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Donde encajan ciencia, pesca e industria: claves y retos del estándar de sostenibilidad MSC

Donde encajan ciencia, pesca e industria: claves y retos del estándar de sostenibilidad MSC

La sobrepesca y el aumento de la temperatura del Mediterráneo por el cambio climático han puesto en riesgo la sostenibilidad de la sardina y el boquerón. Para minimizar este tipo de impacto se han creado los estándares MSC, una herramienta que evalúa la responsabilidad en el derecho a pescar para contribuir con la pesca sostenible.

Las albóndigas eran un plato muy preciado en la antigua Roma. Las había de carne, pero también de calamares o de camarones. Las recetas no eran muy diferentes de las de hoy, bastaba mezclar el ingrediente principal bien triturado con especias y un poco de huevo, formar una masa y cocinarla. Para el aliño, eso sí, no podía faltar un buen chorro de ‘garum’ de primera calidad, una delicia romana que no ha sobrevivido hasta nuestros días (al menos, en el Mediterráneo).

El ‘garum’ era una salsa de pescado, un condimento hecho a base de los jugos que desprendían algunos peces como los arenques, las sardinas o los boquerones puestos en salazón en toneles junto a otros productos como vinagre, agua, aceite o vino. Tal como recoge ‘De re coquinaria’, un recetario del siglo I atribuido a Marco Gavio Apicio, se usaba para realzar el sabor y salar muchos platos, de forma similar a como hoy se usa la salsa de soja en la cocina asiática. Puede que el ‘garum’ no aguantase el paso del tiempo, pero la sardina y el boquerón han mantenido su protagonismo en la pesca y la cocina del Mediterráneo.

La ciencia y la sostenibilidad de la pesca

En la actualidad, la sardina y el boquerón son las especies de pescado más comercializadas y consumidas en la región noroeste del mar Mediterráneo, donde representan casi el 40 % de las capturas. En las últimas décadas, la sobrepesca y el aumento de la temperatura del agua por causa del cambio climático han llevado al declive de sus poblaciones, llegando incluso a comprometer la sostenibilidad de los ‘stocks’ de ambas especies.

Ahora, un proyecto del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona con el apoyo de la organización internacional sin ánimo de lucro Marine Stewardship Council (MSC) está evaluando el impacto de la pesca de cerco sobre las poblaciones de sardina y boquerón del Mediterráneo occidental. El fin último del estudio es que la pesquería avance hacia los niveles de sostenibilidad establecidos por el estándar MSC.

Donde encajan ciencia, pesca e industria: claves y retos del estándar de sostenibilidad MSC

“La ciencia debe producir la información necesaria para poder gestionar de la mejor manera posible los recursos marinos. Esto conlleva generar un conocimiento sobre su estado, sobre su evolución y sobre los efectos que factores internos y externos a los recursos marinos ejercen sobre ellos, como el clima, la pesca o la contaminación”, explica Marta Coll, investigadora del ICM-CSIC. “Después, los gestores tienen que ser los que tomen las decisiones y decidan el riesgo que quieren asumir en base a la información científica que se dispone, añadiendo a su decisión otros factores como los socioeconómicos”.

El estándar MSC y la pesca sostenible

En la articulación entre ciencia, sostenibilidad e industria pesquera, los sellos de pesca sostenible como los estándares como los que elabora el Marine Stewardship Council (MSC) juegan un papel cada vez más importante. Los certificados MSC parten del principio definido por la FAO de que el derecho a pescar conlleva la responsabilidad de que los recursos estén disponibles para las generaciones presentes y futuras y lo aterrizan en una serie de indicadores que permiten a cualquier pesquería medir de forma objetiva e independiente su sostenibilidad, a la vez que ayudan a visibilizar el compromiso con las buenas prácticas pesqueras.

“La filosofía de nuestro programa es positiva. No trabajamos tanto en denunciar quién lo está haciendo mal, sino que damos visibilidad a quien lo está haciendo muy bien, para que así los compradores y las empresas puedan favorecer el pescado de pesquerías sostenibles”, señala Laura Rodríguez Zugasti, directora de España y Portugal de MSC. ¿Y cómo lo hacen exactamente? En la actualidad, los estándares MSC se dividen en tres familias diferentes. El de pesquerías se utiliza para determinar si una pesquería está siendo bien gestionada y es sostenible. Así, todos sus indicadores se articulan alrededor de los siguientes factores en favor de la pesca sostenible:

  • La sostenibilidad de las poblaciones. La actividad pesquera nunca debe comprometer la continuidad del recurso ni de la propia actividad, así como debe garantizar que las poblaciones de peces continúen siendo productivas y prósperas.
  • La minimización del impacto ambiental. La actividad pesquera y sus impactos deben gestionarse cuidadosamente de forma que otras especies y hábitats dentro del ecosistema permanezcan sanos.
  • La buena gestión y el cumplimiento normativo. Las pesquerías con certificado MSC deben cumplir la legislación y ser capaces de adaptarse ante cualquier variación de sus circunstancias medioambientales.

El segundo grupo es el de los estándares de cadena de custodia. Este evalúa que se oferten productos certificados, correctamente identificados, separados del resto de productos, trazables (su origen debe estar identificado y las cantidades han de quedar registradas) y bien gestionados. Por último, en colaboración con el Aquaculture Stewardship Council (ASC), se ha elaborado el estándar de algas marinas para incentivar la producción sostenible, desde el punto de vista tanto social como medioambiental, de este alimento.

Cada vez más consumidores se dicen preocupados por cómo afectan sus hábitos de alimentación a la sostenibilidad, pero también son muchos los que se encuentran obstáculos como la fata de información y de etiquetado claro o la poca oferta a la hora de dar el paso. “Si los métodos de producción sostenible son visibles para los consumidores a la hora de comprar, estos pueden apoyarlos. Pero si los consumidores no tienen información sobre cómo afecta a la sostenibilidad la producción de los alimentos que compran, no pueden elegir de forma responsable, ni siquiera aunque tenga la voluntad”, explica Gemma Trigueros, Responsable de Salud y Alimentación de OCU (Organización de Consumidores y Usuarios).

Donde encajan ciencia, pesca e industria: claves y retos del estándar de sostenibilidad MSC

Los retos de consensuar ciencia, industria y pesca

Una vez concluido un estudio como el que el ICM-CSIC está llevando a cabo con la sardina y el boquerón del Mediterráneo, los resultados se publican en revistas científicas y se presentan en los grupos de trabajo de evaluación de especies explotadas, donde se hacen recomendaciones a los gestores y se debaten posibles medidas con pescadores, representantes de la industria, organizaciones no gubernamentales, consumidores o comercializadores, entre otros grupos de interés.

“El principal escollo está en el traslado de la información científica que se origina y el diseño e implementación de medidas de gestión eficaces”, explica Marta Coll. “La generación de información científica rigurosa y la toma de decisiones avanzan muchas veces en paralelo o incluso en sentido contrario. Los grupos involucrados pueden llegar a tener mucho poder y acaban influyendo en el diseño e implementación de las medidas de gestión, que suelen divergir mucho a las que debieran tomarse si se considerara de forma primordial la información científica”.

Los programas de certificación como MSC ayudan a suavizar esta interacción entre la ciencia, la realidad socioeconómica de los pescadores y los intereses de la industria. “Los estándares como MSC requieren tener conocimiento sobre el sistema dónde se quieren aplicar a diversos niveles: especie comercial, especies no comerciales acompañantes y ecosistema y sistema socioeconómico”, añade la investigadora del ICM-CSIC. “A partir de ahí se pueden establecer estrategias de generación de conocimiento clave para permitir una evaluación dentro de MSC que pueda llevar a una pesquería a obtener una etiqueta de sostenibilidad”.

“Además, una etiqueta sostenibilidad puede proporcionar ventajas a la hora de comercializar un producto, dándole un valor añadido”, concluye. “Esto es fundamental en el contexto de la pesca de proximidad, ya que compite con un mercado muy globalizado, dónde los niveles de sostenibilidad son muy bajos, y dónde el consumidor desconoce prácticamente todo sobre el producto que compra. Dar información al consumidor sobre un producto y destacar sus cualidades de sostenibilidad es importante para atraer al consumidor concienciado, que quiere y puede gastar un poco más por un producto más sostenible”.

“Para los consumidores que quieren hacer una compra más responsable y apostar por productos más sostenibles, los sellos de este tipo, como MSC, que tienen detrás unos criterios objetivos y verificados, son una buena opción para distinguir productos que realmente suponen una ventaja respecto a tantos sellos vacíos de contenido y así poder identificarlos al comprar y apoyar con sus compras una producción más sostenible”, añade Gemma Trigueros.