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¿Qué es la ‘economía del donut o de la rosquilla’?

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Satisfacer las necesidades básicas del ser humano sin exprimir los recursos limitados del planeta. De esta premisa nace la ‘economía del donut’ basada en la regeneración del planeta y la distribución del bienestar. Se trata de una teoría de la economista inglesa Kate Raworth con forma de bollo circular donde la masa esponjosa es el espacio más seguro, justo y sostenible para poder vivir. La ciudad de Ámsterdam va a utilizar este modelo para relanzar su economía en plena pandemia.

La economista inglesa Kate Raworth (@KateRaworth), no pudo elegir una mejor imagen como símil para explicar hacia dónde debe caminar la humanidad y, por tanto, la economía: un donut. Sí, el bollo redondo, esponjoso, dulce y con un agujero en el centro, se ha convertido en la fórmula más visual y científica de entender su teoría económica. Esbozada en 2012, la pandemia del COVID-19 ha hecho que el modelo sea hoy una de las brújulas más deseadas –y estudiadas– para encontrar el bienestar común. Pero ¿qué es realmente la ‘economía del donut’? Raworth, que trabaja en la Universidad de Oxford, parte de una realidad: todas las personas deben tener cubiertas las necesidades esenciales y, a la vez, el planeta tiene unos límites que no debemos cruzar.

Ahora hay que imaginar ese donut. Este tipo de rosquilla tiene dos círculos concéntricos. En el anillo interior están dibujados los requisitos básicos para el bienestar del ser humano: agua potable, comida, salud, educación, renta y trabajo, justicia y paz, participación política, equidad social, igualdad de género, energía, vivienda, y redes y conectividad. Todas ellas conforman el suelo mínimo social. En el anillo exterior estarían los límites medioambientales, el techo ecológico: cambio climático, acidificación de los océanos, contaminación química, reducción de la capa de ozono, pérdida de la biodiversidad, extracción de agua dulce y otros peligros para la sostenibilidad de la Tierra. Suelo y techo coinciden con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.

La masa que queda entre los dos anillos –el donut– es el espacio donde la humanidad puede prosperar, un lugar “ecológicamente seguro y socialmente justo”, tal y como sostiene el Doughnut Economics Action Lab, la plataforma impulsada por la economista para pasar de las ideas a la acción. La cuestión es reducir las desigualdades y garantizar la sostenibilidad medioambiental. Que todos estemos situados en la parte sabrosa del dónut.

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Otra forma de pensar

Para ello, Raworth propone otra forma de pensar. En concreto, varias líneas de actuación que pueden ayudar, en tiempos de pandemia, a desarrollar una economía que regenere el planeta y distribuya mejor la riqueza. Otra forma de capitalismo. En el fondo, la lógica se centra en un crecimiento sostenible, inclusivo y con un impacto social. Cualquier organización debe fijarse no solo en el beneficio financiero, el que afecta a la empresa y sus accionistas, sino también en el valor social y medioambiental que generan.

A Joan Fontrodona (@jfonru), doctor en Filosofía y director del departamento de Ética Empresarial de IESE Business School, le parece muy sugerente y visual la teoría de Raworth, “una enmienda a la totalidad al modelo economicista clásico centrado en el beneficio como medida última del éxito de la empresa. En el entorno de la sostenibilidad la pregunta interesante que se formula es cómo producir más con menos, o sea con menos consumo de recursos naturales. Esto requiere innovar en procesos y productos. La economía circular es una forma de poner en práctica esta pregunta”, explica a BBVA el director del Center for Business in Society.

También es importante fomentar el ecodiseño, concepto que se basa en la creación de productos realizados con materiales duraderos, fácilmente reciclables que permiten reducir el impacto medioambiente y alargar su vida útil.

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El modelo de Ámsterdam

El municipio de Ámsterdam es la primera institución pública que se apunta al modelo del dónut. Sus responsables han aprobado una estrategia para lograr una economía completamente circular en 2030. “Una buena vida para todos dentro de los límites naturales de la Tierra”, es el objetivo del consistorio holandés. ¿Cómo? Con un enfoque inteligente que reutilice materias primas y otros componentes y productos una y otra vez.

Estas son las principales medidas para relanzar la economía de Ámsterdam en la ‘nueva normalidad’:

  • Compartir, reparar y reutilizar. Los vecinos de la capital de Países Bajos utilizarán los productos que contienen materias primas valiosas durante más tiempo, los compartirán y repararán cada vez más. Empezarán con los dispositivos electrónicos (teléfonos móviles, tabletas, etc.). Según el ‘Índice 2020 de desechos electrónicos de teléfonos móviles’, elaborado por la compañía de productos de segunda mano reBuy, más de 13 millones de móviles usados están olvidados en cajones de Países Bajos. La idea es alargar la vida útil y reutilizar esos aparatos. En España hay más de 45 millones de teléfonos arrinconados.
  • Reutilizar materiales de construcción. La reutilización de materiales y la compra de componentes sostenibles y de base biológica también afectará a las empresas de construcción. Entre los materiales más eficientes destacan la madera, la fibra de celulosa de papel reciclado, los paneles aislantes de fibras de madera, los tableros OSB (una evolución del panel de contrachapado), el barro cocido, el corcho o los termoplásticos alternativos al PVC, entre otros. El ayuntamiento va a establecer requisitos más estrictos en las licitaciones. Los edificios recibirán un ‘pasaporte de materiales’ si las empresas de demolición determinan que existen componentes que siguen siendo valiosos y las constructoras usan materiales reutilizables. El objetivo final: contar con más edificios sostenibles.
  • Desperdiciar menos comida. Los alimentos que acaban en la basura no disminuyen. Solo en Ámsterdam, cada residente desperdicia al año 41 kilos de comida. La intención es que los excedentes de alimentos procesados vayan a los residentes más vulnerables. El objetivo es reducir a la mitad para 2030 la comida desperdiciada. Tradicionalmente, Holanda ha puesto en marcha iniciativas de aprovechamiento de estos alimentos no consumidos. La empresa emergente Porverdorie!, por ejemplo, utiliza verduras y frutas ‘feas’ para comercializar envases de mermeladas y cremas.
  • Crear plataformas para compartir. Una encuesta de la oficina de investigación municipal OIS evidenció recientemente que el 75 % de los habitantes de Ámsterdam tiene la intención de comprar menos cosas para mejorar el medioambiente. Existe un acuerdo para que empresas, asociaciones vecinales e instituciones académicas aporten su conocimiento en la construcción de una estructura eficaz de plataformas para compartir, tiendas de segunda mano, mercados en línea y servicios de reparación. En los próximos años, los residentes deberán adquirir tantos productos usados como sea posible.

Las previsiones del consistorio holandés son muy positivas. En la próxima década se habrá reducido el uso de nuevas materias primas en un 20 %. Ya hay más de 200 proyectos en marcha, entre ellos alguno muy curioso como la reutilización de la pintura de látex que se desecha en las obras. Este pigmento acrílico se recogerá y procesará de nuevo para su reventa, tal y como asegura el municipio holandés en su estrategia circular.

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