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La alimentación ecológica crece en España: más del 55% de la población ha consumido productos ecológicos

La alimentación ecológica crece en España: más del 55% de la población ha consumido productos ecológicos

Cada vez más hogares optan por llenar su despensa de productos sostenibles. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, más de la mitad de la población ya ha consumido algún alimento ecológico. De la misma forma, tanto los productores ecológicos como la superficie agraria ecológica siguen aumentando.

La producción ecológica es un sistema de gestión y elaboración agroalimentaria que combina varios aspectos esenciales para la sostenibilidad del planeta: las mejores prácticas ambientales; los elevados niveles de biodiversidad, la preservación de los recursos naturales; y la aplicación de estrictas normas que garantizan el bienestar animal. De esta forma, se fomenta una producción conforme a las preferencias de consumo de productos obtenidos a partir de sustancias y procesos naturales.

El consumo sostenible en España sigue gozando de buena salud. En la actualidad, el 55,2% de los hogares españoles ha consumido algún alimento ecológico. Según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la cantidad de población que compra productos bio al menos una vez al mes crece, mientras que los que lo hacen semanalmente sigue manteniéndose estable desde hace años.

La alimentación ecológica crece en España: más del 55% de la población ha consumido productos ecológicos

Hace tres décadas que España regula esta producción ecológica. Desde entonces, según Concepción Babeiro Cortés, presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología (SEAE), el sector ha mostrado una tendencia creciente en todos los parámetros. El 10% de la superficie cultivada ya es ecológica, mientras continúan aumentando el número de explotaciones ganaderas, así como el número de operadores certificados, la producción total, el valor económico y el consumo. Pero no todos crecen con la misma intensidad. De hecho, España ha sido durante mucho tiempo el tercer país del mundo con mayor superficie en agricultura ecológica y el primero a nivel europeo. Ahora, sin embargo, Francia ocupa ese lugar, subraya Babeiro Cortés, mientras que la industria afronta nuevos desafíos.

“El sector tiene algunos retos propios en los que debe ir avanzando, como tender hacia la relocalización, abriendo canales cortos de comercialización e implicarse en proyectos de economía circular, adoptar medidas de modernización y nuevas tecnologías, así como mejoras en el modelo empresarial”, ha afirmado la presidenta de SEAE.

Comercialización y consumo: objetivos primordiales

Además de los retos de innovación y modernización que afectan a esta y otras industrias en mayor o menor medida, el gran obstáculo al que se enfrenta el sector de la agricultura ecológica sigue siendo la desconfianza y la desinformación. Aunque las encuestas a los consumidores indican que la tendencia de las compras ecológicas seguirá aumentando en el futuro, el sector aún tiene que revertir los mensajes simplificadores de ciertos operadores de la industria alimentaria convencional.

La relativa bonanza del sector sostenible ha atraído a marcas ajenas al mismo, que han visto una oportunidad de negocio o de captación de cuota de mercado en introducir los atributos bio dentro de sus campañas de marketing, pero sin asumir los criterios de producción ecológica. Así, abundan las denominaciones natural, tradicional, residuo cero, sostenible, amigable con el medioambiente, y tantos otros que no están reguladas. Esta estrategia confunde al consumidor, que termina por desconfiar del sector.

La desinformación al respecto hace que los productores ecológicos pongan el acento en la astucia del consumidor para distinguir los alimentos bio de sus falsos imitadores. En su etiquetado, deben llevar el logo de una hoja formada por doce estrellas blancas sobre un fondo color verde junto al código de identificación (a veces también el logo) de la entidad que ha certificado ese producto a través de las inspecciones.

La desinformación al respecto hace que los productores ecológicos pongan el acento en la astucia del consumidor para distinguir los alimentos bio de sus falsos imitadores. En su etiquetado, deben llevar el logo de una hoja formada por doce estrellas blancas sobre un fondo color verde junto al código de identificación (a veces también el logo) de la entidad que ha certificado ese producto a través de las inspecciones.

“Hay mucho desconocimiento acerca de los exhaustivos controles a los que está sometida esta modalidad de producción”, explica Babeiro Cortés sobre las diferentes inspecciones que se realizan a lo largo del proceso. “Los consumidores deben saber que un producto etiquetado con el logo europeo de la producción ecológica y el código de la entidad certificadora tiene garantía de ser un producto plenamente ecológico”, resume, consciente de que el gran desafío está en comunicar bien a la ciudadanía qué es un producto ecológico.

De hecho, el desconocimiento también es el origen del otro aspecto que obstaculiza el pleno auge del sector: el económico. Según las encuestas, los consumidores manifiestan reticencias hacia productos que suelen costar más que sus homólogos convencionales. Ante esto, los expertos diferencian entre el precio en origen y el de venta. Como en cualquier bien de consumo, el valor está marcado por la oferta y la demanda. De esta forma, aunque el coste de producción ecológica es moderado, los clientes de las tiendas ‘gourmet’ están dispuestos a pagar muy por encima de lo que percibe el productor en origen; hasta diez veces más en algunos casos.

'Podcast: Consumir productos de temporada también ayuda a cuidar el planeta

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La presidenta de SEAE señala que las técnicas de producción sostenible reducen, evitan y hasta consiguen revertir algunos de los males causados por las prácticas tradicionales, como la sobrefertilización, la contaminación por el uso de biocidas, la salinización, la desertificación, o la pérdida de biodiversidad. “Es cierto que el coste de producción ecológica es más alto, mayoritariamente por el respeto a los ciclos naturales [...] Pero es que las prácticas convencionales están generando problemas planetarios que nadie va a poder pagar”, concede.

Los expertos del sector sostenible llaman al papel activo de los compradores. “Cuando un consumidor de productos ecológicos paga un poco más por lo que compra, está contribuyendo a frenar esos desastres ambientales, para todas las personas del planeta, en el presente y en el futuro”, ha señalado Concepción, segura de que el pleno desarrollo del sector pasa por el carro de la compra en un carro de combate.