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¿Qué son los certificados de eficiencia energética?

El impacto que puede generar en el medioambiente la construcción o la reforma de un edificio ha promovido el impulso en todo el mundo de acreditaciones que califiquen su calidad y eficiencia energética. Gracias a ellos, es posible conocer lo que consumen y las emisiones de CO2 que emiten a la atmósfera, además de que la etiqueta energética permite a los propietarios promover un mejor uso de la energía y buscar fórmulas de ahorro que ayuden al planeta.

Más de la mitad de los edificios que existirán en 2050 en el mundo no se han construido todavía. Se calcula que levantarlos implica edificar una ciudad del tamaño de Milán cada semana durante los próximos 30 años.

La construcción de una cantidad tan grande de edificios resulta contaminante, pero su impacto no acaba ahí. El mantenimiento y el uso de las viviendas y otras edificaciones generan un gasto prácticamente constante de energía que aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ello, a la hora de construir una nueva vivienda o elegir una que ya existe es importante prestar atención a su eficiencia energética. Sobre todo, pensando en el planeta.

Los certificados de eficiencia energética son elaborados por empresas y técnicos habilitados que analizan y evalúan todos aquellos elementos que condicionan el consumo de energía de una vivienda o edificio. Por ejemplo, los sistemas de climatización y ventilación. Una vez realizado el estudio, los técnicos emiten un documento oficial.

Certificaciones globales

LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) es el sistema de clasificación de edificios ecológicos más utilizado en el mundo y está disponible para para prácticamente todos los tipos de edificios. Desarrollado por el US Green Building Council de Estados Unidos,  este certificado proporciona un marco para edificios ecológicos saludables, eficientes y que ahorran costes en energía.

Los proyectos que buscan esta certificación obtienen puntos en varias categorías y en función de la cantidad de puntos logrados se obtiene uno de los cuatro niveles de calificación LEED: Certificado, Plata, Oro o Platino. Entre los criterios que se tienen en cuenta están la ubicación del inmueble, el manejo del agua y la recolección pluvial , el consumo de energía o el uso de renovables. Una certificación LEED considera la evaluación del inmueble desde los aspectos de su ubicación para utilizar la infraestructura existente, la facilidad de acceso por transporte público, estacionamiento de automóviles y bicicletas y la cercanía de servicios generales. Además, el manejo eficiente del agua y la recolección pluvial son aspectos relevantes para la evaluación.

La Ciudad BBVA cuenta con el sello LEED Oro de construcción sostenible.

‘Passivhaus’ es un concepto creado en Alemania en 1988 basado en una serie de reglas de construcción que consiguen que el edificio tenga un consumo energético casi nulo y unas altas prestaciones de confort interior. Este tipo de viviendas garantizan mínimos aportes de energía para un rango de confort térmico de 20ºc en invierno y 25ºc en verano. Además, consiguen un gran ahorro energético en climatización, de hasta un 90% frente a construcciones existentes, convirtiéndose así en una edificación idónea para el propietario y para el medio ambiente.

Esta certificación se basa en cinco principios básicos: excelente aislamiento térmico, carpintería de altas prestaciones, estanqueidad, ausencia de puentes térmicos y ventilación mecánica con recuperador de calor.

Una de las financiaciones verdes concedidas por BBVA en España a este tipo de edificaciones sostenibles ha sido destinada a un edificio cuya construcción se realizará según el certificado ‘Passivhaus’. Se trata del primer préstamo promotor verde de la entidad en este país que permitirá ampliar la construcción de edificios bajo estas características. En la actualidad España cuenta con tan solo cuatro edificios residenciales construidos bajo la certificación ‘Passivhaus’.

Breeam (Building Research Establishment Environmental Assessment Methodology) es el primer certificado de construcción sostenible creado en el mundo. Evalúa impactos en 10 categorías (Gestión, Salud y Bienestar, Energía, Transporte, Agua, Materiales, Residuos, Uso ecológico del suelo, Contaminación, Innovación) y otorga una puntuación final tras aplicar un factor de ponderación ambiental que tiene en cuenta la importancia relativa de cada área de impacto. Comprende las distintas fases de diseño, construcción y uso de los edificios y dispone de esquemas de evaluación y certificación en función de la tipología y uso del edificio.

La certificación HQE (High Quality Environmental) tiene como objetivo perseguir rendimientos sostenibles de los edificios al tiempo que otorga una importancia sustancial al análisis del ciclo de vida a escala de un edificio y a los impactos de un proyecto en la salud, la comodidad personal y el entorno interior. HQE cubre todo el ciclo de vida de un edificio (construcción, renovación y operación): edificios no residenciales, edificios residenciales y viviendas unifamiliares, así como planificación y desarrollo urbano.

DGNB System, desarrollado por DGNB (German Sustainable Building Council) es un sistema para evaluar y certificar la sostenibilidad de edificios y distritos. Esta certificación DGNB System es una herramienta internacional basada en normas y estándares europeos que puede ser aplicable en todo el mundo, tras su adaptación a las condiciones específicas de cada país. Su objetivo es ayudar a las organizaciones a mejorar aspectos tangibles de la sostenibilidad de los edificios, prestando especial atención al medioambiente, las personas y la viabilidad económica.

El certificado de eficiencia energética en la Unión Europea

Actualmente, los certificados de eficiencia energética son obligatorios en numerosos países de la Unión Europea. Para facilitar su comprensión, todos los certificados muestran en su primera página una etiqueta energética. Esta expone de forma clara y sencilla la nota obtenida por el inmueble en dos  clasificaciones que van de la A a la G (siendo A la más alta y G la más baja) donde se ofrece la información sobre el consumo de energía y las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del edificio en condiciones normales de ocupación y uso.

En cuanto a la calificación por consumo de energía, la interpretación de la etiqueta energética es muy sencilla. Las clasificaciones A y B señalan que la vivienda es muy eficiente: necesita poca energía para su funcionamiento. C y D son categorías medias, lo que quiere decir que su consumo puede considerarse apropiado. Las viviendas que obtienen E y F pueden considerarse poco eficientes, y las que reciben una G muy poco eficientes. Lo más aconsejable, por lo tanto, es que los inmuebles alcancen al menos la categoría D.

Además, el certificado incluye varios anexos con información relevante. Como mínimo, debe hacer referencia a las pruebas realizadas por el técnico para emitir el documento, la normativa de ahorro y eficiencia energética vigente en el momento de la construcción del inmueble y sus características térmicas.

Un buen certificado debe incluir también medidas propuestas por el técnico para incrementar la eficiencia de la vivienda. Esto es muy interesante, ya que permite a los propietarios hacer mejoras que pueden tener un impacto positivo en el medioambiente y en los gastos energéticos del hogar.

La certificación energética en España

Los certificados de eficiencia energética son de carácter obligatorio en España desde 2013, tras la aprobación del Real Decreto 235/213 para los edificios públicos con una superficie útil superior a 205 metros cuadrados y que habitualmente son frecuentados por el público, y las  viviendas que se quieran vender o alquilar.  En este caso, la ley obliga a los propietarios a compartir el documento con los potenciales arrendatarios o compradores. En caso de no tener el certificado energético, los propietarios serán sancionados.

Además, son ellos los responsables de la creación y la actualización de estos certificados, que tienen una vigencia de 10 años a partir del momento de su emisión. Para realizar estos trámites es necesario contactar con un técnico habilitado y registrar el documento en el organismo competente, que depende de cada comunidad autónoma.

La etiqueta de eficiencia energética debe estar siempre disponible en todos los edificios de titularidad privada que sean frecuentados habitualmente por el público, como los relacionados con las actividades comerciales.

Sin embargo, existen algunas excepciones. No se exige, por ejemplo, en los edificios protegidos por su valor histórico o arquitectónico, los utilizados como lugares de culto, los que tienen una superficie útil total inferior a 50 metros cuadrados o aquellos que se usan menos de 16 semanas al año.

Los certificados de eficiencia energética tienen un objetivo principal: promover un mejor uso de la energía en los edificios. Algo que también se puede potenciar con la aplicación en el día a día de una serie de recomendaciones que contribuyen a reducir el coste energético de facturas como la de la luz, lo que incrementa el ahorro doméstico. “El consumo de energía en el sector de los edificios es significativo. Supone cerca del 30 % del consumo energético a nivel nacional y del 40 % de las emisiones de gases de efecto invernadero”, explican desde el área técnica del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

Reducir estos porcentajes puede ayudar a cumplir el objetivo de cero emisiones, además de contar con una vivienda eficiente favorece también el ahorro económico, ya que reduce la cantidad de energía necesaria para aclimatarla u obtener agua caliente, por ejemplo.

“Una vivienda de alta calificación energética, como puede ser calificación A, puede implicar una reducción de consumo superior al 90% respecto a una vivienda de calificación G”, señalan desde IDAE. Esta cifra es significativa si tenemos en cuenta que actualmente el 31,2 % de los gastos anuales de las familias españolas se destinan a pagar vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles.

De acuerdo con datos de IDAE, solo el 0,27 % de los edificios en España cuentan con una calificación A. Más de la mitad (el 52,02 %) muestran la E en su certificado. La categoría más baja, por otro lado, engloba a casi el 18 % de los edificios. La tendencia, sin embargo, está mejorando. Si atendemos a los edificios de nueva construcción, las categorías A y B suman casi el 45 % del total, mientras que las tres últimas no alcanzan el 20 %.

Promover la construcción de viviendas basadas en criterios de eficiencia energética repercute no solo en el planeta, sino también en la economía doméstica de quienes vayan a comprar una casa que incorpora criterios sostenibles. En su apuesta por la sostenibilidad, BBVA ofrece una línea de préstamos para la financiación de viviendas con un consumo energético casi nulo.

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