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Certificado BREEAM, el pionero en la arquitectura sostenible

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Es uno de los dos sellos de sostenibilidad en la construcción (en edificios de nueva planta o ya existentes) más populares y extendidos del planeta, con casi 600.000 inmuebles certificados en 89 países. Así contribuye al cambio de paradigma en el sector.

¿Qué tienen en común la Oficina de la Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) en Alicante (España), la sede de Bloomberg en Londres y el Rijksmuseum en Amsterdam?

Pues que los tres son edificios con certificado BREEAM, el método de evaluación y certificación de la sostenibilidad en la edificación más popular e implementado en el mundo junto con el LEED.

Visión pionera

BREEAM, acrónimo de Building Research Establishment Environmental Assessment Methodology, fue lanzado en 1990 por Building Research Establishment (BRE), entidad británica sin ánimo de lucro fundada en 1921.

La organización destaca que fue la primera orientada hacia la investigación constructiva, y promotora de los BRE Innovation Parks Network: pequeñas ciudades-modelo donde formarse en sostenibilidad, conocer nuevos materiales y tecnologías, ver y tocar ejemplos reales de edificios sostenibles, y paisajismo y urbanismo con criterios ambientales. Las hay en Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, China y Brasil.

El sello de construcción sostenible pionero en el mundo marcó un hito en 2012, cuando certificó todas las sedes de los Juegos Olímpicos de Londres. Lleva emitidos cerca de 600.000 certificados en 89 países, según explica Florence Owens, su gerente internacional de cuentas. «Nuestros principales mercados son Reino Unido, Polonia, España y Países Bajos, notamos un rápido crecimiento en Noruega y China, y un interés creciente de países en vías de desarrollo».

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Interés inmobiliario y financiero

«Cada vez somos más conscientes de nuestro impacto sobre la Tierra», añade, por videoconferencia, Shamir Guhmra, director de BREAAM. «Notamos un mayor interés de clientes que buscan incorporar BREEAM como parte de su visión ESG [criterios ambientales, sociales y de gobernanza], y también de instituciones financieras e inversores ecológicos«, añade. De acuerdo con Guhmra, bancos e inversores se dan cuenta de los riesgos del cambio climático y valoran la eficiencia, la sostenibilidad y la resiliencia de las promociones que apoyan económicamente.

La organización explica que el certificado BREEAM evalúa impactos en 10 categorías: gestión, salud y bienestar, energía, transporte, agua, materiales, residuos, uso ecológico del suelo, contaminación e innovación. «Otorga una puntuación final tras aplicar un factor de ponderación ambiental que tiene en cuenta la importancia relativa de cada área de impacto», añaden.

Adaptación al entorno

La máxima de BREEAM es «Pensar Global, Actuar Local». Es, según Guhmra, el enfoque correcto que implica la existencia de oficinas locales especializadas en el contexto y las particularidades de cada territorio. No se trata por lo tanto de una herramienta única para todo el mundo, como LEED, sino que realiza adaptaciones al idioma, las normativas y las prácticas constructivas del país. Ahí radica la principal diferencia entre ambas certificaciones, según Artur García, director de proyectos de la consultoría energética Zero Consulting.

«Las adaptaciones nacionales y los estándares y ponderaciones aprobados que utilizamos permiten que los esquemas reflejen cambios según las condiciones ambientales en diferentes regiones del mundo, o incluso dentro del mismo país. Las ponderaciones se basan en información sólida e independiente proporcionada por expertos locales que comprenden las condiciones y los estándares de su territorio», añade Owens.

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Edificios ya existentes

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«Hemos aumentado un 400% la cantidad de certificaciones BIU [BREEAM-in-use] en los últimos cinco años». Owens se refiere al esquema de evaluación y certificación aplicable a edificios ya existentes, de uso no residencial y con al menos dos años de antigüedad. «Permite evaluar su comportamiento real a través de la información sobre las prestaciones ambientales, las facturas y otros registros de consumos del inmueble», tercia BREEAM España.

Por ejemplo, el Hospital Universitario Infanta Sofía (Madrid) inició su andadura en 2008 y en 2014 obtuvo una certificación BIU. Para ello tuvo que mejorar el rendimiento de su instalación termosolar, renovar equipos y sustituir la iluminación por un sistema LED, entre otras medidas. «Desde su apertura —continúa BREEAM España—, el hospital ha incrementado su actividad asistencial año tras año y, sin embargo, ha reducido su demanda eléctrica en un 23%, su demanda de gas natural en un 52% y su demanda de agua en un 12%; todo esto, por supuesto, sin comprometer la calidad de la atención».

Desarrollo sostenible

La organización considera que el mundo inmobiliario y de la construcción “puede hacer una contribución significativa» a ocho de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y colaborar, aunque con menor peso, en otros cinco. No obstante, para lograrlo «la industria tiene que cambiar y BREEAM puede ayudar en ello», advierten.

«Fuimos los primeros en crear un estándar para edificios verdes, todos los demás nos siguieron», expone Guhmra con una pizca de orgullo. Su discurso está salpicado de conceptos como “integridad, credibilidad o abordaje holístico”. «Creemos que lo que hacemos tiene impacto. Tenemos que construir un mundo más sostenible en el más amplio sentido de la palabra. Necesitamos inversores para escalar nuestro modelo y hacerlo más exitoso. Empresas, gobiernos, sociedad… Todos hemos de actuar, y rápido, porque nos estamos quedando sin tiempo».

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