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El coche eléctrico, una solución asequible para la descarbonización de la movilidad

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Una cuarta parte de los 36.000 millones de toneladas de CO2 que se emiten a la atmósfera proviene del transporte. En este escenario, el coche eléctrico es una de las soluciones más asequibles para la descarbonización de la movilidad. Para 2050 se prevé que 700 millones de vehículos eléctricos circulen por el planeta.

Más de 103 horas en un atasco. Cada habitante de Los Ángeles gasta esa cantidad de tiempo, cada año, por culpa de la congestión del tráfico. Además de estrés, los embotellamientos de vehículos en el asfalto son una de las grandes fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero y partículas nocivas para la salud. Los patrones de aceleración y frenada y el uso de los vehículos en estas situaciones generan más CO2 que cualquier otra situación en la carretera.

La ciudad californiana no es la única que sufre grandes atascos. Según el índice global de tráfico que elabora la empresa de análisis de datos norteamericana INRIX cada año, todas las grandes urbes del planeta están en una situación similar. Las 191 horas al año de Bogotá, las 166 de Roma o las 78 de Barcelona nos cuentan la misma historia: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero pasa por cambiar la forma en que nos movemos. ¿Qué papel jugará el coche eléctrico en la descarbonización de la movilidad?

La huella de carbono de la movilidad

En 2019, el último año con datos definitivos, se emitieron a la atmósfera más de 36.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, según el servicio de datos ambientales de Estados Unidos (ESS-DIVE). Aproximadamente un 24 % de esas emisiones proviene del transporte, incluyendo desde vehículos pequeños hasta aviones transoceánicos. Si incluimos en la ecuación otros gases de efecto invernadero (como el metano), la contribución del transporte baja al 14 %.

La movilidad por carretera es responsable del 72 % de la huella de carbono del transporte, según el World Resource Institute (WRI). Además, es el subsector del transporte que más ha contribuido al aumento de las emisiones en los últimos 50 años. Observando ya el tipo de transporte, los turismos y los pequeños vehículos de mercancías son los que mayor huella de carbono tienen. Un turismo de gasolina emite, de media, 192 gramos de CO2 por cada kilómetro recorrido (datos de la última década, publicados por el departamento de energía de Reino Unido). Solo los aviones tienen una ratio más elevada, de acuerdo con el último informe del departamento de energía de Reino Unido.

El tráfico urbano es el mayor contribuidor a la huella de carbono de la movilidad. No en vano, el 70 % de las emisiones de CO2 globales se produce en ciudades. Según los datos de la Comisión Europea, en ellas se genera el 40% de la huella de carbono del tráfico y más del 70 % de la contaminación asociada a la movilidad (otros gases contaminantes perjudiciales para la salud humana). Como ejemplos, valgan los casos de Londres (donde el transporte emite cerca de ocho millones de toneladas de CO2 equivalente al año) o Nueva York (donde más de un tercio de los 173 millones de toneladas de CO2 son generadas por el transporte).

Las emisiones de gases de efecto invernadero están detrás del cambio climático, un conjunto de fenómenos que amenazan la estabilidad del planeta. Para frenarlo, casi todos los países del mundo se han comprometido a eliminar por completo las emisiones de carbono para mitad de siglo. Según los objetivos marcados por el Acuerdo de París, el cambio del modelo de transporte y movilidad deberá ser radical.

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De seguir el ritmo actual de crecimiento en producción y venta de vehículos eléctricos, es probable que la descarbonización del transporte se haya conseguido para 2050. - Agencia EFE

¿Es el coche eléctrico la solución?

La electrificación de la flota de transporte y, sobre todo, de los 1.500 millones de coches que hay en el planeta ha sido señalada como una de las soluciones más asequibles para avanzar con la descarbonización. Si la electricidad y los componentes de los vehículos se producen con fuentes de energía renovable, sin huella de carbono, el panorama de la movilidad podría cambiar en un plazo corto de tiempo sin grandes disrupciones.

De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el del transporte es, hoy por hoy, el único sector que está en línea con los objetivos del Acuerdo de París. Es decir, de seguir el ritmo actual de crecimiento en producción y venta de vehículos eléctricos, es probable que la descarbonización del transporte se haya conseguido para 2050. Uno de cada cuatro vehículos de dos ruedas (desde ‘scooters’ a motocicletas) en circulación ya es eléctrico, y el número de coches eléctricos en carretera se acerca a los 10 millones en todo el planeta.

El pronóstico es que, en 2030, el 13,4 % de las ventas de coches sean ya de vehículos eléctricos. De acuerdo con un análisis reciente publicado por Wood Mackenzie, las tendencias actuales señalan como un escenario factible que, para mitad de siglo, circulen por las carreteras más de 700 millones de vehículos eléctricos; y que estos supongan la mayoría de las ventas en los principales mercados (Unión Europea, EE. UU. y China).

Países como Noruega, donde más del 50 % de las ventas son de eléctricos, han tomado la delantera, pero casi todos los estados tienen estrategias en marcha para impulsar la electrificación del transporte. La principal razón es que permite reducir emisiones sin tocar el modelo de movilidad (que depende fundamentalmente de los vehículos privados) ni la industria de la automoción, una de las grandes generadoras de riqueza (a nivel global, es responsable del 3 % del PIB).

Entre las estrategias más ambiciosas destacan la de Reino Unido y casi todos los países nórdicos, que han decidido prohibir la venta de coches con motores de combustión en 2030. Sin embargo, no está tan claro que el sustituir vehículos de gasolina y gasoil por eléctricos vaya a solucionar el problema. Según el WRI, las necesidades energéticas del transporte seguirán subiendo durante lo que queda de siglo, incluso suponiendo que todos los países pongan en marcha ambiciosas estrategias para cambiar la movilidad.

Las alternativas pasan por, además de electrificar, apostar por la movilidad colectiva, tanto urbana como interurbana, y los servicios de ‘mobility as-a-service’, y reducir la dependencia del coche privado como medio principal de transporte, favoreciendo el uso de la bicicleta, las ciudades caminables y los medios colectivos asequibles. Esto nos garantizaría un futuro sin emisiones, y también sin atascos.

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