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Gestión económica y financiera: Guía para hacer un presupuesto paso a paso

Gestión económica y financiera: Guía para hacer un presupuesto paso a paso

Si todos los españoles vendieran sus bienes e inversiones se obtendría 1,6 veces el valor del PIB de España. Esta cifra revela la enorme importancia que tienen las decisiones económicas de los ciudadanos no sólo sobre su salud financiera, sino también sobre el conjunto de la economía de un país o una región.

Ingresos, gastos, consumo o inversión son conceptos que relacionamos casi siempre con la economía de un país o las finanzas de una empresa. Sin embargo, todos ellos son fundamentales también para cualquier persona y conforman lo que se conoce como economía doméstica o familiar.

Recibimos ingresos por nuestro trabajo, consumimos a diario, invertimos para buscar rentabilidad a medio plazo o tener más dinero cuando nos jubilemos, ahorramos para imprevistos y recurrimos al endeudamiento para comprar un coche o una vivienda. Todas son decisiones de enorme trascendencia.

Un dato deja muy clara esta importancia: según la última Encuesta financiera de las familias (EFF) un 97,6 % de las familias españolas tiene algún activo, ya sea real (como una vivienda) o financiero (dinero en cuentas bancarias, fondos, acciones, etc.). Este porcentaje es inferior al de Italia (98,2 %), pero, según datos de la CEPAL, superior a otros países de Latinoamérica: 88,2 % en México, 83,8 % en Argentina o 77,2 % en Perú. Su gestión depende en buena parte de nuestras propias decisiones, por lo que conocer todas las variables que interactúan en nuestra economía diaria y manejarlas adecuadamente es un aspecto vital.

La vivienda es el activo más importante de las familias, ya que representa el 54,2 % del valor de los activos reales y un 43,3 % del valor de los activos totales en España. Por ello, no solo tiene su función como hogar, también como posible fuente de ingresos en el futuro, ya sea por su venta o por su capacidad de asegurar una renta periódica a través del alquiler, por ejemplo.

El presupuesto, herramienta clave para gestionar la economía doméstica

Controlar todos nuestros flujos de dinero es el punto de partida para la gestión económica. Como dijo Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de EE. UU., “Cuida de los pequeños gastos, un pequeño agujero, hunde un barco”. Por ello, si no se dispone de información adecuada y actualizada no se puede tomar decisiones o estas pueden ser incorrectas.

La mejor herramienta para controlar gastos e ingresos es el presupuesto. A través del presupuesto podemos conocer cuánto dinero se ingresa y cuánto se gasta, siempre en función de las diferentes unidades de tiempo que se desee planificar, como puede ser el mes en el corto plazo o el año, en el más largo.

Gracias al presupuesto podremos conocer de forma sencilla y directa cuál es el estado actual de nuestra economía, pero su función principal es ayudarnos a tomar mejores decisiones y asegurarnos de que somos capaces de cumplir con las obligaciones que hemos contraído.

Según la última Encuesta de Condiciones de Vida (2020), un 5,9 % de los hogares en España tuvo retrasos en el pago de recibos no relacionados con la vivienda al final de un mes normal, el 41,1 % ahorró y un 7,3 % necesitó pedir dinero prestado por no conseguir equilibrar su balance de gastos e ingresos.

Gestión económica y financiera: Guía para hacer un presupuesto paso a paso

Paso 1: Separar ingresos y gastos por categorías

El primer paso para hacer un presupuesto es ser capaces de identificar las entradas (ingresos) y salidas (gastos) de dinero, así como su periodicidad, previsibilidad y nivel de necesidad:

· En los ingresos hay que distinguir entre los que se generan de forma regular, como un sueldo o una pensión, y por tanto son previsibles, de otros que son extraordinarios.

· En el caso de los gastos, hay que diferenciar entre los que son obligatorios, y en ocasiones fijos, y los que no lo son, que precisamente es donde se encuentran las mayores posibilidades de ajuste.

  • Gastos fijos obligatorios: como los derivados de la vivienda (hipoteca o alquiler, gastos de comunidad) y otras deudas financieras como préstamos o tarjetas. Sus características principales, además de su obligación de pago, es que suelen ser fijos (aunque existe posibilidad de cambio) y que, si no se pagan, suelen generar sobrecostes.
  • Gastos variables imprescindibles: por ejemplo, partidas para comida, ropa o servicios básicos. Su característica principal es que son gastos necesarios, no se puede prescindir de ellos, aunque permiten ciertos ajustes. Para ello es importante comparar precios, tomar medidas de ahorro (por ejemplo, eficiencia energética para gastar menos electricidad o gas), buscar ofertas, cambiar de hábitos (como sustituir el uso de medios de transporte privados por transporte público), etc.
  • Gastos discrecionales: Es la partida que permite un mayor ajuste, ya que incluye todos los demás gastos que son prescindibles y por tanto se pueden disminuir, posponer o incluso eliminar, aunque no se debe perder de vista que este tipo de gastos son los que a menudo contribuyen a mejorar la percepción que tiene una persona sobre su calidad de vida. La principal partida son los gastos de ocio.

Paso 2: Análisis del presupuesto

Es importante tener también en cuenta que el presupuesto es una herramienta viva que hay que mantener permanentemente actualizada para disponer de la mejor información para gestionar, cambiar y adaptar todas nuestras entradas y salidas de dinero. Así podemos encontrarnos con tres situaciones:

  • Si las entradas coinciden con las salidas, tendremos una situación de equilibrio, no tendremos desfases de gastos, pero tampoco capacidad de ahorro.
  • Si las entradas son superiores a las salidas nos queda un remanente que podremos destinar al ahorro a corto, medio o largo plazo, o incluso amortizar deudas financieras con el objetivo de disminuir gastos financieros. Según datos del Banco de España, en 2021 la deuda de las familias suponía un 58,4 % del Producto Interior Bruto (PIB).
  • Si las entradas son inferiores a las salidas tendremos un desequilibrio que podemos cubrir de varias formas: aumentando ingresos, recortando gastos o solicitando financiación.

Paso 3: ¿Qué hacer si tenemos un desequilibrio en el presupuesto?

De la gestión financiera se derivan, por tanto, dos decisiones que muchas veces se ven incompatibles: ahorrar o endeudarse.

El ahorro se produce porque nuestros ingresos superan los gastos y nos permite tener una mayor libertad financiera para tomar otras decisiones. En este sentido debemos distinguir su fin en diferentes plazos:

  • Ahorro a corto plazo: permite hacer frente a imprevistos.
  • Ahorro a medio plazo: para poder hacer frente a objetivos muy dispares.
  • Ahorro a largo plazo: su objetivo fundamental es complementar ingresos (como las pensiones) a través de una renta o un capital.

Por todo ello, el ahorro se considera positivo. Pero también, como hemos visto en el año 2020, con las restricciones forzosas de la pandemia, un ahorro excesivo puede tener efectos perniciosos: ralentiza el consumo y, con ello, afecta al crecimiento de la economía.

Según los datos del INE sobre Cuentas Trimestrales no Financieras, como media los españoles ahorraron en el año 2021 un 11,4 % de su renta disponible, lo que supuso un descenso de cuatro puntos con respecto al año 2020 mostrando como parte del ahorro del año anterior fue “forzoso” derivado de no tener las mismas oportunidades de gasto.

Pero en ocasiones hay que buscar fondos externos, endeudarse. A diferencia del ahorro, el endeudamiento tiene un estigma negativo. Es cierto que genera un coste financiero por el pago de intereses, pero también, en muchas ocasiones es la única opción para acceder a productos y servicios, como es el caso de una vivienda, que si se hiciera por la vía del ahorro tendría que aplazarse muchos años o incluso sería imposible de afrontar.

Para Pau Monserrat, profesor de Economía Financiera la Universitat de les Illes Balears y coautor del libro ‘La prevención del sobreendeudamiento privado. Hacia un préstamo y consumo responsables’, “la cultura financiera del prestatario es una de las claves para conseguir un mercado de crédito responsable. Un consumidor con conocimientos llegará a la hora de la firma de un préstamo hipotecario, para muchos la decisión financiera más importante de su vida, conociendo qué es lo que firma, sus costes y sus responsabilidades. Resulta preocupante que la principal preocupación del solicitante de crédito sea que le concedan la hipoteca para poder comprar la casa de sus sueños sin importarle sus riesgos e implicaciones”.

Montserrat añade que “una persona con la debida cultura financiera primero se preguntaría si el importe del préstamo es asumible tanto en relación con sus ingresos, presentes como con los que espera conseguir en el futuro, o supone una carga excesiva. En otras palabras, el deudor responsable antes se pregunta si puede pedir la hipoteca y no si se la van a conceder”.

En definitiva, gracias al presupuesto tenemos la herramienta necesaria para controlar el día a día de nuestra economía y tomar decisiones. Solo se requiere dedicar un tiempo para un control periódico de ingresos y gastos, actualizarlo ante cualquier cambio y, por supuesto, tomar medidas cuando existan desequilibrios.