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Cuáles son los recursos naturales renovables y por qué debemos cuidarlos

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A pesar de que pocas personas se preocupan por fuentes de energía, en principio, inagotables, como el sol o el viento, el efecto que provoca la mano del ser humano en el planeta también puede afectarles en el largo plazo. Por ello, cada vez se están destinando más recursos a su estudio y a su conservación ya que son una parte importante de la sostenibilidad.

Según un reportaje emitido en RTVE, con fuentes del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), en siete meses se habían agotado los recursos naturales de todo un año. Con los recursos naturales renovables no pasa lo mismo, porque no se agotan, pero es necesaria una gestión sostenible que garantice su uso como fuente de energía para asegurar su disponibilidad a las futuras generaciones.

Un recurso renovable es aquel que es susceptible de ser restaurado mediante procesos naturales con una rapidez superior a la del consumo de los seres humanos. La atmósfera, las mareas, el viento y la radiación solar son recursos inagotables a largo plazo; sin embargo, el agua dulce, la madera, la biomasa y la energía geotérmica (que es la que se obtiene mediante el aprovechamiento del calor interno de la tierra), aunque son recursos naturales, si se sobreexplotan se pone en peligro su capacidad de renovación natural.

La problemática de los recursos naturales renovables

La UNESCO afirma que “las fuentes de energía renovables, por sí solas, no serán suficientes para satisfacer el gran aumento de la demanda energética a lo largo de 2030”, debido a que se espera que la demanda energética mundial aumente un 55% en 2030.

Por ejemplo, en el caso de la atmósfera, clasificada como recurso natural renovable, es indispensable para la vida en nuestro planeta. El oxígeno constituye casi un 21% de ésta y es obvia su esencialidad para todos los seres vivos que pueblan la Tierra no sólo porque es lo que respiramos, sino, también, porque es un factor clave en la absorción de las radiaciones ultravioletas que proceden del Sol y en la protección de la vida en la Tierra. En el llamado ‘ciclo del oxígeno’ en la atmósfera intervienen las plantas (función de fotosíntesis); por eso, su capacidad de renovación como recurso natural depende, en gran medida, de la calidad de esta función de fotosíntesis y, por tanto, del estado de las plantas. Si la acción del ser humano daña, contamina y destruye hábitats naturales imprescindibles, se reduce drásticamente la cantidad de oxígeno en la atmósfera.

Otro recurso natural renovable es el sol. En sí, es un recurso natural inagotable y una fuente de obtención de energía renovable: energía solar. De esta estrella, dependen muchas más cosas de las que suponemos, por ejemplo, los vientos, la formación de las nubes, la lluvia, las olas y la biomasa. La energía solar se produce por la luz (energía fotovoltaica) o por el calor del sol (energía termosolar) y, con ella, se genera electricidad y calor. Y es que el sol lleva irradiando casi cinco mil millones de años y los expertos dicen que aún no ha alcanzado su 50% de vida. La energía que el astro regala anualmente a la Tierra es 4.500 veces mayor que la que se consume. Según un informe de Naciones Unidas, la tendencia hacia la elección de las energías renovables como la solar y la eólica continúa en aumento y constituye una oportunidad para iniciar la recuperación de la economía pos-COVID -19.

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También cabe hablar del viento. Es uno de los recursos naturales más utilizados y la energía eólica –la que contiene el viento– es una de las más limpias y efectivas para generar energía eléctrica. Según fuentes de la Unión Europea, en 1991 se creó en Dinamarca el primer parque eólico marino compuesto por 11 aerogeneradores, y fue ese mismo año cuando Alemania propuso la primera tarifa abierta para las renovables con el fin de incentivar la inversión en estas tecnologías. En 2000, Europa ya representaba más del 70% del total de la energía eólica mundial y el 20% de las instalaciones fotovoltaicas. En 2019, la producción de energía eólica y solar de la UE superó por primera vez a la del carbón.

Por su parte, en cuanto a las mareas, cabe señalar que el movimiento de las mareas oceánicas se aprovecha para generar energía eléctrica pero, a pesar de que esta energía mareomotriz es limpia, inagotable, renovable y muy silenciosa, no está exenta de desventajas. Una de ellas es que, para que se produzca son necesarios grandes desniveles entre mareas altas y bajas y estas condiciones se dan en pocos lugares del mundo. Y otra es el aún poco estudiado efecto que puede tener en el medioambiente y en el hábitat marino, ya que bloquean el paso del agua. La generación de la electricidad se puede conseguir mediante presas de marea, generadores de corrientes de marea o por medio de energía mareomotriz dinámica.

Finalmente, existe el recurso de la geotermia. Aprovechar el constante –y casi invariable– flujo de calor entre el núcleo de la tierra y la corteza es la misión de la energía geotérmica. Según la BBC, la temperatura en el núcleo de la Tierra puede alcanzar los 5.400 grados centígrados, casi la misma que la superficie del Sol. El interés de los países por esta energía ha crecido con la mira puesta en el objetivo cero emisiones para 2050. Alex Ritcher, antiguo presidente de la Asociación Geotérmica Internacional, indica que “todas las principales empresas de servicios públicos de Europa están considerando la geotermia de una forma u otra”. Los datos hablan por sí mismos: hoy, hay cerca de 600 plantas geotérmicas en funcionamiento o en construcción en todo el mundo.

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