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Cómo tener una cocina sostenible más allá de los alimentos

Cómo tener una cocina sostenible más allá de los alimentos

Un buen diseño, electrodomésticos eficientes y bien distribuidos, zona de reciclaje, iluminación adecuada, muebles reciclados, aireadores en los grifos, envases de cristal para almacenar alimentos... La sostenibilidad también es importante en el espacio donde se cuece la vida de una casa.

La cocina, en la que se cuece la vida de una casa, es un espacio donde “intervienen muchos aspectos clave para actuar de un modo más sostenible”, afirma el estudio 'La cocina, el corazón del hogar', publicado por el Instituto Silestone en 2019. Por supuesto que la compra de alimentos, con todo lo que ello implica (desperdicio alimentario, o exceso de envases, sobre todo de plástico), es uno de los principales, pero hay más: ahorro de agua y energía, preparación de los platos, reciclaje, limpieza. “Los criterios de sostenibilidad y eficiencia pueden ser determinantes en la elección y uso de electrodomésticos y otros utensilios, o en el mismo diseño del espacio: la iluminación y ambientación, el mobiliario o los materiales para suelo, paredes y encimeras”, según enumera.

El estudio insiste en que un diseño adecuado del espacio “contribuye eficazmente al ahorro de agua y energía, y facilita el almacenamiento y la conservación de los alimentos, el reciclaje o la limpieza”. Y en que la cocina es un buen lugar para iniciarse y poner en práctica hábitos sostenibles como el reciclaje o el uso de detergentes o productos de limpieza biodegradables y ecológicos.

La experta en el certificado Passivhaus y en arquitectura sostenible Vanesa Ezquerra, que ha escrito en su web sobre cocina sostenible, coincide. “A la hora de diseñar, hemos de tener en cuenta que las zonas de trabajo se distribuyan lo suficientemente cerca, para que todo esté a la mano, pero sin quedar amontonadas”, explica.

Máxima eficiencia energética

Ezquerra sugiere que la zona de aguas (fregadero, lavavajillas) vaya aparte, que haya al menos un mueble separando la zona fría (frigorífico, congelador, armario de vino o cava) de la caliente (horno, microondas, cafetera). Y que todos los electrodomésticos que se concentran en una cocina tengan, en la medida de lo posible, la máxima eficiencia energética. Recuerda, además, que el lavavajillas gasta menos agua que el lavado de los platos a mano, y que el mayor consumo energético de una lavadora se da en los programas de agua caliente.

Cómo tener una cocina sostenible más allá de los alimentos

El frigorífico representa “entre el 18 % y el 30 % del consumo eléctrico de una vivienda en función de tres aspectos: su clasificación energética, su estado de mantenimiento y los hábitos de uso”, afirma ECODES (Fundación Ecología y Desarrollo) en un artículo de su serie 'Hogares sostenibles'. “La distribución de los porcentajes de pérdida se distribuye, de mayor a menor, en: aislamiento, alimentación, juntas de las puertas y número de aperturas”, asegura. La guía incide en la conveniencia de que permanezca alejado de fuentes de calor (como el horno o el lavavajillas), aunque, en realidad, lo mejor es que esté solo.

Ezquerra recomienda abrir el horno eléctrico – consume mucha electricidad aunque se utilice poco– lo menos posible mientras está funcionando, y se decanta por las placas de inducción. “Son más sostenibles que la vitrocerámica y la cocina de gas, y más fáciles de limpiar porque los alimentos no se adhieren tanto, lo que supone un ahorro en tiempo y en productos”, explica. También aconseja instalar, en el tubo de la campana de extracción, una válvula de claqueta, que se abre cuando salen los humos y después se cierra. “Hablamos de un conducto de 150 o 200 milímetros de diámetro por el que se 'cuela' el calor o el frío exterior”, recuerda.

Iluminación y agua

“Lo ideal es disponer de una buena iluminación natural”, señala Ezquerra. Los techos y paredes de colores claros (blanco, beige) ayudan a reflejar esa luz solar. En las zonas de trabajo, en las que es necesario apoyarse de iluminación artificial, “nos tenemos que ir al LED”, sentencia. “No debemos escatimar en este tipo de iluminación, por confort, para consumir menos electricidad, para no cansar la vista y para evitar accidentes”, enumera.

La experta apuesta por aireadores en los grifos para reducir el consumo de agua y por equipos de ósmosis inversa debajo del fregadero, por ser más saludables y sostenibles. “Los filtros de carbono te quitan el sabor del agua pero la ósmosis inversa te va a quitar, también, el cloro, la cal o los productos químicos”. Y va a evitar la compra de agua embotellada. “Aparte de su precio, nos estamos ahorrando su transporte, y todo el plástico de los envases”, subraya.

Por descontado que Ezquerra no es partidaria del plástico. Ni del aluminio o cualquier otro material con huella de carbono alta. Tampoco en los utensilios de cocina. “Mejor el acero inoxidable; tiene menos huella de carbono y es más duradero”, acota. En general, invita a pertrecharse con los accesorios de toda la vida, las cucharas, las paletas o las tablas de cortar de madera; los trapos de algodón; los recipientes de cristal para guardar cereales y legumbres comprados a granel.

Para acabar, aconseja que las pinturas sean ecológicas, y los muebles, fabricados con materias primas naturales. “Estaría bien que fuesen de madera y con certificación de tala sostenible”, apostilla. También que los barnices o cualquier otro tratamiento que lleven luzcan sello verde y estén libres de químicos como formaldehídos o compuestos orgánicos volátiles. Se decanta por elementos y muebles reciclados. “Ve a un mercado de segunda mano, restaura un mueble antiguo de casa de tu abuela que te haya gustado. Y hazlo tú mismo”, exhorta. “Estamos en una cultura de consumo, compra compulsiva, usar y tirar”, lamenta.

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