El repostero de El Celler de Can Roca visitó el Perú y observó en primera persona el trabajo de Financiera Confianza, entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA.

Óscar Velásquez tiene 60 años y lleva toda su vida con los zapatos manchados de tierra y las manos barnizadas con el aroma dulce del cacao. Y tiene un sueño por cumplir: antes de morirse, le gustaría ver desaparecer los campos de arroz que inundan su comarca. Sabe que es un deseo imposible, así que se conforma con una aspiración intermedia. “Un 10 por ciento”, implora mientras levanta la vista hacia el cielo despejado.

Velásquez es uno de los 50 clientes de la Fundación Microfinanzas BBVA dedicados a la producción de cacao en el distrito de Bellavista, en la provincia peruana de Jaén. La mayoría trabajan entre los valles de Shumba y Huayape, y muchos de ellos han sustituido los cultivos de arroz por árboles de cacao. A todos les ha cambiado la vida, e incluso el paisaje de la zona es más verde y atractivo a ojos del visitante. “El arroz requiere muchos insecticidas y mucha agua. El cacao es más rentable, más medioambiental, y mucho mejor para la salud de los agricultores”, explica.

Óscar Velásquez, emprendedor de Financiera Confianza, conoce a Jordi Roca, de El Celler de Can Roca

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Hoy es, además, un día especial para Óscar Velásquez. Va a acompañar a Jordi Roca, considerado el mejor repostero del mundo, a conocer la chacra de su amigo Jorge y mostrarle el trabajo de recuperación de las variedades autóctonas de cacao. Aprendió de su padre todo sobre su cuidado, y ahora se dedica a concienciar a los agricultores sobre los beneficios del cambio. Tiempo después, con el primer préstamo de Financiera Confianza, creó un pequeño vivero de brotes de cacao nativo de alta calidad, y ahora ayuda a los campesinos a cultivar unos frutos que ambicionan estar entre los mejores del mundo.

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– “Estos dos valles eran hace décadas dos inmensos cacaotales”, recuerda caminando entre la hojarasca de la plantación mientras señala las planicies de arroz que se observan alrededor.

– “¿Y qué pasó?”, pregunta Jordi Roca, extrañado.

Les acompaña el periodista Ignacio Medina, que responde con una historia cruel: “Una empresa comenzó a cultivar una variedad de cacao importada de Brasil, que trajo consigo plagas y enfermedades, y desaparecieron todos los árboles. Así que la gente comenzó a plantar arroz. Pero ahora el cacao está haciendo su viaje de vuelta”.

Jordi Roca e Ignacio Medina camina por la linde que separa un arrozal de un cacaotal en la ciudad de Jaén, en la región de Amazonas de Perú

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El amigo de Óscar se llama Jorge Troya, y reconoce que no sabía nada de cacao hasta que ambos se cruzaron. Parte de su finca aún está ocupada por espigas de arroz, pero tiene previsto deshacerse de ellas en poco tiempo porque ha comprobado en sus carnes que las ventajas son muchas. “Con el arroz estás todo el día metido en el agua, muchos agricultores tienen problemas en las rodillas y en la espalda”, sonríe Troya bajo su sombrero de ala ancha. Detrás, Óscar le enseña a Jordi Roca cómo se hace un injerto de variedad criolla: “El cacao es más descansado y más rentable, porque no hay que gastar en insecticidas. Y como los arrozales son terrenos planos e inundables, se pueden plantar más árboles y regar fácilmente”.

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Un futuro lleno de oportunidades

Jordi Roca escucha mientras anota y hace fotos con su teléfono móvil. Está de visita en Perú como parte de un proyecto junto a BBVA, a la búsqueda del mejor cacao del mundo con el que proveer la chocolatería que piensa abrir en 2018. Pasea junto a los otros tres hombres mientras estudia los frutos que cuelgan de los árboles, huele la fragancia de las hojas secas y saborea los granos de cacao que le ofrecen. La finca de Jorge Troya es hermosa, está bien cuidada. Tanto que en 2014 ganó un premio porque presentó un fruto que alojaba más de 60 granos en su interior, un récord.

El agricultor Jorge Troya y el experto en cacao Oscar Velásquez, que a sus 60 años lidera el proceso de cambio, financiado por  la Fundación Microfinanzas BBVA en Perú

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“En 2013 el cacao de esta zona se llevó otro premio al mejor de Perú”, presume Óscar Velásquez. “Tenemos un cacao muy característico por su calidad y su fino aroma, con unas propiedades organolépticas únicas”, aclara. Y Jordi Roca se une a su orgullo, propio del alma del chocolatero: “Me impresiona ver esto en persona. Es increíble ver cómo el cacao puede cambiar el paisaje y la vida de la gente”.

El reto para los agricultores es unirse para comercializar directamente su cosecha. Por eso, Óscar Velásquez quiere destinar el próximo microcrédito que le conceda la entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA al acopio de cacao, para venderlo todos juntos sin intermediarios que cercenen sus ingresos. Para hablar de futuro y de cómo crear nuevas oportunidades se une al grupo Herly Oblitas, asesor de Financiera Confianza. Oblitas conoce bien el terreno, y dibuja un horizonte lleno de optimismo: “Hay muy buenas expectativas para el cacao, porque los agricultores ya saben que es rentable y ayuda a mejorar la vida de sus familias. A clientes como Óscar, trabajadores y emprendedores, les ayudaremos con microcréditos a más largo plazo, que pueden devolver a plazos coincidiendo con las épocas de producción”.

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