo. Una paradoja que, como se apunta desde todo tipo de instancias, incluida la CNMC, hay que achacar a la falta de competencia efectiva en el sector, que está perjudicando a los consumidores.

Cómo afecta el precio del petróleo al bolsillo del consumidor

Una de las principales consecuencias del descenso de precios en los combustibles lo notan los consumidores en la inflacción. El IPC se ha comportado durante todo el 2015 de forma muy positiva y esto acaba por notarse en la cesta de la compra. Así, el precio de los productos básicos se ha mantenido más o menos constante durante 2015, eso a pesar de la recuperación de los índices de consumo interno, algo que siempre supone un alza en los precios.

Los sectores más beneficiados han sido las empresas de transporte o los transportes públicos. En el primer caso, una parte es responsable de que los productos que tenemos en el supermercado mantengan los precios, así como en otros sectores, como los del comercio online, sensibles a las subidas de precios por el coste de los envíos que, al final, tarde o temprano, se repercuten en la factura que llega a los clientes.

Por el lado, en lo que respecta a los transportes públicos y de viajeros, el descenso de los precios de los carburantes ha sido beneficioso para sus usuarios. En los transportes públicos se ha notado sobre todo a la hora de fijar los precios en 2016, ya que la mayoría se han mantenido o han tenido un mínimo incremento. Por el lado de los transportes de viajeros, líneas de autobuses de larga distancia o el desplazamiento en avión o barco, en el caso sobre todo de las islas, han sido los grandes beneficiados, manteniendo los precios.

Otros sectores como el del taxi también han apostado por conservar los precios de la bajada de bandera y el coste por kilómetro en la mayoría de las ciudades. En definitiva, al consumidor viajar le sale más barato. Aquí también tenemos que tener en cuenta el desplazamiento privado, donde si normalmente hacemos al mes unos 1000 kilómetros en el uso diario, y un gasto medio de 7 litros a los 100 kilómetros, gastaremos unos 70 litros al mes, lo que en el coste de gasolina, teniendo en cuenta un descenso ponderado de unos 20 céntimos el litro, supone 14 euros menos al mes.

Los más beneficiados en este aspecto son los usuarios que más kilómetros realizan de forma mensual o aquellos que tienen vehículos con un mayor consumo. También salen perjudicados aquellos que han invertido en un vehículo eléctrico o híbrido, ya que al descender el precio de los carburantes se necesitarán un mayor número de años para amortizar el sobrecoste pagado por este tipo de automóviles respecto a sus equivalentes de motor de combustión.

Por último, los inversores pueden notar una mayor volatilidad en los mercados, fruto de la inestabilidad en la economía global, que ha provocado en muchos casos un futuro incierto para esta materia prima. Además, las industrias relacionada, con las productoras de petróleo han bajado de forma notable su cotización en bolsa, por lo que, si teníamos un plan de pensiones, por ejemplo, con una parte de su renta variable invertida en esta industria, puede haber descendido la rentabilidad de los mismos.

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