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¿Son los bioplásticos una alternativa realmente sostenible?

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El plástico, aunque tiene un impacto ambiental innegable, sigue siendo un material muy útil y versátil. Para reducir su huella medioambiental, el camino no es tanto el de los bioplásticos como el de la reducción, la reutilización y el reciclaje.

Una carcasa vieja de un móvil puede ser muy apetecible para ciertas bacterias. Está hecha con plástico, sí; pero, si el polímero se mezcla con determinadas sustancias, se vuelve apetitoso para los microbios que se encargan de degradarlo en el medioambiente. Al menos eso es lo que defienden desde Pivet, una compañía que ha hecho de las carcasas biodegradables su buque insignia. No es la única. Los bioplásticos ocupan cada vez más espacio en las estrategias de sostenibilidad de marcas y empresas.

El supermercado nos reparte bolsas compostables. Las botellas de refresco son bio. Vasos o bandejas de usar prometen desintegrarse en el entorno y no acabar flotando en el mar a cientos de kilómetros de donde han sido desechados. Pero ¿qué son realmente los bioplásticos? ¿Son de verdad una alternativa sostenible para el futuro de una economía que sigue dependiendo fuertemente de los plásticos?

Casi 370 millones de toneladas de bioplásticos

En 2019, en todo el mundo se produjeron 368 millones de toneladas de plástico, de acuerdo con los datos de la organización European Bioplastics. En los años 60 del siglo pasado, apenas se producían 15. Además, a pesar de los retos que supone a nivel medioambiental, la producción global de plástico no dejará de crecer en los próximos años. Según el World Economic Forum, se espera que se duplique antes de 2050 impulsada, sobre todo, por el crecimiento de los países en vías de desarrollo.

De todos estos centenares de millones de toneladas, alrededor de un 1% puede ser agrupado bajo la etiqueta ambigua de bioplásticos, según los datos del artículo Market dynamics of biodegradable bio-based plastics. Y es ambigua porque, como señala el mismo artículo, bajo el término bioplásticos se engloban tanto los plásticos que son biodegradables (procedan de la fuente que procedan y sea cual sea su grado de biodegradabilidad) como los plásticos biobasados (a partir de materias primas renovables).

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“El término bioplástico es complejo, ya que engloba materiales que proceden de fuentes renovables y materiales que son biodegradables. Mientras lo primero es más fácil de comprobar, lo segundo es más complicado de medir. Por eso es un término poco específico que algunos expertos recomiendan no utilizar. En este caso, es mejor hablar de materiales compostables y materiales biobasados”, explica Joaquín Martínez Urreaga, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

Así, en función de su fuente y su grado de degradabilidad, podríamos hablar de cuatro grandes tipos de plásticos:

  • De combustibles fósiles y no biodegradables. Aquí se engloban los plásticos convencionales como el polietileno y el PET, habitual en las botellas.
  • Biobasados y no biodegradables. Similares a los anteriores, pero obtenidos de materias renovables como la caña de azúcar o el etanol procedente del maíz. Son, por ejemplo, el biopolietileno o el bio PET.
  • De origen fósil y biodegradables. Derivan del petróleo, pero son biodegradables bajo ciertas condiciones. Uno de estos es la policarbolactona.
  • Biobasado y biodegradable. Son los más prometedores, ya que proceden de fuentes renovables y son biodegradables. Entre ellos, uno de los más utilizados es el PLA o poliácido láctico.

Dentro de la diferenciación entre biobasado y biodegradable, este segundo término también presenta problemas. “Biodegradables, en el fondo, son todos los plásticos, porque hasta el más duro se acaba degradando. Pero es una cuestión de velocidad y de condiciones. Por ejemplo, el PLA es biodegradable, pero necesita oxígeno, humedad y calor y las bacterias adecuadas. Sin embargo, en el agua de mar, el PLA, que es más denso que el agua, se va al fondo, donde no hay oxígeno ni temperatura, y donde puede durar casi tanto como un plástico convencional”, explica María Ulagares de la Orden Hernández, catedrática de Química Orgánica de la Universidad Complutense de Madrid.

Así, entre los investigadores prefiere utilizarse el término compostable, un proceso que está estandarizado y sujeto a normas y, por lo tanto, puede medirse bien. Entre los plásticos compostables también hay grados y puede diferenciarse entre aquellos que son compostables de forma doméstica y aquellos que necesitan un proceso de compostaje industrial.

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Sus retos y su sostenibilidad

La producción de plásticos biobasados y/o biodegradables crecerá en los próximos años. Sin embargo, su porcentaje en la producción global de plásticos no parece que vaya a aumentar de forma considerable. Según el informe del Parlamento Europeo, Plastics in a circular economy, la demanda de plásticos derivados del petróleo seguirá creciendo a buen ritmo. De hecho, se estima que en 2050 a medida que otros sectores de la economía se descarbonicen, la industria del plástico sea responsable del 20% del consumo de petróleo global.

Hoy por hoy, los plásticos biobasados tienen dos grandes barreras para su desarrollo. Una es el coste de su producción. El petróleo sigue siendo una materia prima relativamente económica, bien conocida y con una industria muy desarrollada y estandarizada a su alrededor. Otra es que la producción tampoco podría aumentarse a un gran ritmo, ya que la mayoría de los bioplásticos se obtiene de productos de uso alimentario como el maíz o la caña de azúcar. Disparar la demanda podría hacer que los precios de la comida aumentasen demasiado y se generase escasez. Además, no todos los biodegradables son igual de compostables, por lo que, sin un buen sistema de recogida y reciclaje, muchos de los problemas de los plásticos tradicionales seguirían presentes.

“Hablamos de materiales valiosos, materiales que valen mucho más que el petróleo o el etanol con el que están hechos, y que estamos mandando a incinerar por no reciclarlos”, concluye Joaquín Martínez. “La Tierra no da para tanto, no podemos seguir extrayendo materias y destruyéndolas, hay que abandonar la economía lineal”.

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