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Cómo evitar el calentamiento global: una respuesta global e integral

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Solo hay un camino para evitar los efectos más devastadores del cambio climático: avanzar a marchas forzadas hacia una sociedad baja en carbono que deje atrás los combustibles fósiles y apueste por el desarrollo de las energías renovables, la bioenergía, el transporte sostenible y la reducción de la deforestación.

Si la pregunta es cómo mitigar el calentamiento global, la respuesta es que, por desgracia, no se puede. El acúmulo de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera es tal que el fenómeno se ha vuelto imparable y sus efectos se harán notar más allá del siglo XXI, según el informe especial sobre calentamiento global y océanos que lanzó en 2019 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), de Naciones Unidas.

Pero si la pregunta se reduce a si sería posible mitigarlo, entonces la respuesta es afirmativa: se puede lograr recortando las emisiones globales. Drásticamente. Y desde ya.

Descarbonizar a toda costa

"Para mitigar el cambio climático será necesario descarbonizar el sector energético, reducir la demanda de energía y lograr que los consumidores de energía final cambien a combustibles bajos en carbono, incluyendo la electricidad", concluía el grupo de trabajo III, que contribuyó al Quinto Informe de Evaluación del IPCC (de 2015), tras analizar la literatura sobre los aspectos científicos, tecnológicos, ambientales, económicos y sociales de la lucha contra el cambio climático.

Fundación Biodiversidad elaboró una guía divulgativa de aquella contribución y en ella destacaba que "las principales medidas de mitigación se dirigen a mejorar la eficiencia energética, reducir la intensidad energética, la sustitución de los combustibles fósiles, desarrollar las energías renovables, el desarrollo orientado al transporte sostenible, reducir la deforestación, la gestión de los cultivos y los sistemas ganaderos, el fomento de la bioenergía y la captura y almacenamiento de carbono".

Los investigadores resaltaban el papel tanto de los gobiernos como del sector privado. "Ningún país puede solucionar el problema por sí mismo. Es necesario un compromiso mundial, crear la voluntad política y el cambio tecnológico para dejar atrás los combustibles fósiles y parar la emisión de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera", exhortaba Daniel P. Schrag, director del Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Harvard, en el webinar 'Cambio climático. Bases científicas y cuestiones a debate', organizado por Fundación Naturgy y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

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Reacción integral y global

"Necesitamos emprender una transformación transversal que englobe no solo la energía sino también el conjunto de la economía, la producción industrial, el sector financiero o una concepción de ciudades más sostenibles y resilientes", enumeraba en el mismo foro Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica del Gobierno de España.

"Hemos de solucionar el problema más sistémico y complejo que hemos enfrentado jamás como especie, y que aún nos cuesta entender", reconocía Kirsten Dunlop, CEO de Climate-KIC, la mayor iniciativa europea de promoción de la economía verde y la transición hacia una sociedad baja en carbono a través de ideas empresariales innovadoras y con capacidad de generar negocio.

En su opinión, solo será posible mediante la conexión con las "causas raíz" de la amenaza, si los humanos dejan de ver el cambio climático como "algo exógeno y no endógeno", tienen en cuenta las variables sociales y reflexionan sobre su repercusión en la salud del mundo y cómo pueden evolucionar para reducir ese impacto o cambiarlo por una huella positiva.

Organizaciones como las Naciones Unidas o entidades financieras como BBVA ya han puesto en marcha medidas para contener el cambio climático.

No hay plan B

"En vísperas del quinto aniversario del Acuerdo de París, los europeos nos comprometemos a reducir nuestras emisiones de gases GEI en al menos un 55% para 2030. Diez años, eso es mañana. Así que hagamos todo lo posible para tener éxito. Ahora. Todos juntos. ¡Porque no hay plan B!". Con esta elocuencia anunciaba Emmanuel Macron, presidente de Francia, la decisión de la Unión Europea (UE) de elevar ese objetivo, que anteriormente se situaba en el 40%.

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El acuerdo de los Veintisiete se lograba en la madrugada del 11 de diciembre de 2020. Un 12 de diciembre, pero cinco años antes, el Acuerdo de París, fruto de la cumbre climática celebrada en la capital francesa, conseguía el compromiso global de mantener el incremento de la temperatura de la Tierra por debajo de los dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales.

Planeta neutro en carbono

Se trata de un objetivo intermedio en la carrera por alcanzar la neutralidad climática en 2050. Es decir que para mediados de siglo solo se podrán emitir los GEI que puedan absorber los bosques y otros sumideros. La pregunta es si la especie humana llegará a tiempo. El grupo sobre mitigación del Quinto Informe del IPCC advertía que "demorar hasta 2030 la adopción de mayores esfuerzos en mitigación puede hacer sustancialmente más difícil la transición hacia niveles bajos de emisiones a más largo plazo, lo que implicaría estrechar el abanico de posibilidades e incrementar los costes de la mitigación en las décadas siguientes y durante la segunda mitad del siglo XXI".

"Las actuaciones mitigadoras llevan asociadas otros beneficios en términos de calidad del aire, salud humana y beneficios a los ecosistemas", defendía aquel informe. "Las medidas establecidas en París son buenas no solo ambientalmente sino también en términos económicos, por los ahorros que suponen, y de salud al mejorar por ejemplo la calidad del aire", coincide Daniel P. Schrag. "La hoja de ruta es el Acuerdo de París", remata el experto.

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