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¿Qué es la capa de ozono y cómo nos protege de la radiación?

Hay una familia de gases, conocidos como clorofluorocarbonos (CFC) y utilizados en refrigerantes y aerosoles, que deterioran una de las defensas imprescindibles para la vida en el planeta, la capa de ozono. Desde 2020, el tamaño del agujero de esta capa se ha reducido. Y fue gracias a un acuerdo internacional firmado en 1987 por casi todos los países del mundo.

Moguer es uno de los municipios más cálidos de Europa. Allí, en el sur de España, entre dunas y en las cercanías del tesoro ecológico de Doñana, medio centenar de científicos de todo el mundo se dan cita cada verano para calibrar y comparar los instrumentos con los que se mide el ozono. Todo tiene lugar en la Estación de Sondeos Atmosféricos de El Arenosillo (Huelva), uno de los puntos desde donde se observa la capa de ozono y el tamaño de su agujero.

El Arenosillo es una de las 52 infraestructuras de EUBREWNET, una red planetaria que controla la evolución de la capa de ozono en el planeta. Pero no está sola en su misión. La NASA cuenta con su propia red de instrumentos de medición de ozono. Y la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) también vigila este gas desde el espacio con los satélites Copernicus. ¿Por qué merece tanta atención la capa de ozono?

Sin ella no habría forma de vida

La Tierra no es el único planeta con ozono. Las atmósferas de Marte y Venus también lo tienen. Y es que, donde hay oxígeno, puede haber ozono. Sin embargo, ninguno de nuestros vecinos cumple, que se sepa, una función tan importante como en nuestro planeta. “Sin la capa de ozono no habría ninguna forma de vida, al menos como la conocemos”, explica José Miguel Viñas, físico del aire, divulgador y consultor de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El ozono es un gas compuesto por tres átomos de oxígeno, mientras que la molécula del oxígeno que respiramos tiene solo dos. Lejos de la superficie terrestre, donde ya nadie respira, el oxígeno recibe el impacto de la radiación ultravioleta del sol, muy energética, las moléculas de dos átomos se rompen y se vuelven a unir formando ozono. En el proceso, toda esa energía procedente de nuestra estrella se queda por el camino.

“Lo que se conoce como capa de ozono es una región atmosférica situada en la estratosfera, entre los 15 y los 50 kilómetros de altitud, donde la concentración de ese gas es relativamente elevada”, añade José Miguel Viñas. “Esta región actúa como un escudo protector de la peligrosa radiación ultravioleta de tipo C y de la mayor parte de la de tipo B, dejando atravesar únicamente la de tipo A, que es la menos energética de las tres”.

La radiación ultravioleta, la razón principal por la que nos echamos protector solar, tiene la capacidad de dañar las células vivas y su material genético. Cuanto más corta es su longitud de onda, mayor es esta capacidad de daño, tal como señala la Organización Mundial de la Salud. Así, la de tipo C es la más dañina. Si llegase a la superficie, la Tierra no sería el planeta que es. Pero, gracias a la capa de ozono, esta radiación se frena en la estratosfera.

Un agujero en retroceso

El ozono, como gas, fue descubierto en el siglo XIX, pero pasarían casi 100 años hasta que dos físicos franceses, Charles Fabry y Henri Buisson, señalasen la existencia de la capa de ozono. Gordon Dobson, un meteorólogo y físico inglés, acabaría de definir sus propiedades en detalle para mediados del siglo XX. Desde entonces, la concentración de ozono en la atmósfera se mide en unidades Dobson.

No pasaría mucho tiempo hasta que varios grupos de científicos se dieran cuenta de que el número de unidades Dobson era cada vez más bajo. Algo estaba dañando uno de los escudos naturales de la Tierra. El adelgazamiento de la capa de ozono era particularmente acusado sobre la Antártida. El fenómeno, descrito en los años 80 del siglo pasado, pasó a definirse como el agujero de la capa de ozono, aunque no se trata de un agujero literal.

“Durante el invierno austral, sobre la Antártida se forma un vórtice polar (ciclón) que confina el aire extremadamente frío de la región, lo que favorece la formación de las llamadas nubes estratosféricas polares formadas por cristales de hielo. Dichos cristales actúan como soporte para que determinados compuestos que hay en la atmósfera liberen cloro muy reactivo”, explica José Miguel Viñas. “Cuando, en la primavera austral, comienza a incidir radiación solar tras la larga noche polar, las reacciones fotoquímicas en las que interviene el cloro dan como resultado una destrucción masiva de ozono”.

Uno de estos compuestos, los CFC (clorofluorocarbonos), fue rápidamente señalado como principal causante del agujero en la capa de ozono en la década de los ochenta. Esto llevó, en 1987, a la firma del Protocolo de Montreal para eliminar el uso de sustancias que agotan la capa de ozono. Los CFC, que eran muy usados como refrigerante y en aerosoles, han dejado de utilizarse casi por completo. Como consecuencia, la capa de ozono ha ido mostrando señales de recuperación, aunque los CFC tardarán años en desaparecer por completo. Desde 2020, el agujero de la capa de ozono se ha reducido en más de 4 millones de km².

“El principal problema que tenemos ahora sobre la mesa es que el cambio climático altere significativamente la dinámica atmosférica en las regiones polares y que en el nuevo escenario lleguen con más facilidad compuestos clorados de origen natural a la estratosfera polar”, concluye Viñas. Por este motivo, es importante implantar medidas que contribuyan con el planeta y eviten que los efectos del calentamiento global continúen avanzando, entre las que se encuentra la implantación de una economía baja en carbono. “En cualquier caso, hay que desterrar la idea de que el cambio climático ha sido una consecuencia del agujero de ozono o que una cosa ha venido de la mano de la otra”, asegura el consultor de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

La capa de ozono es una de las defensas naturales de la Tierra, que la protege de la tormenta de energía que atraviesa el espacio. Sin ella, nuestro planeta no podría ser el hogar de millones de especies de plantas y animales. Las actividades humanas que la destruyeron durante años parecen haber sido corregidas, pero habrá que seguir atento a su evolución en el futuro.

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