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Los colores del reciclaje: aprende a reciclar mejor

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El contenedor amarillo recibe plástico en buena parte de la UE, textil en Reino Unido y desechos reciclables en Australia. Los sistemas de recogida selectiva de residuos crecen en todo el mundo, pero con códigos de colores diferentes, incluso dentro de un mismo país. Esta cacofonía cromática puede llevar a confusión y hacer menos eficiente el reciclado.

Año 1982. Los primeros contenedores para envases de vidrio llegan al barrio de Moratalaz de Madrid y a la plaza Sant Jaume en Barcelona, según recuerda Ecovidrio, asociación encargada de su Sistema Integrado de Gestión (SIG). Son verdes, «en alusión al medio ambiente», el color más extendido por la Unión Europea a excepción de países como Alemania o Bélgica, donde siguen existiendo tres iglús diferenciados según los tonos de vidrio: verdes, blancos y marrones.

Fuera de Europa, el contenedor verde no siempre es para el vidrio. En Australia, los códigos de colores varían según los estados, las provincias o incluso las municipalidades. Para tratar de poner orden al caos de policromía, el gobierno del Estado de Victoria ha anunciado que, para 2030, los contenedores domésticos serán cuatro: amarillo para reciclaje (plástico, metal y papel); verde para alimentos y productos orgánicos de jardín; rojo para vertedero; al cuarto contenedor, el más novedoso, con tapa violeta, irá el vidrio, incluidos frascos y botellas.

Estados Unidos es otro ejemplo de falta de un pantone armonizado. «Un programa de símbolos gráficos estandarizados (tanto formas como colores) para usar en contenedores de reciclaje públicos nos ayudará a avanzar de manera más eficiente», señala en su blog Jim Watson, profesor de diseño en la Universidad Central de Oklahoma. Según sus observaciones, los tonos más comunes son el azul, seguido del verde. Pero, dependiendo de la zona, esos recipientes azules pueden contener papel o plástico, o papel y plástico mezclados; el verde puede llevar plástico, cristal o residuos orgánicos, en solitario o junto con el papel. Hay empresas que utilizan el rojo para las botellas de plástico y packaging, y el gris o blanco para las latas.

Existen excepciones como San Francisco, donde está ampliamente aceptado que el negro sea para la fracción resto (aquellos desechos que no se pueden reciclar), el verde para los residuos orgánicos y el azul para los reciclables. Es el sencillo código cromático promovido por organizaciones como el Consejo Empresarial Zero Waste de Estados Unidos y puesto en práctica por grandes corporaciones como Google o Tesla. En 2016, la ciudad canadiense de Vancouver adoptó este mismo código de color para un proyecto piloto de contenedores públicos, y le añadió el amarillo para «productos de papel mixtos como periódicos, fundas de café o folletos».

¿Conoces la primera tarjeta de plástico reciclado?

En España existen los contenedores amarillos (envases de plástico y metal) y azules (papel y cartón) desde hace más de 20 años, gestionados ambos por Ecoembes, que explica que el azul se eligió por su similitud con el blanco: «Se echaba papel (blanco) y por no poner ese color, que se ensuciaría con facilidad, se escogió otra gama cromática parecida». En cuanto al amarillo, «se siguió el ejemplo del primer país en poner ese color, que fue Alemania», líder del reciclaje en el continente.

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El resto de países de la UE mantiene la misma lógica a excepción de Bélgica, que ha invertido los colores: el amarillo es para el papel y el azul, para el plástico. «En el Plan de Acción de Economía Circular de la UE se habla sobre la posibilidad de armonizar y estandarizar estos colores a nivel europeo, sobre todo por la parte de residuos como la orgánica, ya que los de envases domésticos son prácticamente iguales en todos los países», explica Ecoembes.

Para 2024 será obligatorio que todos los estados miembros dispongan de contenedores para la recogida selectiva de residuos orgánicos, según la Directiva Marco de Residuos de la UE. Los territorios que ya los tienen han optado, en su mayoría, por el color marrón.

Según en qué parte del Reino Unido nos encontremos, el contenedor marrón servirá para depositar desechos orgánicos o materiales reciclables mixtos (botellas de plástico y de vidrio, latas, aerosoles). Es un verso libre del contexto europeo, sin una regla universal sobre colores, aunque los más habituales son el rojo para plástico, el amarillo para textil y el violeta, de nuevo cuño, pues depende: en Liverpool se usa para la fracción resto más «desechos de comida, incluida la de mascotas» (sic) mientras que en Ayrshire (Escocia) está reservado a materiales reciclables como vidrio, plásticos, latas y cartones.

La asociación azul-papel, amarillo-plástico y verde-vidrio es la más común en Latinoamérica; el rojo, al igual que en España, suele contener desechos peligrosos. Siguen este código países como México, Argentina, Uruguay. O Chile, que ha sofisticado la paleta cromática: color gris claro, metales (donde se deben depositar las latas de conservas y de refrescos); beige, cartón para bebidas (tetra bricks); burdeos, aparatos eléctricos y electrónicos; gris oscuro, fracción resto.

El sistema de recogida selectiva de residuos es extremadamente exhaustivo en Japón: plástico, botellas PET, papel, aluminio, vidrio…. Pero tiene lugar, mayoritariamente de puertas para adentro, en los hogares; el residuo solo se saca el día de recogida que le toque. Existen pocos contenedores en la calle, para fomentar la reducción de la basura y por motivos de seguridad; sí suelen encontrarse en estaciones de tren y en tiendas. Suelen ser, cada vez más, transparentes, lo que ayuda a saber a qué residuo corresponde mucho más eficazmente que el color, que varía por ciudades.

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