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Pomona Fruits: una diosa romana y agricultura sostenible en una finca de Lleida

En la mitología romana, Pomona era la diosa de la fruta, los jardines y las huertas. Conocía el arte de cuidar los árboles y era capaz de conseguir que sus frutos creciesen sanos y abundantes. Dicha divinidad da nombre, también, a una empresa familiar catalana que se transformó para abrazar la agricultura ecológica. En sus fincas crecen peras, manzanas y paraguayos gracias a métodos sostenibles y responsables con el medioambiente. Detrás está la dedicación y el esfuerzo de una familia que quiso dar un cambio a su vida y a su relación con su entorno.

La historia de Pomona Fruits es la historia de Gemma Llanes, Xavier Viladot y sus tres hijos. “Cuando nacieron nuestros hijos comenzamos a consumir productos ecológicos, porque queríamos darles una alimentación más saludable y además contribuir a la cura de nuestro entorno y nuestro planeta”, explica Gemma Llanes, responsable de área comercial y comunicación y cocreadora de Pomona Fruits.

“Nos dimos cuenta de que podíamos trasladar esta conciencia social y medioambiental a la empresa de Xavier, que ya se dedicaba a la fruticultura desde hacía años”, explica Llanes. “El proyecto nos motivó desde el primer momento y nos pusimos manos a la obra: yo dejé mi trabajo y me uní a la empresa y Xavier comenzó un cambio de la agricultura convencional a la ecológica”.

Un proyecto común y familiar

De este modo nació Pomona Fruits hace ya más de ocho años. El origen de su nombre, como el de la propia empresa, estuvo ligado a los tres niños. “Ellos también son Pomona Fruits, porque gracias a ellos la fundamos y le dimos nombre. Un día estábamos leyendo la revista ‘El Tatano’, que aquel mes estaba dedicada a las diosas romanas, y descubrimos a Pomona, la diosa de los árboles frutales. Fueron ellos los que dijeron ‘qué bonito, ¿por qué no llamáis Pomona a la empresa?’. Y así nació”.

gemma familia pomona

Xavier Viladot y Gemma Llanes son los fundadores de Pomona Fruits.

Con este proceso, comenzó también un cambio para las fincas que Xavier y antes su padre llevaban años trabajando. Los fruticultores empezaron por adaptarse, poco a poco, a los principios de la agricultura ecológica. Pronto fueron más allá, y descubrieron los principios de la agricultura regenerativa, que pone el foco en cuidar el suelo, o la biodinámica, que propone un enfoque más holístico y ligado al entorno.

Hoy, de las 20 hectáreas de tierras de Pomona Fruits salen más de 200.000 kilos de peras, 350.000 kilos de manzanas y 40.000 kilos de paraguayos cada año. Todo gracias a sistemas y métodos que contribuyen a la sostenibilidad del territorio y del medioambiente.

Las fincas de Pomona Fruits se encuentran en la comarca de Pla d’Urgell, en Lleida. Una zona muy llana, sin grandes colinas ni desniveles, que se sitúa a unos 280 metros por encima del nivel del mar y en la que las precipitaciones son escasas.

“Se trata de una zona de secano, pero nuestras fincas están dentro del área de influencia del canal de Urgell y por ello tienen riego. Esto hace que sean cultivables y las convierte en, entre comillas, un vergel”, explica Xavier Viladot, responsable del campo y calidad de la empresa y cocreador de Pomona Fruits.

Desaprender para empezar de cero

Durante años, Viladot había trabajado estas tierras siguiendo los principios y las técnicas de la agricultura convencional. Cuando realizaron el cambio a un sistema ecológico, tuvo que “desaprender para volver a aprender”. Empezar de cero y darse cuenta de que lo más importante en la agricultura ecológica es dejar de poner el foco en el producto final y ponerlo en cuidar todo el proceso.

“Hemos aprendido a mirar a nuestro entorno. Es una de las cosas que en agricultura convencional no se hace, porque hay muchos recursos y productos. Pero en la ecológica es importante la observación para encontrar soluciones”, explica Viladot. “¿Y a dónde hemos mirado? A la naturaleza, pero también hacia atrás. La agricultura ecológica bebe mucho de la tradicional. Es una vuelta a los orígenes”.

Tal y como indican sus creadores, la esencia del proyecto Pomona Fruits se basa en mantener un suelo saludable. Esto lo consiguen evitando al máximo el uso de maquinaria y productos químicos, aportando compost orgánico y sembrando plantas que aportan beneficios, como por ejemplo la mostaza. Es lo que se conoce como cubiertas vegetales, que mejoran la estructura del suelo y su fertilidad.

pomona fruits bbva juntos ilustración

La historia de Pomona Fruits es la historia de Gemma Llanes, Xavier Viladot y sus tres hijos.

Las plantas aromáticas y los rosales también tienen un papel importante en estas fincas. Sirven como reclamo para diferentes insectos que ayudan a controlar las plagas y a polinizar. De hecho, una parte importante de los ecosistemas de Pomona Fruits son las colonias de abejas que aumentan en número cada año.

Otros grandes protagonistas en los paisajes son los asnos, huéspedes más recientes, pero igualmente importantes. “Nos ayudan en una de las tareas más trabajosas, que es la de quitar la hierba”, explica Llanes. “Gracias a ellos no tenemos que utilizar el tractor, y además abonan el campo con sus excrementos”.

“Trabajar de esta manera conlleva más faena. Pero tiene sus ventajas: cuando seguimos los principios de la agricultura ecológica y tratamos el suelo de forma regenerativa, lo que hacemos es mejorarlo. Esto es una herencia directa para los que vienen detrás, porque un suelo mejorado es un suelo fértil”, explica Viladot.

“Es mucho más trabajo. Al no utilizar herbicidas ni plaguicidas, tenemos que aplicar productos naturales con mucha frecuencia, y la hierba crece mucho más rápido”, coincide Francesc Calvet, trabajador de Pomona Fruits desde hace años. “Pero la agricultura ecológica tiene muchas ventajas: hay vida por todas partes. Vemos de todo: insectos, flores, plantas... Es mucho más bonito trabajar así, al final nosotros somos de aquí y esto es respetar nuestra casa. Estamos orgullosos”.

Núria, Bosc, Ramona y Martinet

Actualmente, los productos de Pomona Fruits se venden a particulares, a tiendas especializadas y a supermercados ecológicos. La empresa da trabajo a Gemma Llanes, a Xavier Viladot, a Francesc Calvet y a otros dos empleados fijos. En las épocas de recolección y de poda se les unen además decenas de trabajadores temporales.

Los productos salen de fincas que pertenecen a la familia desde hace años y de otras que han ido comprando desde que nació Pomona Fruits. Algunas tienen el nombre de los antiguos propietarios – como es el caso de Núria, Martinet y Ramona – excepto Bosc, que hace referencia a un bosque de encinas. Cada una tiene sus propias características y ofrece diferentes beneficios al ecosistema de la empresa.

“Si tuviese que quedarme con una, elegiría Martinet, por su entorno. Es muy especial”, señala Viladot, quien trabaja en sus campos y conoce bien cada terreno. “Es una finca de perales que está al lado del canal, de donde sacamos el agua para regar. A su lado hay una zona llena de plataneros, por lo que es un lugar con mucha sombra y muy agradable”.

Desde que realizaron el cambio a la agricultura ecológica, las fincas se encuentran en un estado más saludable. Los propios agricultores lo pueden ver en su suelo. “Si haces un agujero se puede ver que la tierra está más negra, y esto es porque tiene más humus, más materia orgánica, y además se están equilibrando los materiales. Ha mejorado a nivel tanto químico como físico”, explica Viladot.

Gemma Llanes durante la entrevista con BBVA

Gemma Llanes cuenta la historia de su empresa en la funca de Pomona Fruits. - BBVA

Actualmente, Pomona Fruits forma parte de ADV Ecològica de Ponent, una asociación que integran otras 150 familias de agricultores ecológicos. Les sirve de asesoramiento y también para compartir experiencias, modelos de aprendizaje y valores. Con el tiempo, llegaron también los reconocimientos. En 2020, Pomona Fruits se hizo con uno de los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles.

“El premio fue un altavoz en varios sentidos. No solo para la marca Pomona, sino también para generar conciencia”, señala Llanes. “Somos una empresa pequeña, familiar, y no tenemos recursos para dar a conocer los beneficios de la agricultura ecológica. El premio sirve de altavoz para llegar a los consumidores y a otros agricultores, que también pueden hacer un cambio y producir de forma más respetuosa”.

El objetivo de la familia para los próximos años es seguir aprendiendo y produciendo productos de calidad y responsables con la naturaleza. “Para nosotros, cuidar el medioambiente lo es todo. Es lo que van a heredar nuestros hijos y nuestros nietos. Cuidar las tierras implica tener mejores frutos, pero también vivir en un entorno saludable. Evitamos la contaminación en el suelo, el aire y el agua, y concienciamos a nuestros hijos y a la gente de nuestro alrededor de la importancia de cuidar nuestro entorno”, señala Llanes.